Hemeroteca
Lista Punto de vista
Buscador
Nº 750 -16 de julio de 2007
Rajoy y ETA

por Santiago Carrillo

Hace tiempo, cuando la emisión de los guiñoles era más graciosa, el Sr. Rajoy era presentado en ella como una marioneta que el ventrílocuo Aznar movía y hacía hablar a su gusto. Al retirarse éste, el público pensó que iba a empezar a verse al verdadero Rajoy, con sus cualidades de parlamentario, de gallego con sentido del humor, que quienes aparentemente le conocían bien, le atribuían. En vísperas del primer Congreso del PP, en el que actuó ya como líder, la designación de Gallardón como orador encargado del discurso inicial daba la idea de una cierta apertura hacia el centro, en contraste con el neoconservadurismo aznarista. Pero ya en ese Congreso se comprobó que José Mari lo había dejado todo "atado y bien atado". El papel de Rajoy quedó bastante difuminado y se desprendió la impresión de que no era el líder auténtico del partido: había otros personajes, más mediocres, que mandaban más. Y volvió a planear la idea de que Rajoy seguía siendo una marioneta que manejaban dos ventrílocuos nuevos, los lugartenientes de Aznar, Acebes y Zaplana. El Rajoy que comenzó a manifestarse seguía siendo un guiñol, una figura patética que del nivel de Aznar estaba descendiendo al nivel de Pujalte, o de Michavila. Su figura personal ha ido desdibujándose y el parlamentario de oratoria fácil y sentido gallego del humor ha ido difuminándose hasta que en el último Debate sobre el Estado de la Nación terminó tendido en el tapiz como un patético fantoche, a mano de un Rodríguez Zapatero, que, sin ser un gran orador parlamentario, habló con hechos y con tono de sinceridad, de decir lo que piensa realmente y de estar seriamente entregado a su tarea de gobernante y de servidor del Estado. . Lo esencial del discurso -los discursos- de Rajoy en ese debate fue una sarta de insultos personales contra Zapatero, que giraban en torno a una mentira clamorosa: que Zapatero se había rendido a ETA, cuando si algo se podía reprochar a éste es no haber tenido la flexible cintura que tuvo Aznar cuando le tocó el turno de negociar con los terroristas.

En aquel entonces, cuando la primera tregua, había todavía menos posibilidades que ahora de conseguir un acuerdo. En el momento en que Zapatero tomó la iniciativa había condiciones más favorables.

Se había producido el 11-M, el atentado terrorista más horroroso en la historia de Europa, que superaba mil veces a los peores atentados de ETA. Esta quedaba reducida a un peligro menor para el Estado, comparado con el peligro islamista. Estoy convencido de que este hecho, junto a la repercusión del acuerdo de paz en Irlanda, actuó entre los dirigentes más espabilados de ETA y del movimiento abertzale como un revulsivo que les llevó a plantearse la inutilidad de la táctica terrorista. Fue el momento en que Otegi lanzó el proyecto de lucha política, en Anoeta, y en que Josu Ternera logró imponer el alto el fuego permanente en la dirección de ETA.

En estas condiciones el gobernante que no hubiera tomado la iniciativa de hablar con la organización terrorista, de explorar las posibilidades de lograr el fin del terrorismo abertzale-aunque no fuese más que para conseguir que la Seguridad del Estado se concentrase en la prevención del peligro mayor el Islamistahubiese sido un irresponsable total. Eso es lo que ha caracterizado a la oposición del PP, su irresponsabilidad política, llevada al extremo de mentir, de engañar a los españoles -como habían hecho el 11-M- cuando debían ser los primeros en apoyar a un presidente que, en definitiva, no hacía más que repetir lo que ya habían hecho, de uno u otro modo, Aznar, Felipe González y Adolfo Suárez, cuando las condiciones objetivas para lograrlo eran todavía menos favorables.

Algún día, con una Cámara de diputados menos cargada por la derecha, habrá que hacer nuevos debates sobre el terrorismo etarra, más serenos e inteligentes. Por el momento, frente a las amenazas de atentados, los cuerpos de seguridad y los jueces son los encargados de actuar y tienen el máximo apoyo.

Pero sería un error olvidar que en un Estado de Derecho que va a seguir siéndolo y, por tanto, rechaza cualquier forma de terrorismo de Estado, la política es la última y decisiva arma para abordar y resolver este tipo de problemas. SI lo olvidáramos, ése sería el error más grave.

Hemeroteca
Lista Punto de vista
Buscador
© El Punto Prensa, S.A. c/ Ferrocarril 37 duplicado - 28045 Madrid.
Tfno: 34 91 516 08 14/15/08        E-mail: siglo@elsiglo-eu.com