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Nº 751 - 23 de julio de 2007

Carme Chacón, ministra de Vivienda

Quiero garantizar la vivienda a todos

los ciudadanos”

Ha llegado al Gobierno con un empuje inusual, dado que apenas tendrá ocho meses para hacer valer su gestión. Sin embargo, Carme Chacón, la más joven del Consejo de Ministros, aspira a que en este tiempo se pueda invertir la situación creada, en su opinión, por la desidia de los anteriores gobiernos del PP y su política del “todo vale”. Consciente de que son los jóvenes los principales afectados por los altos precios de los pisos, y de que esta situación no ha variado mucho desde que llegaron al poder los socialistas, aspira a que la Ley del Suelo y la promoción del alquiler consigan dar un giro sustancial al panorama. Se sabe miembro del núcleo duro del Gobierno y no tiene reparos en asumir promesas ambiciosas: “Quiero dar respuesta a toda una generación de jóvenes”,
afirma a El Siglo.

Por Inmaculada Sánchez

En sus primeras palabras como ministra fijó como objetivo que el precio de la vivienda “no trunque ningún proyecto personal de vida”. ¿No le parece demasiado ambicioso, dado que es algo que no depende directamente del Gobierno?

—Es que no hablamos de un bien de lujo, hablamos de acceder a la vivienda. ¡Lo dice la Constitución! Quiero aprovechar esta oportunidad para toda una generación y que la decisión de independizarse, de formar una pareja, de tener un hijo, de cambiar de ciudad, de superarse… las decisiones vitales, en definitiva, no se vean truncadas por la inaccesibilidad a la vivienda. Es evidente que eso no depende en exclusiva del Gobierno y soy consciente del marco competencial en el que nos movemos. Por eso desde el día que tomé posesión de la cartera he hecho un llamamiento pidiendo la colaboración de Administraciones Públicas, Comunidades Autónomas y Ayuntamientos. El Ministerio de Vivienda, mi despacho, está abierto a todo aquel que quiera colaborar en este apasionante reto: dar respuesta a toda una generación de jóvenes, que ha pasado años formándose y que cuando intenta emanciparse y organizar su vida necesita dos cosas elementales, que además son dos derechos básicos: un trabajo estable y una vivienda digna.

— A su toma de posesión acudió un inusual número de altos empresarios de la construcción y de otros sectores. ¿Están preocupados porque su llegada provoque que el boom inmobiliario se desinfle con estrépito? ¿Les tranquilizó usted?

— Es verdad que hubo una nutrida representación de empresarios y de personas del mundo de la cultura, a quienes agradecí mucho su presencia en un acto tan importante para mí. En lo que respecta al mercado inmobiliario, estamos viendo signos de desaceleración evidentes, pero no prevemos caídas drásticas ni sobresaltos. Así tuve la ocasión de transmitírselo a los empresarios del sector que quisieron acompañarme en un día tan señalado. También aproveché la ocasión para ofrecerles mi colaboración y les dije que el Gobierno trabaja y trabajará para que el “círculo virtuoso” que ha supuesto el “boom” inmobiliario no se convierta en un “círculo vicioso” y para que los cambios en el actual patrón de desarrollo y crecimiento, basado en la construcción, no sean traumáticos.

— Usted, que formó parte del primer equipo de Rodríguez Zapatero desde la oposición entenderá bien y supongo que se sentirá también afectada por el “no nos falles” que le dijeron al presidente la noche en que ganó las elecciones. ¿Es en vivienda, precisamente, donde más se ha fallado a los jóvenes? ¿Por qué?

— Les fallaron, con seguridad, los que estuvieron antes.  Los jóvenes son los principales afectados por los ocho años de dejadez e inacción en política de vivienda que protagonizó el Partido Popular, que se limitó a promover una liberalización salvaje, a observar impávido cómo se hinchaban los precios, a perpetuar la cultura de la propiedad, e incluso, en el colmo de los sarcasmos a ¡celebrar la buena salud financiera de los españoles, que les permitía comprar pisos tan caros! Como consecuencia de ello, todavía estamos padeciendo los efectos de esa estrechez de miras y de esa escasa visión política. A esos jóvenes que estuvieron en Ferraz la noche del 14 de marzo de 2004 les diré que es ahora este Gobierno el que concibe la política de Vivienda como una política de Estado y que es ahora cuando existe una acción de Gobierno coordinada y transversal. Las medidas que se han adoptado por este Ministerio como el Plan Estatal de Vivienda, el Código Técnico de la Edificación o sobre todo, la nueva Ley de Suelo, suponen un giro de 180 grados en la orientación de la ordenación territorial y urbanística y de la gestión del suelo que heredamos del Partido Popular. Una reorientación que se basa fundamentalmente en tres pilares: transparencia, control público y participación ciudadana para garantizar el derecho a una vivienda a todos los ciudadanos, y sobre todo, a los que tienen más dificultades como los jóvenes.

—¿Es posible, antes de llegar a la próxima cita electoral, arreglar la situación? ¿Hasta qué punto?

—Es posible que consigamos empezar a invertir la situación que heredamos, una vez que se empiecen a notar los efectos de las políticas y medidas que hemos llevado a cabo en estos tres años y medio.

Lamentablemente, ni los efectos de las políticas de vivienda son inmediatos, ni los pisos se construyen de hoy para mañana, pero a estas alturas de legislatura, sí podemos decir que hemos cumplido en más de un 71 % el compromiso que adquirimos de facilitar el acceso a una vivienda a 720.000 familias a lo largo de la legislatura. Además, en los últimos doce meses hemos vuelto a batir otro record histórico respecto a las viviendas protegidas iniciadas con cerca de 100.000 viviendas frente a las 45.000 que como media se iniciaban en el periodo 2000-2002, y también le hemos dado un impulso al alquiler, posibilitando que más de 420.000 viviendas se hayan incorporado al parque de vivienda en alquiler desde 2004. ¿Qué queda mucho trabajo? Pues por supuesto que sí; y que estos ocho meses que tenemos por delante vamos a echar el resto, pues también.

—Es un hecho que el precio de la vivienda ha reducido el ritmo de su desaforado crecimiento de los últimos años y en algunas zonas se ha estancado. ¿Qué objetivo se fija usted para dentro de ocho meses?

—El objetivo que nos hemos marcado es que los precios suban a tasas similares al Índice de Precios de Consumo. No sé si será en ocho meses o necesitaremos algún tiempo más, pero las políticas que estamos impulsando de fomento del alquiler y la vivienda protegida, están dando sus frutos. Apostamos por un ajuste gradual y paulatino de los precios y estamos trabajando para que así sea.

—¿Con la Ley del Suelo ya está todo hecho o son necesarios más instrumentos?  ¿Qué capacidad tiene todavía el Ministerio para que las cosas cambien?

—Con la Ley de Suelo tenemos mucho hecho. No todo. Nos queda camino por recorrer, somos conscientes, pero la nueva normativa supone un paso importante, un salto cualitativo respecto a lo que teníamos con la anterior ley de 1998. Gracias a este Gobierno tenemos un instrumento legislativo en materia de suelo novedoso, pionero y muy necesario, que contempla cambios sustanciales para regenerar lo que podríamos llamar el “desordenamiento” urbanístico que provocó el “todo vale” del PP. Por citar algunas de las cuestiones más importantes que contempla la nueva Ley de Suelo, se prevé una reserva mínima de un 30% de los nuevos desarrollos residenciales para vivienda protegida y también obliga a que los planes urbanísticos incorporen un resumen ejecutivo breve y sencillo para que los ciudadanos entiendan qué se quiere hacer con su ciudad.

—¿La Sociedad Pública de Alquiler no ha sido más una operación de imagen que algo efectivo a la hora de modificar el mercado?

—La Sociedad Pública de Alquiler ha supuesto una importante innovación en el ámbito de la vivienda como instrumento para fomentar el alquiler ofreciendo plenas garantías. Se trata de un modelo de alquiler fácil, tranquilo y sobre todo seguro. Fácil y tranquilo porque es la Sociedad la que actúa como única intermediaria entre arrendador y arrendatario encargándose de todos los trámites; y seguro porque se ofrecen garantías al propietario, tanto de cobro de la mensualidad, como de devolución de su casa en las mismas condiciones en las que lo alquiló. Además, los inquilinos pueden beneficiarse de precios inferiores en un 18% a la media del mercado libre.

—¿Considera usted satisfactorios los datos que suma hasta ahora? ¿Piensa hacer algún cambio en ella?

—La Sociedad está respondiendo a los objetivos para los cuales se creó. En mi opinión,  lo importante es la filosofía con qué ha sido concebida y no únicamente el número de contratos intermediados, aunque hay que decir que, hasta este momento, la Sociedad Pública de Alquiler ha gestionado cerca de 5.000 alquileres en todo el territorio nacional superando las estimaciones y nuestras previsiones iniciales. No obstante, vamos a analizar con detenimiento todas las propuestas que nos permitan mejorar su funcionamiento y sus resultados, y por tanto, no descarto modificaciones que vayan en la dirección correcta: aumentar el parque de alquiler ofreciendo seguridad para los propietarios y accesibilidad para los jóvenes. 

—¿Qué cifras debería tener España en cuanto a alquiler de viviendas? ¿Y en cuanto a viviendas vacías –ahora, creo, son alrededor de tres millones?

—El parque de vivienda en alquiler en España, a finales de 2006, se establece entorno a los 1,8 millones de hogares. Un porcentaje, de alrededor del 11%, que dista mucho del que registran los países de nuestro entorno y que deberíamos tomar como referencia. Este Gobierno se ha marcado como una prioridad el fomento del alquiler. Se trata de uno de los ejes sobre los que pivota nuestra política: la promoción del alquiler, tanto privado como protegido.

—Usted es la ministra más joven del Gobierno pero lleva muchos años trabajando. ¿Tiene más de una vivienda en propiedad? ¿Aún paga hipoteca?

—¡Como casi todo el mundo! Pago hipoteca y la continuaré pagando por muchos años… Tengo una vivienda en mi ciudad, Esplugues de Llobregat y la acabaré de pagar ¡dentro de más de 20 años!

Más que una ministra

Por I. S. 

Cuando Rodríguez Zapatero nombró su primer gobierno, quienes habían compartido con él la dura travesía de la oposición se sorprendieron de que entre sus miembros no figurase Carme Chacón. La joven catalana se había destacado, junto con Trinidad Jiménez, como una de las mujeres clave del inicial equipo del leonés. Es más, Chacón, al contrario de la que fuera candidata a la alcaldía de Madrid, tenía historia y presencia en el partido (en Cataluña) y capacidad para arrastrar apoyo orgánico y, lo que en el momento del asalto a la secretaría general del PSOE resultaba fundamental, votos.

Con Chacón, que, finalmente y en los últimos meses de la legislatura, ha conseguido su cartera de ministra, subsiste la discusión de quienes afirman que es una “persona de Montilla” o “una mujer de Zapatero”. La trayectoria política y personal de esta profesora de derecho constitucional de la universidad de Girona no lo termina de dejar claro. O puede que ambas denominaciones puedan convivir en su personalidad política, poco dada a los dogmatismos pero firme en sus convicciones, y en la que destaca una habitual y amplia sonrisa que da muestras de su optimismo vital.

La veinteañera Chacón se incorporó con entusiasmo al proyecto de José Luis Rodríguez Zapatero cuando éste aspiraba a suceder a Joaquín Almunia en el liderazgo del PSOE después de que una veterana diputada catalana, Teresa Cunillera, le hablara de ella al leonés. Hasta ese momento, el referente catalán para Zapatero era Germá Bel, un conocido profesor de Economía y diputado por el PSC. Sin embargo, el aspirante a líder del PSOE precisaba de gente con sólidos vínculos orgánicos en el PSC de cara al congreso. Y Chacón los tenía.

Había llegado al Congreso de los Diputaods impulsada por su mentor político, José Montilla, entonces primer secretario del PSC, y antes líder del partido en el Baix Llobregar, la comarca de procedencia de Chacón, en cuyo municipio, Esplugues de Llobregat, la hoy ministra se había iniciado políticamente como concejala del ayuntamiento, primero, y primera teniente de alcalde, después.

El flechazo fue mutuo, dicen quienes conocen a ambos. Zapatero conectó con Chacón desde su primera conversación en el Congreso y ésta con su interés por los jóvenes y la renovación del partido.

Desde entonces su relación no se ha deteriorado, a pesar de que no hubiera hueco para ella en el primer Ejecutivo presidido por Zapatero. En compensación, el presidente la concedió un puesto institucional de relevancia, y poco usual en gente tan joven, la vicepresidencia del Congreso de los Diputados.

Poca pelea política desde ese sillón para quien había sido la secretaria de Educación y Cultura de la ejecutiva federal durante los fríos años de oposición y persona clave en la elaboración de programas y estrategias. Sin embargo, Chacón supo esperar. Ella no había llegado a las cercanías del líder fruto de la búsqueda de nombres femeninos para cubrir la paridad preconizada. No. Carme Chacón había estado junto al líder desde el principio. Y eso Zapatero no lo olvida.

Tras la inesperada victoria del 14-M y la formación de su primer Gabinete, en el congreso federal del mes de julio siguiente, el primero en el que, de verdad, Zapatero pudo elegir a su ejecutiva con libertad y sin precipitación, el líder no dudó en mantener a Chacón al frente de la secretaría de Educación, a pesar de su puesto en el Congreso. Sólo ella y Trini Jiménez volvían a hacerse un hueco en la permanente de la dirección federal de entre los iniciales impulsores de Nueva Vía, el grupo con el que Zapatero consiguió la secretaría general del PSOE. Aquello fue todo un gesto hacia la catalana que dejaba ver la cercanía entre ambos.

En el transcurso de los tres años de Gobierno, además, otra circunstancia personal se ha añadido para que los hilos de conexión entre Chacón y el presidente se mantengan. La catalana forma pareja desde hace un par de años con Miguel Barroso, quien fuera durante el primer año y medio de Zapatero en Moncloa su Secretario de Estado de Comunicación.

Tras su decisión de abandonar el complejo presidencial Barroso fue nombrado director de la Casa de América, puesto que en la actualidad mantiene pero que no le ha alejado de la confianza del presidente. Barroso continúa siendo consultado, vía telefónica, por Zapatero en no pocas ocasiones dada su condición de experto en comunicación y procesos electorales.

Tal como fuentes fidedignas del entorno presidencial aseguran, el ex Secretario de Estado forma parte de un reducido núcleo de cercanos, ajenos al organigrama oficial monclovita, al que Zapatero gusta de comentar sus ideas y pedir opiniones (Ver más información en el nº 737 de El Siglo: “El móvil de ZP: Con quiénes habla antes de tomar decisiones”).

Chacón también se situaría, por condición propia,  dentro de  ese círculo de “asesores telefónicos”, y su reciente nombramiento así lo confirmaría. En la recta final de la legislatura Zapatero ha buscado nuevos ministros con gancho y, especialmente en el departamento de Vivienda, donde nadie en el PSOE pone en duda la gestión de Maria Antonia Trujillo pero sí se critica su escaso sentido de la oportunidad y la comunicación.

Nadie mejor, por tanto, que la joven Chacón, que suma, además un ministro más a la cuota catalana del Gobierno, justo en un momento en el que Zapatero pretende reconquistar sus posiciones en Cataluña al tiempo que a Rajoy se le abre una crisis de impredecibles consecuencias tras la dimisión de Piqué.

Los excesos se pagan muy caros por Enric Sopena


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