Hemeroteca Esta semana
 
Nº 750 - 16/7/2007

Zapatero repesca al ex ministro para reforzarse ante los electores de centro de cara a las generales

EL REGRESO DE BONO

Se fue alegando motivos personales y atacando las reformas autonómicas y el proceso de paz, dos iniciativas emprendidas por su compañero de filas y otrora contrincante en la Secretaría General del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero. Sin embargo, nunca se marchó del todo y jamás se ha cansado de decir que, en política, morirá con las botas puestas. El presidente le ha pedido a José Bono que encabece la lista socialista en Toledo en 2008 y, de ganar las generales, le ofrecerá la presidencia del Congreso de los Diputados. A pesar de que el ex presidente de Castilla-La Mancha abandonara el Ministerio de Defensa en 2006. Y de que ZP le pretendiera pescar para la candidatura a la Alcaldía de Madrid. O de que Bono no disimule su disconformidad con algunos aspectos del proyecto político zapaterista. Zapatero necesita aumentar la distancia con el PP fichando a un centrista y Bono quiere volver.

Por V. M.

No hay "motivos personales" capaces de arrastrar a José Bono al anonimato. Apenas se puso en cuarentena tras su renuncia al cargo de ministro de Defensa y ya andaba de plató en plató haciendo política desde los micrófonos. Y ofreciendo jugosas declaraciones a las principales cabeceras del país. Ha sido uno de los barones socialistas con más poder regional y mayor predicamento entre la opinión pública y eso se sigue notando. José Luis Rodríguez Zapatero lo sabe y por eso le ha hecho caso, sin duda de acuerdo con su propia idea de recuperar para el partido a uno de sus principales valores políticos y electorales. A principios de año, en una entrevista en Telemadrid, Bono dijo que su intención es "morir con las botas puestas" y, aunque entre sus prioridades no figura la de presentarse a unas generales, "sería distinto ser diputado" si el presidente se lo pidiera. "Estaría a su disposición porque eso no significaría la servidumbre que era pertenecer al Gobierno", confesó.

Han pasado varios meses de aquello, algunas polémicas declaraciones del ex ministro por ejemplo contra la política antiterrorista y penitenciaria, y una sonada bofetada del albaceteño a Zapatero, negando que fuera a aceptar la candidatura a la Alcaldía de Madrid después de lanzarle guiños de complicidad. Sin embargo, a pesar de los desplantes, el presidente le ha ofrecido encabezar la lista del PSOE por Toledo en las generales y, de ganar las elecciones, la presidencia del Congreso de los Diputados.

El regreso de Bono a la primera línea política ha sido, como no podía ser de otra forma, la noticia de la semana. Al cierre de esta edición, sus protagonistas aún no habían confirmado oficialmente que el ex ministro haya aceptado el ofrecimiento, pero sí se había reconocido de forma oficiosa. Lo quieran o no, el presidente y el ex ministro se necesitan. El primero, porque a pesar de haber ampliado la distancia con el Partido Popular tras el Debate sobre el Estado de la Nación, necesita pescar en el caladero de votos de centro para concurrir con mayores garantías a las generales de 2008, y no hay socialista en el partido que responda con mayor precisión al perfil requerido para la tarea que el castellano-manchego. El segundo, porque "no es alguien que siga la política por interés, sino como parte", como dijo a EL SIGLO el pasado mes de enero un diputado del PSOE que conoce bien al ex titular de Defensa [ver número 724: Bono se mueve], y porque, según dijo otro alto cargo mucho más cercano a Bono, "él sabe que por la vía orgánica no tiene nada que hacer, lo tiene descontado. Si el partido le hace un ofrecimiento será por la imagen pública que tenga. Por eso, y por su carácter, no puede dejar de estar en primera línea. Está en posición latente". Una posición que el tiempo y las circunstancias políticas dirán cómo administra. Porque si en el principal partido de la oposición se habla de posibles candidatos para suceder a Rajoy en el caso de una debacle electoral, de plantearse una situación similar en el PSOE no habría que olvidar el nombre de quien fuera presidente regional. Incluso su propia mujer, en una entrevista concedida a la revista Telva a principios de año, dijo que "no descarta" que algún día sea jefe del Ejecutivo.
Mientras Bono empieza a barajar la posibilidad de ocupar la tercera magistratura del país, quien será su antecesor, también castellano-manchego, empieza a acusar sus des-encuentros con el presidente del Gobierno. "Yo estoy para que me quieran, yo no estoy para peleas ni para competir por puestos", dijo Manuel Marín cuando le preguntaron por la noticia de que el ex ministro ocuparía su puesto si el PSOE gana las generales. El desamor entre Zapatero y el representante de la Cámara Baja fue especialmente visible durante la celebración del trigésimo aniversario de las primeras elecciones democráticas después del franquismo. EL SIGLO desveló en su tema de portada [ver número 746: El Rey y Marín callan a ZP) que Marín, de acuerdo con la intención de Zarzuela de que los políticos no restaran protagonismo al discurso del Monarca y con su propia idea de ejercer un papel moderador que evitara el enfado acusado en las filas populares porque Rajoy no iba a intervenir, maniobró para impedir que Zapatero hablara en el solemne acto. Ésta no ha sido la primera fricción entre el presidente del Congreso y su partido. Sus desencuentros con el ahora ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, provienen de la etapa de este último al frente del grupo parlamentario socialista. Marín llegó a discrepar en público de la intención del Gobierno de que se permitiese el uso de las lenguas cooficiales en algunos momentos de los debates parlamentarios. Su estricta aplicación del actual Reglamento, que impide el uso del catalán o el vasco en la tribuna hasta que no existiera consenso en torno al nuevo, disgustó en su día a Rubalcaba y también al presidente.

Polémicas al margen, junto a la crisis de Gobierno, la aparición de Bono en la escena política ha de interpretarse en clave electoral. La precampaña ha dado comienzo.•

Rato y su equipo toman posiciones

El futuro retorno de Bono ha coincidido con la noticia del regreso de otro díscolo dentro de propio partido: Rodrigo Ra). En una cosa parecen estar idos de acuerdo. La ausencia no ha hecho mella en Rato yen el PP están convencidos de que su ayuda le vendrá de perlas al partido y a Mariano Rajoy en las generales de 2008. Otra cosa es lo que venga después, cuando se celebren las elecciones y haya que tomar posiciones según sea el resultado.

En el caso de lograr desbancar al PSOE, y esa es la línea de trabajo del cuartel de Génova, el líder popular podría devolverle los poderes que en su día tuvo con Aznar -siempre y cuando acepte regresar a la primera línea política y no acabe incorporándose a la presidencia de alguna gran empresa-. De momento, Rajoy parece estar dirigiendo su discurso por los derroteros que mejor controla el todavía director gerente del FMI. Previsiblemente esta semana se hará público que Juan Costa sea el coordinador del programa electoral del PP. Quien fuera secretario de Estado de Economía, secretario de Comercio y Turismo y ministro de Ciencia y Tecnología con los gobiernos de Aznar es un hombre cien por cien Rato. Rajoy ha confiado por tanto en el más directo heredero del ex vicepresidente para articular su estrategia contra la política económica de Zapatero, que tan bien supo rentabilizar el presidente en el Debate del Estado de la Nación mientras Rajoy perdía la oportunidad de buscarle el punto débil obsesionado como estaba con las actas de ETA. No es por tanto casualidad que sea ahora, cuando Rato anuncia su despedida de Washington, que el líder popularfiche a Costa y anuncie en esta temprana precampaña electoral la rebaja fiscal.

La otra posibilidad poste-lectora' es que el Partido Popular no sólo pierda las generales, sino que registre un notable descenso en las urnas. En ese caso, el regreso de Rato no será tan celebrado por los compañeros de filas que desde hace algún tiempo vienen haciendo méritos para demostrar que son capaces de insuflar oxígeno a la formación, no sin antes despedir a Rajoy con todos los honores. Salvo sorpresas de última hora, hoy por hoy son Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón quienes están librando esta batalla. Pero si Rato quiere optar a la presidencia del partido, tal vez haya sido en balde.


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