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Nº 752 -3 de septiembre de 2007
Cambiar el mundo

por Santiago Carrillo

Parece que termina un verano más semejante a un otoño que a otra cosa. Como si la naturaleza copiara los fenómenos del desarrollo social de este mundo que da ha impresión de ser cada vez más absurdo. Los medios de comunicación no han cesado de informarnos de los desastres ya habituales: decenas de muertos iraquíes, afganos, palestinos... De vez en cuando, entre ellos algún soldado americano o de otro ejército occidental, de preferencia de color o hispano. Bombardeos con misiles, que destruyen viviendas y vidas humanas, sin distinción entre combatiente y civiles, varones o mujeres y niños, viejos o jóvenes. Al final es suficiente con bautizarlos talibanes, milicianos de Hamas o radicales terroristas; esto basta para justificar cualquier bestialidad.

Las Bolsas bajan y el ciudadano hipotecado corre el riesgo de quedarse sin hogar. Los bancos centrales reparten centenares de miles de millones a los privados para prevenir quiebras que hagan peligrar el sistema financiero, pero el ciudadano hipotecado tiene que apretarse el cinturón para seguir pagando la hipoteca encarecida; si no lo consigue es asunto suyo.

La naturaleza parece copiar a los hombres y multiplica las catástrofes naturales, temporales, inundaciones, terremotos, tifones, incendios, cosechas arruinadas. Arde Oriente, bajo los bombardeos, pero arde también Grecia, cuna de la civilización occidental, sin que ni su Gobierno, ni Europa, ni el mundo considerado civilizado parezcan capaces de impedir la destrucción de tantas riquezas culturales.

Los adultos civilizados se sorprenden del aumento de la delincuencia infantil, de que haya niños que maten fríamente a otros niños.¿Pero qué ejemplo damos los adultos a los niños diariamente a través de los medios de comunicación y de los juegos que ponemos a su disposición? Es esta sociedad desarrollada la que fabrica monstruos sin cesar, aunque luego se rasgue hipócritamente las vestiduras al contemplar las consecuencias de su obra.

Algunos pueden objetar que cosas como las que están pasando han ocurrido siempre Seguro que sí, pero no en la proporción con que se dan ahora. En el momento en que la Humanidad posee más medios para prevenir catástrofes, para elevar el bienestar, la cultura, la moral, la convivencia pacífica, algo falla y hace que las cosas que podían ir a mejor, vayan a peor. Los filósofos de andar por casa se consuelan achacándolo a la condición humana. Según ellos los seres humanos no tenemos arreglo. Sólo nos endereza el palo, la autoridad, la fuerza y la violencia. Si les hacemos caso, el fascismo abierto o disimulado es el único remedio frente a las protervas inclinaciones de la humana naturaleza. Y precisamente así es como se reproducen y se amplían las condiciones del sistema, único responsable de esta situación. Así es como vemos reproducirse una carrera armamentística que afecta a todo el planeta como se multiplican los instrumentos de guerra que pueden destruir países enteros, mientras no somo capaces de apagar el incendio que devasta a Grecia, o de ayudar eficazmente a las víctimas del terremoto de Perú. Sobran aviones par bombardear o destruir, pero faltan para proteger a los civiles afectado por calamidades naturales.

El problema no está en la condición humana, sino en el sistema económico, político y social, que se basa en el beneficio privado, en la defensa del interés de grupos financieros potentes, en la opresión de unos pueblos por otros, en la de igualdad social. Ese sistema produce monstruos, como el actual presidente de los EE UU, rodeado de peronajes capaces de hacer saltar el planeta si ello les puede proporcionar beneficios.

Vuelvo de las vacaciones, en las que he estado pendiente de la noticia diaria de catástrofes múltiple, más convencido que nunca de la necesidad de construir un movimient capaz de transformar el mundo.

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