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Nº
753 - 10 de septiembre de 2007 |
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| Hemeroteca | Esta semana |
De la batalla por la sucesión de Rajoy, no de Zapatero Tratan en El Mundo de que en marzo haya un milagro. Estos días los medios conservadores se afanan para atemperar la caída en picado de Mariano Rajoy como candidato a la presidencia del Gobierno por el Partido Popular. Le buscan todas las gracias y apenas le encuentran alguna. “Si hoy se celebraran elecciones generales, sostiene un editorial del diario mencionado, estaríamos en un escenario de empate técnico en el que podría ganar cualquiera, y la distancia en intención de voto entre el PSOE –41,1%– y el PP –39,7%– es de sólo 1,4 puntos, por debajo del habitual margen de error de estos sondeos”. Luego, y en un notable esfuerzo por no desmentir al director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, quien se ha pasado el verano advirtiendo al PP que no iban a ganar las elecciones, porque entre otras razones el liderato de Rajoy es débil, el autor del ese editorial matiza la consistencia de tal empate técnico: “Sin embargo, y a pesar de la fidelidad de su electorado, el PP tampoco puede echar las campanas al vuelo. Hay un dato muy preocupante en el sondeo para el partido que lidera Rajoy. La mayoría de los encuestados –el 54,2%– cree que las elecciones las ganará el PSOE, mientras que sólo un 25,5% da como ganador al PP. La disparidad entre este dato y la intención de voto se explica, entre otros factores, en otro apartado de la encuesta, que es el que pone nota a los líderes políticos. Zapatero sigue siendo el mejor valorado, mientras que Mariano Rajoy no llega al aprobado (…) En el sondeo también se demuestra que los electores del PP valoran menos a Rajoy que los del PSOE a Zapatero. Y ése sí que es un problema”. Y muy grave problema. Al día siguiente de la primera entrega de la encuesta de Sigma Dos, tradicional colaboradora de El Mundo a pesar de sus numerosas equivocaciones acumuladas desde hace muchos años, el martes 4 de septiembre, le llegó el mazazo a Rajoy. En portada, y en un recuadro en color perfectamente visible, figuraba el ranking de los políticos del PP en orden a capitanear a su partido cara a los comicios generales de acuerdo con el criterio de sus propios votantes. Y el ranking no puede ser más letal para el actual presidente de las huestes populares. Número 1: Rodrigo Rato con un 7,4 de puntuación. Número 2: Esperanza Aguirre con un 7,2. Número 3: Jaime Mayor Oreja con un 7,2. Número 4: José María Aznar con un 7,1. Número 5: Alberto Ruiz-Gallardón con un 7,0. Y Número 6: Mariano Rajoy con un 6,7. Por debajo se sitúan Eduardo Zaplana, Javier Arenas y Ángel Acebes. Por consiguiente, cabe deducir leyendo estos resultados, parecidos a los del Instituto Opina de la Cadena SER, que también otorgaban amplia preferencia a Gallardón y a Rato sobre Rajoy, que el líder del PP en el presente no genera más que un ligero entusiasmo o ligera adhesión entre sus correligionarios. Y lo mismo le sucede nada menos que al omnímodo Aznar, que fue el que lo nombró sucesor suyo mediante la vía estrictamente digital. Más aún, ni Zaplana ni Acebes, los dos guardianes de las esencias más conservadoras del Partido Popular, y la pareja que ha flanqueado a Rajoy a lo largo de esta legislatura, se hallan entre los mejor valorados de entre los suyos. Claro que para salvar a ese grupo ahí está Esperanza Aguirre, que se halla en estado emergente. En cuanto a Rato, con el que parece que filtrea Rajoy ahora, en privado o en la intimidad, El Mundo recomienda su presencia en la candidatura pepera como una manera de reforzar a tan tambaleante candidato. ¿Es entendible que Rajoy se apoye en Rato cuando éste, en términos futbolísticos, marca más goles y encandila más a la gradería, según las encuestas? Lo mismo cabría decir de Gallardón. Carece de sentido la situación por la que atraviesa el Partido Popular. Este partido lo dirige un personaje de segunda categoría, del que recelan incluso aquellos que deberían vitorearlo. Es un personaje secundario al cual un cúmulo de errores, vinculados en su mayoría al monumental personalismo y egocentrismo de Aznar, ha propiciado su transformación en protagonista. Por eso en su partido aquellos que se consideran con posibilidades reales de alcanzar el poder esperan con ansiedad que las urnas liquiden definitivamente a Rajoy como político y el turno les llegue a ellos. Se mire por donde se mire la batalla está servida. La batalla de la sucesión. No la de Zapatero, sino la de Rajoy. Que quede claro. Luis G. del Cañuelo |
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