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Nº
752 - 3/9/2007
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Rajoy, cercado por las declaraciones de Gallardón y Fraga REVUELTA SUCESORIA EN EL PP
Por V. M. O no sabe estar callado o no quiere hacerlo. O más bien las dos cosas: le pierde la impaciencia, pero también quiere estar bien situado en la carrera por la lista del PP al Congreso, antesala de la futura pugna por el liderazgo del partido. Alberto Ruiz-Gallardón ha vuelto a decir lo mismo que cuando revalidó por cuarta vez su mayoría absoluta en las urnas el pasado 27 de abril: quiere ser diputado. Para dar voz a la ciudad de Madrid en la Cámara baja, apuntilla. Entonces, sus palabras no provocaron sorpresa alguna. Es decir, originaron un inevitable revuelo en sus propias filas. Como cabía esperar, la más discreta pero también aspirante al liderazgo de la formación, Esperanza Aguirre, recriminó sus palabras; el secretario general del principal partido de la oposición, Ángel Acebes, no disimuló su malestar ante estas declaraciones; y el presidente popular, Mariano Rajoy, le recordó que es él quien tiene la última palabra con aquello de que hay muchos en el PP capaces de ser un buen número dos. El alcalde pareció entender que había que permanecer callado hasta que llegara el momento de hacerse un hueco entre los codiciados puestos de la lista por Madrid. O no. En medio de la sequía informativa de las páginas de nacional, apenas animada por el caos de Cataluña durante las primeras semanas de agosto, se colaron las nuevas y provocadoras declaraciones de Gallardón a la agencia Efe. Ésta vez aderezadas además con su invocación a "un programa centrado, moderado y pragmático" para ganar las generales. Como a finales de abril, la respuesta de sus compañeros, que no amigos, ha sido la que presumiblemente darían y que ya ofrecieron en primavera. Acaso algo más subida de tono. Eduardo Zaplana, portavoz parlamentario, le recriminó hacerle el juego al PSOE sin poder evitar él mismo darle alas al partido en el Gobierno para entrar a valorar la crisis que el PP niega que exista. La presidenta madrileña, haciendo gala de franqueza y un punto de ironía, dijo no haberse sorprendido de las declaraciones de alguien que nunca ha disimulado su "deseode llegar a las más altas responsabilidades a nivel nacional", y dudando de que la intención del alcalde sea ser "la voz de los madrileños" en el Congreso, le recordó que "la representación territorial corresponde al Senado". Y Ángel Acebes, en un ejercicio de autoridad, dijo que el proceso de confección de las listas no está abierto y "lo abriremos cuando convenga al partido". El presidente del PP intentó sin éxito apaciguar los ánimos de sus compañeros para evitar que, de aquí a que se celebren los comicios, su candidatura se vea empañada por una polémica que cercena su liderazgo y sus posibilidades electorales. Mariano Rajoy agradeció al alcalde su "disponibilidad" y mostró cautela y cierta ambigüedad al decir que, cuando aborde la confección de las listas, "mi obligación es escucharles a todos, sobre todo a las personas inteligentes y que tienen conocimiento de causa". De poco sirvieron sus palabras. Los detractores de Gallardón volvieron a la carga y el propio interesado exhibió un alarde de fuerza en su defensa. "Extrañado" porque su intención ya conocida recibiera tan virulenta respuesta -su intención de "ayudar a Rajoy"-, dejó caer sus "cuatro mayorías absolutas" y, al mismo tiempo, que "siempre estaré a lo que diga mi partido", como cuando Aznar le pidió que abandonara su carrera al frente de la Comunidad de Madrid para postularse como candidato a la Alcaldía de la ciudad. Una semana después de la entrevista del alcalde, el presidente del PP respondía a las preguntas de otra agencia, Europa Press, sin poder evitar que de nuevo y él mismo, que en esta pelea está procurando mantenerse al margen, dar pábulo a más comentarios sobre su incierto futuro como líder del partido más allá de las generales de 2008. Preguntado por la posibilidad de que no gane las elecciones del próximo mes de marzo, Rajoy contestó: "Yo no me iré". Después añadió a su rotunda respuesta que "por supuesto" también "cuenta la opinión del partido". "En este momento cuento con su apoyo, me siento muy apoyado y eso es muy importante". "Al afrontar una campaña electoral, si uno se siente apoyado, te da más fuerza y más moral". De las declaraciones de Gallardón, dijo en la entrevista: "Con absoluta franqueza, no tengo ningún temor sobre ese asunto, ninguno". "Tengan los españoles la absoluta seguridad de que éste es un partido serio que funciona seriamente y no se dedica a hacer estas cosas. Luego hay analistas, como siempre", añadió. Lo que entonces no sabía es que esos analistas que, según él, especulan sobre la posible proximidad de un proceso sucesorio, iban a proceder de sus propias filas. El presidente de honor del PP, Manuel Fraga, hace tiempo que viene haciendo gala de su independencia a la hora de verbalizar su criterio sobre las políticas de su propio partido. También sobre este asunto ha decidido romper filas para darle un espaldarazo a su "protegido" político, el alcalde de Madrid. No es la primera vez que se plantea la sucesión del líder popular. A ritmo distinto, con estrategias diferentes y con intenciones dispares, algunos de quienes ahora reprochan a Gallardón sus osadas palabras también tie- nen sus propios planes de ascender en el organigrama genovés (ver portada de EL SIGLO número 701: Sucesores al acecho). Esperanza Aguirre por ejemplo, que goza de mayor pre- dicamento entre la cúpula del partido y el PP de Madrid. O Rodrigo Rato, que a pesar de haberse ausentado de España desde 2004 para ocupar el cargo de director gerente del FMI está a punto de regresar y, aunque aún no ha desvelado cuáles son sus planes pro- fesionales y se le vincula con alguna gran compañía, si decide volver a la política le puede hacer mucho daño a Gallardón y a la propia Aguirre. Por si fuera poco, los po- cos que han salido en defensa del alcalde han sido su vicealcalde, Manuel Cobo, y Manuel Fraga. Es decir, personas sin relevancia Ahora, las declaraciones de Fraga le han dado nuevos bríos. Ha calificado al senador de "referente moral extraordinario" y, en contra de lo afirmado por Rajoy, que ha negado la información sobre la celebración de una convención en enero, ha abogado por su convocatoria antes de las generales. Gallardón ha pisado el acelerador y conduce sin frenos. |
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