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Nº 751
23/7/2007

LÍBANO, PRIMER ANIVERSARIO

U n año después de la nueva invasión de Líbano por fuerzas israelíes y la destrucción del país, no se observan signos definitorios de normalización en la zona, en la que sin haber desaparecido las tensiones, los principales agentes estarían preparándose para nuevos enfrentamientos declarados. Por parte de Ehud Olmert las enseñanzas de una operación que no parecía necesaria, y de una reacción desmedida por la captura de dos soldados israelíes, que continúan en cautiverio con más lentitud de la que se pensó, siguen actuando contra su reputación política y sus posibilidades de permanencia al frente del Gobierno. La guerra de Líbano causó a Israel el peor daño posible que pueda permitirse, la duda sobre la eficacia de sus fuerzas armadas. No han sido capaces de disuadir y asustar, por el contrario envalentonaron a gente curtida en el combate, sin miedo a morir, y a la que Al Qaeda parece gustosísima en ayudar, incluso para compartir y arrebatar el testigo. Desde el verano de 2006 la acción israelí contribuyó a que retrocediera el reloj en Gaza y Beirut, incluso en Teherán y Damasco. Contra todos los indicios Ehud Olmert se sigue viendo" obligado a justificar lo que hizo, reiterando que gracias a la guerra Israel está más seguro en su frontera norte.

Sin embargo, el Gobierno de Israel ha decidido construir con urgencia nuevos refugios subterráneos en esa
zona, y al parecer se estaría preparando para una eventual ruptura de hostilidades con Siria. A los ciudadanos se les están suministrando máscaras de gas, realizándose ejercicios de evacuación y rescate. Las especulaciones sobre la actitud de los sirios cuentan con quienes consideran estarían dispuestos a reanudar ese pretendido proceso de paz con Israel, en el punto en que quedaron las conversaciones del año 2000, bastante prometedoras. Pero en otros sectores del Gobierno israelí, en especial por parte de su ministra de Asuntos Exteriores, se rechaza la posibilidad de diálogo con una Siria que sigue siendo muy amiga de Hamas y Hizbollah, también de Irán por supuesto. No faltan aportaciones al worst case en que se asegura que Siria lanzará una ofensiva veraniega para recuperar los Altos del Golan, ocupados por Israel lesde 1967. Según la inteligencia militar israelí, las fuerzas sirias tendrían un grado de preparación similar al que mostraron en vísperas de la Guerra del Yom Kipur, con Damasco retirando obstáculos físicos en la meseta del Golan y reparando zanjas antitanque.

La guerra en Líbano, de una u otra manera sigue instalada, y aumentan los datos de diverso origen sobre preparativos e inminencia. En realidad no ha dejado Líbano desde el verano pasado de estar en guerra, cobrando las formas más peligrosas y perjudiciales para el propio país de la guerra civil contra sí mismo, la guerra civil multiuso y la proliferación terrorista. Si en los años 80 del pasado siglo Líbano registró un modelo de guerra civil de varias direcciones, este modelo se habría implantado en Iraq desde 2003, y probablemente ha sido transferido de nuevo a Líbano, corregido y aumentado, y a Palestina. Por eso en Líbano las tensiones se multiplican, con una desconfianza creciente entre religiones, facciones políticas, amigos y enemigos de Siria, etc., a las que hay que añadir el inagotable tráfico de armas a través de la frontera siria y la escalada de ataques terroristas contra los cascos azules desplegados en el sur. Mientras tanto no cesan los combates entre el Ejército libanés y los radicales de Fatal Al Islam en el campo de refugiados palestinos de Nahr Al Bared. No es improbable que estas continuadas hostilidades se prolonguen a otros campos de refugiados, configurándose plenamente el temor de la irrupción del islamismo radical en el movimiento palestino, de la generalización de tácticas terroristas y guerrilleras.

Estamos al borde de una nueva guerra un verano después de la de Líbano, y más vale que los militares imaginen de qué guerra se va a tratar, para no repetir la anterior. No imaginarlo condujo a Israel un modelo de actuación hace un año que no sirvió ni servirá porque del otro lado hay más actores, con más destreza en la táctica militar y el empleo de las armas, y una moral de combate y de sacrificio que les hace más aguerridos aún. Grave error esperar más de la ilusión en la fuerza propia que del conocimiento real del enemigo, algo muy usual en la historia de las grandes potencias militares y en la historia de la incompetencia militar, la de David y Goliat, Gulliver y los liliputienses. En la anterior guerra, Israel movió su dispositivo militar con la habilidad de un simple jefe de batallón, en una operación de castigo propia de conflictos coloniales, sin profundidad de análisis y de perspectivas, percepción correcta del enemigo y esa capacidad que reclamaba Wellington para saber lo que hay detrás de la colina. El ritmo de destrucción de enemigos es menor que el ritmo de los enemigos en reproducirse y proliferar. Poco éxito se promete para la estrategia tradicional de dividir para vencer, para lograr que los enemigos se destrocen entre sí. Ocurriría lo contrario a lo buscado. Por ello la nueva forma de guerra civil, y la próxima guerra, va a requerir el empleo de la fuerza contra muchos objetivos a un tiempo, objetivos que cambian y se deslizan, pero que todos van contra uno.

Ignacio Rupérez

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