F abián
Hemeroteca Esta semana
Nº 751
23/7/2007

PORTUGAL EN EUROPA

Por Joaquín Roy*

Cumpliendo los planes tortuosos e inciertos de la Unión Europea, Lisboa se ha convertido en la capital temporal de la UE. Fugazmente se ha colocado en la mira de análisis y será sede de importantes reuniones. En 2009, según el guión plasmado al final de la presidencia alemana de la UE, el timón rotatorio europeo dejará de actuar y se habrá convertido en un cargo más estable de un mandato de dos años y medio de duración, renovable por un segundo. Se replicará así el término del mandato Parlamento Europeo y del presidente de la Comisión.

Portugal tiene ahora una oportunidad dorada para dejar su huella en la historia europea al ejercer lo que puede ser una de las últimas presidencias semestrales, precisamente en unas circunstancias cruciales para la integración del continente. Mientras los países grandes dejan la marca de su paso por ese mandato efímero, y mucho se espera de ellos (como le sucedió a Alemania bajo Merkel, y se repetirá el año próximo con Francia dirigida por Sarkozy), los pequeños se afanan por evitar pasar desapercibidos. De ahí que algunos se aferren a una agenda monográfica y otros decidan (o deban) encarar un mandato heredado. Este es el caso de Portugal (que ya ejerció la presidencia en 1992 y 2000), al que le ha caído la patata caliente. Pero hubiera sido peor de haber fracasado el rescate de los aspectos básicos de la fallida Constitución.

Salvado este obstáculo, el gobierno portugués ha recibido con mal disimulado alivio el relevo. Va a poner todo su esfuerzo para que a finales de año haya un Tratado de Lisboa que haga olvidar los sinsabores y las frustraciones de estos dos años, desde que en 2005 los electorados francés y holandés rechazaron el proyecto de Tratado Constitucional.

Como por casualidad, no podía haber sido mejor el país miembro pequeño de la UE que sucediera a la presidencia alemana. Portugal se ha esmerado, incluso dentro de su zigzaguearte historia durante el anterior siglo, por estar presente en los acontecimientos internacionales. El marco europeo siempre fueprioritario. Pero para ingresar en la Comunidad Europea, como le sucedió a España, debió esperar a que se consolidara la democracia, una vez se había despojado de su variante de dictadura salazarista en 1974. Había sobrevivido bajo la hoja de parra del "paternalismo autoritario", como rezaba la eufemística caracterización que le permitió insólitamente ser miembro fundador de la OTAN y sentarse a la mesa de la EFTA, con la que el Reino Unido, su protector histórico, pretendió ilusoriamente competir con la UE.

Desde su ingreso junto a España en 1986, Portugal se convirtió en modélico leal socio de la integración europea, el imparable complemento a la globalización que transformó a los dos países ibéricos hermanos. Aunque durante los primeros años de membresía Portugal recibió los beneficios del ingreso y encajó perfectamente la invasión económica española, en los últimos años ha caído bajo la mira de Bruselas por el elevado déficit público, mientras el desempleo llega al 8,1% y el sistema educativo sigue a la cola europea. El sueldo medio anual es de 14.000 euros (comparado con 20.000 euros en España). El PIB por habitante es el 75% de la media de la UE de 15 quince socios desarrollados (España ya ha rebasado el 100%).

El gobierno del socialdemócrata José Sócrates (calificado exageradamente como el Blair portugués) ha encarado las carencias del sistema con decisión y realismo. Ha elevadolos impuestos al valor añadido del 19 al 21%, ha reducido un tercio de la burocracia, y tratado de equilibrar pensiones y edad de jubilación (65 años para todos). No parece que, en el doble reto de apuntalar la economía y reforzar la presencia en Europa, Sócrates carezca del apoyo tácito o explícito de la oposición, que disfruta del control de la Presidencia de la República, ahora en manos del conservador Cavaco Silva. Es el digno sucesor de la impecable conducta de los dos socialistas, Mario Soares y Jorge Sampaio, que tomaron el relevo de los militares que triunfaron en la Revolución de los Claveles.

Además, las coincidencias históricas han hecho que el mandato portugués se produzca en pleno ejercicio de la función del también portugués, el ex primer ministro conservador, José Manuel Barroso. Nada tiene de extrañar, por lo tanto, que ambos aprovecharan la apertura del semestre portugués para ser huéspedes de la Cumbre Unión Europea-Brasil, que inauguraría un nuevo Acuerdo Estratégico. Así, la UE pretende apuntalar sus vínculos con América Latina, cuya integración sufre ahora los bandazos del movimiento oscilante de Venezuela, entre la escapada de la Comunidad Andina y el desdén por Mercosur. En un alarde de lusitanidad, Lula, Barroso y Sócrates recordaron a Europa y el mundo que hay otros idiomas además del inglés, francés y español.

La especificidad portuguesa también se hará notar en la organización de otra cumbre, la dedicada a África, no exenta de riesgos por la insistencia de la participación del dictador Robert Mugabe de Zimbabue. Similar peligro de polémica presenta la perenne candidatura de Turquía, vetada explícitamente por Sarkozy. Luego vendrá otra cumbre con Rusia. Y Sócrates siempre habrá de contar con la impredecible conducta de los gemelos polacos Kaczynki. Ante la amenaza contra el Tratado de Lisboa, los portugueses podrían muy bien (con la ayuda de España) perder la paciencia, despojarse de la cortesía que es marca de la casa, y dar el paso que Merkel no se atrevió a dar: invitar a Varsovia a que abandone la UE.

*Catedrático Jean Monnet y director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami.

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