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Nº 753 -10 de septiembre de 2007
Las grietas de la democracia

por Santiago Carrillo

D entro del sistema económico y social que domina hoy en el mundo es evidente que la forma de Gobierno más favorable a la expresión libre de la voluntad ciudadana es la democracia. También es evidente que cualquier forma social de futuro tiene que basarse no en la restricción de las libertades democráticas, sino en su ampliación y desarrollo integral. Lograr esto implica alcanzar un tipo de sociedad donde la igualdad de los ciudadanos sea real, auténtica. Algunos consideran esta aspiración como la gran utopía moderna, por tanto como algo inalcanzable. Otros hemos convertido ese logro en el objetivo de nuestra vida y no renunciamos.

Hubo un tiempo en que los partidos políticos expresaban la pluralidad de opiniones, las diversas tendencias de la sociedad. Aunque los partidos de los ricos tuvieron siempre más posibilidades de extender su influencia que los partidos de los pobres, sin embargo éstos poseían su prensa propia, sus publicaciones y su organización, con los que realmente creaban opinión. Y podían aspirar a ganar mayorías. Pero el desarrollo extraordinario de los medios de comunicación, tanto en el terreno audiovisual como en otros ha transformado la situación. La capacidad directa de los partidos para crear opinión se ha reducido considerablemente. Ahora son los medios de comunicación, la televisión, la radio, la prensa, principalmente, los que forman dicha opinión. Los modernos medios de comunicación machacan durante 24 horas el cerebro de los ciudadanos, que no escapan ni un segundo a su influencia. Y no sólo condicionan muy frecuentemente a la opinión pública, sino que hasta influyen poderosamente en la política y la dirección de los partidos, deter-minando a veces hasta la composición de ésta. Así ha llegado a producirse un gran cambio en la actitud de los partidos,que si antes se esforzaban por ganar para su ideología y su política al ciudadano, conservando su originalidad y sus características distintivas, ahora se dedican más directamente a sondear lo que piensa el ciudadano condicionado por los medios, a fin de adaptar su posición a la ideología y las posiciones que cunden entre éstos, renunciando a su propia originalidad. Recuerdo las palabras de un dirigente político conocido que decía preferir unos minutos de televisión a poseer una cierta cantidad de nuevos militantes.

Esto ha conducido a ciertas consecuencias que complican el funcionamiento de la democracia. Una, muy importante, es que los partidos que expresaban la pluralidad se parecen cada vez más unos a otros y a veces es difícil diferenciarlos, saber bien la razón de votar a uno en vez de a otro. Otra es la casi desaparición del militante. La militancia activa se genera por el hecho de defender unaideología profundamente sentida que se identifica con un determinado partido. Cuando la de éste se difumina, el militante se que da en afiliado, en seguidor muchas veces pasivo de un grupo político. Y una tercera consecuencia es el desinterés de sectores ciudadanos con respecto a la política, que pierde respetabilidad y queda a veces en las manos de quien desde los medios de comunicación lo denigran todo y convirtiéndose en los nuevos factotum de ella.

Porque, en realidad, este cambio profundo del papel de los partidos deja cada vez más la dirección de la política en manos de los grandes grupos de comunicación.

¿Y quiénes controlan estos grupos, quiénes son sus propietarios? Grupos financieros poderosos, de carácter multinacional, que disponen de recursos económicos y que sirven a una finalidad fundamental: reproducir y consolidar el tipo de sociedad que les permite a ellos mantener una posición privilegiada y el control de la política mundial, sin que los ciudadanos puedan ejercer ningún tipo de control directo sobre su actividad.

En la sociedad actual ésta es una de las grietas por donde se escapan jirones de libertad y democracia muy importantes. Hoy por hoy no existe un medio seguro de contrarrestar este desequilibrio. Pero es importante que el ciudadano sea consciente de esta desigualdad que condiciona y limita el ejercicio de la democracia.

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