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Nº 751 - 23/7/2007

Vacaciones presidenciales

ZP SE APUNTA A LA DOÑANA DE FELIPE

Los Zapatero-Espinosa cambian de aires. Después de haber pasado sus primeras vacaciones presidenciales en una finca privada de Menorca y los dos últimos veranos en La Mareta, una mansión de diez bungalows en Lanzarote cedida por el
Rey Juan Carlos a Patrimonio Nacional, el jefe del Ejecutivo y su familia pasarán 15 días de agosto en el palacio de las Marismillas del coto de Doñana (Huelva). Zapatero ha escogido para su último descanso estival antes de las generales de
2008 el mismo enclave en el que a Felipe González le gustaba relajarse entre
marismas y humedales.

Por Virginia Miranda

Ya lo dijo durante sus primeras vacaciones presidenciales. Fue en Menorca, donde acudió con su mujer, Sonsoles Espinosa, y sus hijas, Laura y Alba, para pasar unos días de descanso estival. "Me gusta recorrer este país porque todos sus rincones son absolutamente atractivos", comentó Zapatero a los periodistas que acudieron a recibirle en Mahón. Ahora, tras anunciar que no repetiría en Lanzarote, desde el Ejecutivo recuerdan que prefiere no tener sitio fijo para pasar unos días del mes de agosto.

Ésta es una verdad a medias, porque el palacio de las Marismillas del Parque Nacional de Doñana, elegido finalmente por la familia presidencial para pasar quince días de descanso, ya ha recibido a los Zapatero-Espinosa en Semana Santa y Navidad. Y en La Mareta, también de Patrimonio Nacional, ha pasado los dos últimos veranos. Sí es cierto que por muchos rincones que desee visitar, las especiales medidas de seguridad que requiere su desplazamiento limitan mucho sus opciones. Y si se trata de cambiar de aires, tampoco hay por qué despreciar un valor seguro tan apreciado por los presidentes del Gobierno.

Según fuentes de Moncloa, será probablemente la segunda semana de agosto cuando el presidente y su familia se trasladen al palacio onubense para pasar alrededor de quince días, interrumpidos tan sólo por la habitual visita del jefe del Ejecutivo al Rey en su residencia oficial de verano de Marivent (Mallorca) y siempre y cuando ninguna eventualidad le obligue a cancelar sus vacaciones.

La residencia oficial, que sigue siendo de titularidad estatal a pesar de la transferencia el pasado verano de la gestión del Parque de Doñana a la Junta de Andalucía, es sede de actos oficiales desde 1992. Su historia se remonta a principios de siglo, cuando el Rey Alfonso XIII acudía al parque nacional, entonces uno de los cazaderos de los Borbones. El inmueble está rodeado por casi 10.500 hectáreas que, a lo largo de las últimas décadas, han cambiado a sus regios visitantes de antaño por los también ilustres pero plebeyos inquilinos de ahora. Todos los presidentes del Gobierno han pasado por el coto, aunque sin duda ha sido Felipe González quien más ha disfrutado de su entorno natural. Tanto es así que, durante su etapa al frente del Ejecutivo, Doñana era, junto con la bodeguilla y los bonsáis, una de las tres palabras más reconocibles de su vida semi-privada entre la opinión pública.

Lo de José María Aznar siempre fue una obsesión por tratar de marcar distancias con su predecesor en el cargo incluso en asuntos tan mundanos como las vacaciones, por eso prescindió de los inmuebles de Patrimonio Nacional en verano y se decantó por la casa del dueño de Porcelanosa en Oropesa del Mar (Castellón) en sus primeros años en Moncloa, y por un chalé privado en Menorca después. Sin embargo, también él se dejó embrujar por el paisaje marismeño de Doñana en otros periodos vacacionales, donde acudió acompañado por amigos de la talla del ex primer ministro británico, Tony Blair, o del mexicano Vicente Fox.

Zapatero no mantiene con González la mejor de las relaciones posibles entre dos líderes socialistas, pero tampoco se puede hablar ni mucho menos de la animadversión que sentía José María Aznar. Si a Felipe le gustaba Doñana, al ahora jefe del Ejecutivo también le puede venir bien descansar en medio de un entorno que disfruta de la máxima protección medioambiental del Estado. Ahora que está a punto de empezar la precampaña electoral de las generales, le vendrá bien la tranquilidad del coto. Y desplazarse a una propiedad privada o regresar a La Mareta, siempre puede ser un foco de polémica innecesario e inconveniente en estas fechas tan próximas a los comicios y tan dadas a las conocidas como "serpientes de verano", noticias que en otras épocas del año no adquieren tanta relevancia pero que la escasez informativa del estío las convierte en titular de primera página.

Cuando en 2004 alquilaron una finca rústica en el núcleo urbano de San Clemente (Mahón) llamada Santa Bárbara, propiedad de un industrial italiano, acababan de abandonar la idea de instalarse en la casa contigua tras hacerse público que sus propietarios habían realizado obras ilegales, levantando cierta polvareda entre los medios y la clase política balear.

En 2005 cambiaron de isla, de Comunidad Autónoma y de régimen de propiedad. En su segundo año monclovita, Zapatero y familia eligieron La Mareta, una residencia situada a orillas del mar en la localidad de Teguise (Lanzarote). Se trata de un complejo que dispone de un terreno de 15.500 metros cuadrados, diez bungalows y dos piscinas reformado por el célebre arquitecto canario, César Manrique, y regalo personal del desaparecido Hussein de Jordania a Don Juan Carlos, quien en 1991 decidió ceder la propiedad a Patrimonio Nacional. En esta ocasión, el presidente procuró un sustancioso ahorro a las arcas públicas decantándose por un enclave mejor acondicionado que cualquier inmueble privado para montar todo el dispositivo de seguridad del jefe del Ejecutivo. Sin embargo, fue mucho mayor el gasto que originaron las obras de acondicionamiento. En total fueron 271.000 euros los que el Estado destinó a la restauración del complejo. Lo que más le reprocharon a Zapatero fueron los 9.000 euros para adecentar la pista de tenis y la cancha de baloncesto, deporte que el presidente reconoce practicar.

En cualquier caso, y aunque fue convenientemente explotada la polémica por ciertos medios de comunicación, La Mareta no es de uso exclusivo del jefe del Ejecutivo, como sí ocurre con el Palacio de La Moncloa. La residencia oficial aloja a jefes de Estado y sigue siendo ocupada por miembros de la Familia Real. El Rey hace tiempo que no se deja caer por allí, después de que muriera en la residencia canaria su madre, la condesa de Barcelona, mientras disfrutaban de unas vacaciones. Pero los Príncipes de Asturias sí han pasado unos días en el complejo acompañados de su primogénita, la Infanta Leonor, en las navidades de 2005. De modo que el dinero invertido no ha caído en saco roto, aunque la cantidad y el motivo del desembolso dañó inevitablemente la imagen del presidente y de su esposa –otro foco de polémica fueron sus clases de buceo en el mar, vigiladas por la única patrullera de la isla de Lanzarote–.

Las vacaciones en Doñana se presentan más tranquilas, más propensas a procurarle a Zapatero el sosiego necesario para afrontar la recta final de la legislatura con las ideas claras y las pilas cargadas. Sólo le queda el posado ante la prensa con Sonsoles, la escapada a Marivent y cruzar los dedos para que ningún suceso imprevisto perturbe su descanso.


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