Presupuestos para unas elecciones
Felipe González comprendió que su tiempo
de gobernante incesante había llegado a su fin cuando Pujol se negó a apoyarle
los Presupuestos. Técnicamente no había ningún problema pues la ley prevé la
prorroga de las cuentas del año anterior, pero semejante expediente era
inviable políticamente. La decencia aconseja que quien no consigue que las
Cortes le aprueben sus Presupuestos las disuelva y convoque de nuevo al pueblo
soberano. Era a la sazón ministro de Economía Pedro Solbes, el mismo que ahora
gestiona las cuentas del gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero.
La situación es ahora muy diferente: Felipe González prometía entonces para el
pasado mientras que el presidente actual está en fase ascendente.
ZP ha tenido que desenvolverse desde el
14 de marzo de 2004 en una dependencia más aparente que real; condicionado por
una coalición renovable en cada acto parlamentario pero que ha resultado más
sólida de lo que podría suponerse. Y es que el adversario común une mucho. Un
Partido Popular en el monte no deja a las otras oposiciones más salida que
apoyar al Gobierno.
Año tras año los diputados de Izquierda
Unida y de Esquerra Republicana de Cataluña han amenazado con el voto en contra
para después, tras una negociación que a veces tenía aires de campanario,
consumar el apoyo a la ley económica fundamental. Es el ritual acostumbrado,
aunque ya en las cuentas para 2007, el año pasado, los republicanos no votaron
a favor. En esta ocasión la proximidad electoral prevé una escenificación más
fuerte y el dirigente de ERC Joan Puigcercós ya ha anunciado su voto en contra,
pero las fuertes inversiones anunciadas para Cataluña probablemente le
aconsejen a cambiar de opinión. El no en política es siempre relativo y es de
esperar que tanto los republicanos catalanes, como Convergència i Unió, los
nacionalistas vascos y canarios así como Izquierda Unida-Los Verdes terminarán
llegando a un acuerdo bien retribuido.
El Presupuesto que ha pergeñado Solbes
para 2008 no es electoralista en el peor sentido de la palabra, en el de la
demagogia tantas veces practicada por gobiernos en apuros. Las cuentas son
prudentes y continuistas al mejor estilo Solbes: los gastos no financieros se
elevarán en la misma proporción en que se estima el crecimiento del PIB,
consiguiéndose un superávit de 2.886 millones de euros. La economía parece
permitir, a pesar de las incertidumbres, una apuesta convincente por políticas
sociales y de infraestructuras –la mitad de los gastos–. Unos 75.000 millones
de euros tendrán una finalidad social, a lo que difícilmente pueden oponerse
las formaciones que se titulan de izquierdas… Ni las de derechas, con la
obligada excepción del Partido Popular.
Antes del verano el viento económico
soplaba con ímpetu a favor del navegante. Tras el turbulento agosto, sin
embargo, el jefe de máquinas, el siempre prudente Solbes, ya ha reconocido que
la situación es de “incertidumbre e indefinición”, lo que siempre es malo en
economía. A pesar de ello apuesta por que el país consiga un crecimiento para
2008 cercano al 3 por ciento, lo que no es poca cosa tal como les está yendo al
resto de países de la UE, y ha apostado por aprobar también este año el crucial
examen de los Presupuestos. Aunque haya que hacer más números.
El proyecto estrella de las cuentas
generales del Reino será el desarrollo de la Ley de Dependencia. La aplicación se está haciendo poco a poco, empezando por las dependencias más agudas pues
no es posible construir de la noche a la mañana los centros precisos ni
garantizar la adecuada selección y formación profesional de quienes tendrán la
responsabilidad de atender a los dependientes, pero es un proceso tan
progresivo como irreversible. No tiene marcha atrás. A este proyecto no se
opuso Esquerra, que además de izquierdista es independentista, a pesar de que
esta norma ofrecía aspectos discutibles respecto a la organización autonómica
del Estado. Fue una ley apoyada hasta por el Partido Popular y a la que sólo se
opusieron el PNV y Convergència i Unió pero ahora ambos se conforman con que el
Estado haga las transferencias necesarias. No recibió más recurso de anticonstitucionalidad
que el de Navarra pero tras las nuevas relaciones de fuerza en la Comunidad Foral es previsible que tal recurso se retire.
Los Presupuestos no serán, como he dicho,
electoralistas, pero se han pergeñado para un año de elecciones. Parece claro que
los socialistas los utilizarán como pieza fundamental de su campaña. Unos
Presupuestos son algo más convincente que un programa electoral pues los
objetivos no son retóricos, sino cuantificados y comprometidos con fuerza de
ley. Ellos garantizan, por ejemplo, que en el aeropuerto barcelonés se
invertirán 1.500 millones de euros para que al final del año El Prat sea un
gran núcleo de comunicación. También aseguran con palabra de honor un fuerte
avance en las nuevas líneas ferroviarias de Alta Velocidad.
José García Abad |