¡Ojo con Carme/Carmen
Chacón!
A
mí siempre me han educado como a una superviviente. Mi madre siempre me ha dicho que ser mujer y de izquierdas es lo más duro que a uno le puede pasar. Por ser mujer lo tendré más difícil que un hombre y ser de izquierdas supone unos valores que hacen la vida más difícil también". Así se autorretrataba Carme Chacón hace unos años, cuando era improbable que su partido, el PSOE, volviera a gobernar.
Como a José Luis Rodríguez Zapatero, a Chacón –que pertenece al círculo de confianza del presidente del Gobierno–su vida política la marcó su abuelo. "Mi compromiso se inició siendo yo muy pequeña, en mi casa, y marcada por un objetivo: que ninguna generación tenga que vivir lo que vivió mi abuelo, que siempre decía que la historia de este país le había robado su juventud". Nació Chacón en 1971. Faltaban cuatro años para que muriera el dictador. Por fortuna, nadie le robó a Chacón su juventud. A los 36 años, acaba de ser nombrada ministra. Desde la victoria socialista del 14M, Chacón ostentaba el cargo de vicepresidenta primera del Congreso de los Diputados.
Esta mujer, fogueada en la política a través del PSC, pertenece al sector mayoritario, el que encarna José Montilla, ese charnego sabio que ha cambiado el perfil del partido de los socialistas catalanes y que preside desde noviembre la Generalitat. Es ahora mismo Chacón la estrella en alza de la izquierda catalana y española: "Yo en mi casa he vivido el orgullo de la multiplicidad de identidades". Carme/Carmen es inteligente, hábil y culta, capaz de moverse con cierta comodidad o naturalidad por los laberínticos y peligrosos pasillos del poder.
Su futuro está por escribir, pero su pasado y su presente proporcionan pistas respecto a que si Chacón termina siendo algún día la primera presidenta del Gobierno de España o la primera presidenta de la Generalitat catalana, y nadie debería asombrarse. De momento, ha pasado de la hornacina institucional –donde nunca se sintió florero, jarrón y menos aún estatua– a una misión que no pocos califican de imposible. ¿Se puede ser ministra de la Vivienda y no morir en el empeño? María Antonia Trujillo, su antecesora, hizo un trabajo serio e ímprobo. Pero murió en el empeño. Pagó caro errores formales y una mala imagen que no respondía a su buena gestión.
Es probable que a Chacón no le suceda esto. Se maneja con listeza en el proceloso mar mediático. Gracias a sí misma y felizmente gracias a su entorno más inmediato. En política, hay que hacer cosas y hay que conseguir venderlas. Dispone, sin embargo, de escaso tiempo. Menos de nueve meses y elecciones generales. Necesita llegar a diciembre o enero con proyectos y realizaciones tangibles. Éste es su reto. ¿Logrará además que el Ministerio de la Vivienda se transforme ante la opinión pública –y la publicada– como un Departamento estratégicamente decisivo para un Gobierno de carácter socialdemócrata en su ideología y con frecuencia en su praxis?
Parece a primera vista frágil. Pero no lo es. La educaron para ser superviviente. Pero ha sobrevivido de sobras y ha triunfado en Nicaragua (la sede barcelonesa del PSC) y en Ferraz (la sede central del PSOE). A su toma de posesión acudieron gentes principales del mundo empresarial y financiero. Su jefe de Gabinete, Luis Arroyo, es un crack para el puesto. Y ella lo sabía. También a la toma de posesión de Arroyo acudieron ciudadanos relevantes. Ojo con Chacón.
Enric Sopena |