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Nº 753
10/9/2007

Cuenta atrÁs en Kosovo

L a cuestión de Kosovo va a poner a prueba la política exterior y de seguridad de la Unión Europea, su credibilidad y eficacia. Dependen en buena medida de la consolidación y viabilidad de los arreglos territoriales introducidos tras la fragmentación de Yugoslavia, no concluida aún. En ese profundo proceso de reordenación Kosovo adquiere una importancia de primer orden, tanto para la estabilidad de los Balcanes como para la estabilidad de toda la Unión Europea. En caso de agravarse la cuestión es muy probable que se repitieran las pesadillas de los Balcanes sufridas en los años 90 del siglo pasado, reproduciéndose un caos de tensiones étnicas y nacionalistas que se alimentaría a sí mismo por tiempo indeterminado y alcance imprevisible. Porque no se trataría de un conflicto localizado en el tiempo y en el espacio, sino que los problemas étnicos y políticos mal resueltos de Kosovo tendrían un sustancial y duradero impacto en diversas naciones europeas. La independencia condicionada o controlada que se propone en el plan elaborado bajo la dirección de Martti Ahtisaari, parece hoy la solución menos mala y el remedio inevitable, preferible antes que la declaración unilateral de independencia por Pristina o la partición del territorio.

Todo puede ocurrir. Al acabarse las vacaciones ha comenzado un período de cuatro meses previstos, exactamente hasta el 10 de diciembre, para las conversaciones finales entre Belgrado y Pristina. En principio no se espera gran cosa de ellas, aparte la reafirmación de las posiciones respectivas sobradamente conocidas. Belgrado se niega a la independencia de Kosovo y reclama la integridad territorial de Serbia, que no puede verse privada contrasu voluntad del 15% de su territorio. Pristina insiste en que no hay otra solución aceptable que la independencia, aunque está dispuesta a admitir una independencia condicionada con supervisión internacional y protección específica para la minoría serbia en el territorio kosovar. No hay unanimidad europea en el tratamiento de la cuestión de Kosovo, tampoco la hay en el llamado Grupo de Contacto. Los Estados Unidos son partidarios de un rápido proceso de independencia, a diferencia de los europeos, cuya cautela va en razón directa a la existencia de problemas nacionales en sus territorios respectivos. Finalmente Rusia se opone a la independencia de Kosovo. Al anunciar su intención de veto en el Consejo de Seguridad la estrategia europea respecto a Kosovo se ha puesto seriamente en cuestión.

Se pretendía que el Plan de Mart-ti Ahtisaari fuera adoptado por el Consejo de Seguridad, a efectos de que las Naciones Unidas concedieran la máxima cobertura internacional a la independencia. Las reticencias de Belgrado a admitirla son mayores sin tal cobertura, y se apoyan además en una actitud de Moscú que ha contribuido a acercar a ambos países por la cuestión de Kosovo. Habiéndose calculado la presencia de las Naciones Unidas en la culminación de un proceso que ha costado ocho años de intensos trabajos, pero en la que por ahora no se puede contar con ellas, ha creado un vacío que no es fácil se llene con los resultados de las conversaciones entre Belgrado y Pristina. Los albaneses de Kosovo están cada vez más inquietos y no ven una alternativa ante un plan de independencia ya elaborado pero que no se puede aplicar, por lo que no se excluye que con el fracaso anunciado de las conversaciones procedan a una declaración unilateral de independencia. Los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea ya advirtieron el 21 de Junio que esta declaración unilateral o cualquier otro acto irresponsable, agotaría la buena voluntad internacional recibida por los kosovares y en lugar de despejar obstáculos crearía muchos más.

También los crearía la partición de Kosovo, posiblemente violenta, con desplazamientos de población, limpieza étnica, y efecto llamada en los Balcanes, Rumanía, Chipre, Eslovaquia, todos con importantes minorías. La tensión albanesa ya es manifiesta en Macedonia y en el sur de Serbia, en el valle de Presevo, así como en Montenegro, y si llega a provocarse una rectificación de fronteras según las líneas étnicas, Serbia podría reclamar también la anexión de la República Sparska en Bosnia, en una espiral de reclamaciones inacabable. Quiere esto decir que la cuestión de Kosovo alimenta otras muchas cuestiones, por lo que si su tratamiento escapa a los controles internacionales y no se logra el consenso entre Belgrado y Pristina, es muy probable que suframos de nuevo los efectos de la explosiva fragmentación de Yugoslavia, como si nos hubiéramos olvidado de sus elevadísimos costes. De nuevo, una cuestión nacional mal resuelta, con refugiados, bandas armadas y crimen organizado, tendría su aprovechamiento en manos de redes de delincuentes con formación militar y amplia experiencia en el tráfico de drogas y armas, emigración ilegal y trata de blancas. En la cuenta atrás de Kosovo y ante su próximo desenlace es precisa una vigorosa acción de persuasión con las partes, para evitar que otra vez Europa se suicide y proporcione pésimos ejemplos de impotencia y desorientación.

Ignacio Rupérez

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