Gracias, Gasco; gracias,
Benedicto
E I arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, pertenece al ala más conservadora del Episcopado español. En fase ya de
jubilación, Gasco pasará a la historia eclesiástica de la capital valenciana como el prelado que promovió el primer templo en España dedicado a las víctimas de la Guerra Civil. Entre Juan Pablo II y Benedicto XVI el número de beatos y santos españoles se ha multiplicado enormemente. Lo que no hicieron ni Pío XII, ni Juan XXIII, ni Pablo VI –que optaron por no remover las cenizas de los asesinados del bando nacional–, se encargó Wojtyla de llevarlo a cabo. Ahora sigue Ratzinger en el empeño.
Gasco ha ido más lejos. Estas víctimas tendrán en Valencia una iglesia específica. No importan nada el silencio, el olvido y la humillación que han sufrido –y que en buena parte siguen padeciendo–las víctimas del otro lado. Los franquistas mataron, mediante juicios sumarísimos o a las bravas, a miles y miles de rojos. Entre los cuales había católicos y hasta sacerdotes y monjas, sobre todo del País Vasco. Pero a los católicos afectos al legítimo Gobierno de la República, sus pastores no los conducen al cielo. ¿Continúan sus almas en el purgatorio o han descendido para siempre al infierno?
El arzobispo valenciano, aparte de la construcción de ese templo, impulsa la Universidad Católica de Valencia. A raíz de tal iniciativa, Gasco está inmerso en una polémica a causa de haber empezado a impartir carreras sin contar con los pertinentes permisos del Ministerio de Educación. Sin embargo, a esta alta jerarquía de la Iglesia le preocupa más bien poco ajustarse a la legalidad en los temas de enseñanza. Anda el arzobispo, por supuesto, metido de hoz y coz en la cruzada episcopal contra Educación para la Ciudadanía.
En una reciente carta pastoral, monseñorGasco se dirigía a los padres para advertirles que no se dejen "engañar por maniobras que se presentan con buenas palabras y argumentos engañosos". La educación –precisa– "no puede ser coartada para que el Estado llegue a invadir parcelas que corresponden a la moral personal".
Y es que –según sostienen contra viento y marea colegas suyos tan distinguidos y principales como los cardenales Cañizares y Rouco Varela–, Gasco observa en torno a la citada asignatura "signos claros" de "un movimiento de laicismo radical que pretende silenciar todas las manifestaciones religiosas, negando no sólo la libertad de expresión en cuestiones sociales, sino también la dimensión moral y de promoción de los valores humanos".
¡Acabáramos! Tras la apariencia de un libro de texto inocente y bien intencionado, los jerarcas de la Iglesia católica detectan el peligroso virus del "laicismo radical", obsesionado por cargarse la religiosidad tradicional del buen pueblo español, condenando al silencio más absoluto a quienes pretenden defender a Dios y a España.
Es posible que, antes de lanzarse a una acusación tan grave, Gasco se haya documentado concienzudamente. No hay que descartar que, activada su sana curiosidad intelectual, el arzobispo valenciano haya leído el último libro –recopilación de artículos en la neocon revista Época– del insigne historiador ultramontano Ricardo de la Cierva, publicado por Editorial Fénix. Su título lo dice todo: "ZP, tres años de gobierno masónico".
¿Cómo no combatir una asignatura creada por este hatajo de masones que gobiernan España como consecuencia de la masacre del 11-M? Avisa De la Cierva, en uno de sus comentarios, que "el actual Papa, Benedicto XVI, se ha mostrado siempre contrario a la esencia anticristiana de la masonería". Gracias, Gasco; gracias, Benedicto.
Enric Sopena |