Nº 752 - 3 de septiembre de 2007
 
Hemeroteca Esta semana

De un otoño con sorpresas y sustos en el universo mediático

La pelea por los derechos del fútbol entre La Sexta, con Mediapro de ariete rompedor, y Sogecable, o sea, el Grupo Prisa, se encuentra en período de álgido apogeo, de numerosos y sangrientos navajazos y de muchos millones de euros en juego. La guerra que se ha desatado es en teoría cainita y demuestra que la disputa por el dinero se sitúa con frecuencia muy por encima de otro género de afinidades. La Sexta es una cadena a la que le cuesta consolidarse. Le lleva ventaja Cuatro, que gestiona Prisa, aunque los resultados de ésta tampoco son para echar cohetes.

Sucede que ambos conglomerados empresariales se mueven  desde el punto de vista ideológico en torno del actual Gobierno. Sobre todo lo que significa La Sexta, que es un producto estrictamente zapaterista, pues no debe olvidarse, en la referida contienda, que Prisa es ya un clásico en cuanto a soporte o coincidencia con los socialistas, sobre todo en la última etapa de Felipe González y durante los ocho años de poder aznarista. Es preciso, por otra parte, recordar la ofensiva en toda regla que  puso en marcha el PP tras llegar al Gobierno en contra de Prisa, también curiosamente con el fútbol televisado como motivo formal, que no real, de tan furibundo y peligroso ataque.

El País ha lanzado su caballería editorial poniendo de chupa de dómine a los directivos de Mediapro, cuyo máximo accionista o propietario es Jaume Roures, un tipo que arrastra una leyenda polémica y escasamente positiva.  “La explotación de los derechos audiovisuales del fútbol español vuelve a generar conflictos, fruto del aventurerismo de algunos, empeñados en confundir el mundo de los negocios con la estética de los trileros”, podía leerse en el periódico de Prisa el pasado jueves 23 de septiembre. Anadía que “el equilibrio se ha roto por la intervención especulativa de intermediarios, como es el caso de Mediapro (accionista de La Sexta), cuya actividad en este terreno parece alejarse de lo que exige la prudencia mercantil, amén de llevarse a cabo con una absoluta falta de transparencia. Audiovisual Sport (sociedad de la que tiene un 80 por ciento Sogecable y un 20 por ciento la televisión pública catalana) es titular de la mayoría de los derechos de la Liga y de la Copa para las dos próximas temporadas, y ha denunciado los reiterados incumplimientos de Mediapro respecto a los contratos y acuerdos suscritos entre ambas compañías. La filial de Sogecable ha hecho público que la suspensión a Mediapro por parte de Audiovisual Sport de la señal que le permitía explotar un partido en abierto de Primera División es consecuencia del impago de 58 millones de euros y del incumplimiento de otras obligaciones, después de que la empresa que preside Jaume Roures decidiera, en contra del acuerdo que había suscrito, lanzarse unilateralmente a la compra de derechos de decenas de equipos”.

“La irrupción del filibusterismo en este terreno no puede ser asumida como una nueva guerra entre medios, y es ridículo suponer que una empresa solvente y cotizada en Bolsa se vaya a rendir ante la demagogia sin defender el derecho de sus accionistas y clientes. La complacencia con quien rompe las reglas de juego será un camino directo hacia el desastre para quien la practique. Lo que está en juego, en definitiva, es la solvencia y el futuro de las empresas de comunicación y de los clubes de fútbol”, terminaba el pronunciamiento de El País. No obstante, la primera jornada de la Liga se saldó con un triunfo sin paliativos de La Sexta-Mediapro, mientras que El Mundo mostraba su satisfacción por lo acontecido. “Fracaso de Sogecable en la primera gran batalla de la guerra del fútbol”, titulaba el rotativo de Ramírez. O “El mercado empieza a castigar a Segecable, que pierde un 2 por ciento de su valor”.

“Los enemigos de mis enemigos son mis amigos”, habrá rumiado estos días Pedro J. Ramírez, frotándose las manos de felicidad. En el horizonte ya se vislumbra además la irrupción en los kioskos de un nuevo periódico, El Público,  más a la izquierda o más populista que El País y desde luego, según no pocos vaticinios, firme defensor de la política de José Luis Rodríguez Zapatero, sin remilgos ni equidistancias. Detrás de este nuevo periódico aparece también Jaume Roures. El principal perjudicado del aterrizaje de ese diario puede ser  precisamente El País. No porque arrebate el liderazgo al diario del fallecido Jesús Polanco, sino porque puede contribuir decisivamente a un descenso de El País, ¡en beneficio de El Mundo!

No faltan voces de estupefacción, y hasta de irritación o de inquietud en la calle de Ferraz, ante la posible reacción del Grupo Prisa. Hay algunos responsables socialistas que creen que es un error cuando falta poco más de medio año para las elecciones generales enojar innecesariamente al Grupo Prisa. Pero hay otros que argumentan en sentido contrario, señalando que no se podía seguir tan a pie juntillas la corriente de cuanto van marcando los medios polanquistas. Pero en todo caso otoño puede deparar aún sustos y no pocas sorpresas en el universo mediático. Lo razonable sería que se firmara la paz entre Prisa y Mediapro. ¿Será capaz La Moncloa de lograrlo con habilidad y discreción?  No es del todo seguro. El núcleo duro de La Sexta y Mediapro pertenece a la guardia de corps mediática de Zapatero. Incluso han sido los diseñadores del mapa audiovisual y periodístico vigente. No es cierto que hayan acertado plenamente. Se observan fisuras que pueden convertirse en grietas y hasta en escombros. Deberían preguntarse algunos de ellos por qué Ramírez se siente tan contento.

Luis G. del Cañuelo

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