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 Nº 750 - 16 de julio de 2007

La fábrica globalizada (I)

por Carlos Berzosa

En los cursos de verano de la Universidad Complutense que tienen lugar en San Lorenzo de El Escorial se ha celebrado del 9 al 13 de julio, entre los muchos y variados que se desarrollan, el denominado "Los Cambios en la Estructura Productiva y sus Efectos en el Mercado de Trabajo y en la Negociación Colectiva". Este curso ha sido patrocinado por la Fundación Sindical de Estudios y dirigido por Rodolfo Benito, presidente de esta fundación y miembro de la Comisión Ejecutiva Confederal de Comisiones Obreras.

Si traigo a colación este curso es porque participé en el mismo con una ponencia titulada "La fábrica globalizada". Tengo que subrayar que en mi condición de rector trato de intervenir lo menos posible en estos cursos como ponente y participante en mesas redondas, quedando mi papel reducido a inaugurar o clausurar o a hacer pequeñas intervenciones en los cursos que me lo solicitan. En el mes de agosto, estando en mi periodo de vacaciones, me gusta asistir a los cursos de verano como oyente, aunque en muchas ocasiones cometo la osadía de exponer mis opiniones, en cursos de literatura, cine, historia, y reconozco que disfruto de lo lindo.

Mi participación, por tanto, como ponente en este curso es una excepción y ello se debe a que antes de ser rector, y ahora cuando puedo lo sigo haciendo, he colaborado con esta fundación, tanto con exposiciones orales como con escritos. Además, el tema tratado me parece de gran relevancia ante los cambios que está sufriendo la estructura productiva y sus implicaciones en la propia estructura social. Cambios queafectan a los países desarrollados y que se realizan a gran velocidad, pero también a la economía global en su conjunto, y en concreto a los países menos desarrollados. A lo que hay que añadir mi interés en seguir manteniendo la relación con mi actividad como profesor universitario de economía aplicada.

La internacionalización de la producción se lleva a cabo básicamente, aunque anteriormente hubiera precedentes, después de la segunda Guerra Mundial. En primer lugar, son las empresas industriales de Estados Unidos las que se expanden hacia Europa y Canadá, preferentemente, hacia fines de los años 50 del siglo XX. Con posterioridad, en el decenio de los 60, se van desarrollando empresas multinacionales europeas y japonesas, aunque las norteamericanas siguen teniendo la primacía. La mayoría de las inversiones directas (ID) tienen lugar en los países desarrollados, en lo que se denomina la tríada: Estados Unidos, Unión Europea (UE) y Japón. Se producen cada vez más, a medida que la UE y Japón se recuperan de los destrozos de la guerra y crecen además a ritmos considerables, las inversiones cruzadas. Tanto la UE como Japón van mejorando su productividad y su capacidad competitiva y acortando distancias progresivamente con la economía poderosa de Estados Unidos.

A la internacionalización de la producción industrial le sigue la internacionalización en gran parte de las actividades del sector servicios y de la agroindustria. Las empresas dan lugar al grupo, que se convierte en un conjunto de empresas de todos los sectores. Las grandes fábricas multinacionales diversifican sus actividades en empresas comerciales, de servicios financieros, o en otras del sector terciario, y viceversa. A su vez, se intensifican las fusiones, compras y OPAs, hostiles o pactadas. Los grandes grupos multinacionales se concentran en pocas manos y sus redes se expanden por toda la economía mundial. Las ID se extienden a los países menos desarrollados.

Hacia finales de los 60 en países de Centroamérica y México se establecieron las fábricas de maquila con capital de Estados Unidos o controladas por empresas de ese país. Se buscan salarios más bajos, pero lo que hacen es importar materias primas, bienes intermedios y bienes de equipo, y exportar bienes finales, textiles, calzados y electrónicos, entre otros intensivos en trabajo, sin que sirvan de arrastre al conjunto de la economía. Tampoco contribuyen a la expansión del mercado por los bajos salarios pagados.

En los últimos tiempos, los dinámicos países asiáticos se han convertido en los destinatarios principales de las ID dentro del bloque de los países en desarrollo, pues la tríada sigue mandando en el flujo de las inversiones cruzadas. Los países asiáticos se han convertido en importantes competidores internacionales, no sólo por salarios más bajos o condiciones laborales en su conjunto peores que las existentes en los países desarrollados, sino por su capacidad de diversificar su producción, adaptarse con rapidez a las condiciones cambiantes del mercado mundial, y a la creciente preparación y cualificación de la mano de obra. Otros procesos de suma importancia los abordaremos en un próximo artículo.

*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

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