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Nº 748 - 2 de julio de 2007

Examen fin de curso

ZP, en busca de la frescura perdida

Esta semana está convocado el último Debate del Estado de la Nación antes de las próximas elecciones generales. Será la gran confrontación parlamentaria entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición y el arranque de una campaña que llevará el sello de ETA y el frustrado proceso para el fin de la violencia. El objetivo de Moncloa es sacar a Zapatero de ese único frente en el que el PP lleva meses desarrollando su estrategia a sus anchas, demostrar que la legislatura ha sido fructífera en lo económico y lo social, y que aún quedan cosas por hacer. Para ello, no basta sólo con que el presidente consiga hacer un buen Debate. En el PSOE reclaman más visibilidad al Gobierno y a sus ministros.

En Moncloa, más lealtad a los socios parlamentarios y a los medios cercanos. Y en los despachos de los estrategas electorales socialistas, que ETA tarde mucho en volver a matar y que el aterrizaje del boom inmobiliario sea lo más suave posible.

Por Inmaculada Sánchez

Habrá anuncios de calado en política económica”. Es lo más osado que, desde el PSOE, aciertan a pronosticar respecto al crucial Debate del Estado de la Nación que se desarrollará esta semana, entre los días 3 y 5.

La anual confrontación entre el presidente del Gobierno y el resto de partidos de la oposición va a convertirse en esta ocasión en el inicio de una dura y larga campaña electoral para la que el PP ha encontrado en el fin del denominado “proceso de paz” un eficaz aliado del que no parece dar muestras claras de estar dispuesto a prescindir.

“Nosotros queremos centrarlo en una cuestión programática, en lo que nos queda por hacer en los meses que restan de legislatura, pero del PP sólo esperamos la peor perspectiva”, señalan en Ferraz respecto al Debate.

En Moncloa también son conscientes de que, a pesar de la buena cara de Mariano Rajoy tras el encuentro con el presidente, una vez confirmado por ETA el final del alto el fuego, sus intenciones no van a ir más allá de la reciente ausencia de preguntas sobre la política antiterrorista en las sesiones de control al Gobierno. “Del PP no esperamos nada”, añaden las citadas fuentes.

Ante tal escenario, en el cuartel general del PSOE y en los despachos de mayor responsabilidad de Moncloa se preparan ya para el inicio, sin demora alguna, de la próxima batalla electoral, conscientes de que el Zapatero del “no nos falles” del 14-M ya no preserva la misma imagen.

El perfil de Rodríguez Zapatero fue clave, en su día, para la victoria de 2004 y hoy, tres años y medio después, el ejercicio del poder y, sobre todo, el deterioro que su apuesta personal por el fin de la violencia de ETA le ha supuesto, preocupa en los análisis de los estrategas más concienzudos.

Sin tener que hilar tan fino, en el PSOE no son pocos los que, tras los resultados de las recientes elecciones municipales y autonómicas, que globalmente ganó el PP, se preocuparon. Es por eso que la actuación de Rodríguez Zapatero este próximo martes en el Congreso de los Diputados está generando más expectación, quizá, de la debida.

Desde que el atentado de la T-4 de Barajas, primero, y el definitivo anuncio del final del alto el fuego por parte de ETA, después, pusieran fin al “sueño de paz” del presidente y le dejaran “expuesto” a los ataques del PP, no ha habido oportunidad solemne de escucharle sobrepuesto a la situación y con las riendas del futuro en sus manos.

Es por eso que, conscientes de la necesidad de un impulso a la presencia pública de Zapatero, los estrategas monclovitas habían previsto un discurso del mismo en la histórica conmemoración de los 30 años de las primeras elecciones democráticas después del franquismo, el pasado 15 de junio, en el Congreso.

Como El Siglo informó hace un par de semanas (Ver número 746: “El Rey y Marín callan a ZP”), tan apropiada ocasión se vio frustrada por el interés de Zarzuela, con la complicidad de la presidencia de la Cámara Baja, de que fuese don Juan Carlos el único protagonista del evento. Así las cosas, el Debate de esta semana cobra, aún más si cabe, una significación especial para las expectativas de los socialistas cara a las generales.

La última intervención del líder del partido ante el comité federal el pasado 8 de junio no logró transmitir la tranquilidad deseada. Su apuesta por políticas en favor de la lucha contra el cambio climático como estrella de los ocho meses escasos que restan de legislatura (seis, si se descuenta el inmediato verano) no logró entusiasmar cuando la posible alianza entre el PSN y los nacionalistas de Nafarroa Bai se agazapaba en esos días como la gran “amenaza” para el PSOE en las próximas generales.

Vista la situación, en Moncloa avisan de que Zapatero no eludirá ningún “toro”. Hablará de ETA, asumiendo su responsabilidad en el intento, y apostará por la unidad frente a los ataques de Rajoy. Y en la medida en que pueda eludir el principal mensaje del PP intentará introducir nuevos asuntos en la agenda política.

Entre ellos, uno de los más destacados tendrá a la economía como protagonista. Hace tiempo que en Moncloa han asumido que el ciclo económico es uno de sus principales aliados (Ver El Siglo nº 718: “ZP se hace “solbente”) y que, a pesar de la pérdida de poder adquisitivo de los salarios españoles anunciada por la OCDE recientemente, los ciudadanos siguen comprando pisos y solicitando créditos por lo que el único nubarrón del que preocuparse es el ritmo al que aterrice el conocido “boom inmobiliario”.

Es por eso que tanto el presidente como el ministro de Economía vienen anunciando en los últimos días nuevas rebajas de impuestos para la próxima legislatura, en un intento de arrebatar el discurso al PP y de hacer suya la bonanza económica de las familias.

La puesta en marcha de la Ley de Dependencia, principal norma de política social de la legislatura, es la otra baza con la que pretende el Gobierno poner en valor el final de su mandato. El problema es que la aplicación final está ya más en manos de las comunidades autónomas que de la Administración central.

“Este gobierno ha hecho mucho, y no podemos dejarnos arrebatar el discurso por el fin del proceso de paz”, explica un alto cargo del PSOE. Muchos echan de menos al Zapatero de la noche del 14-M, de la retirada de las tropas de Iraq... Pero el desgaste del poder es implacable, y el presidente tendrá que volver a dejar ver su encanto y frescura como dirigente político: el voto de la izquierda, ya lo saben en el PSOE, es despiadado, y deja de acudir a las urnas en cuanto le falta el entusiasmo. ¿Será capaz Zapatero de volver a encandilar a esos votantes? Esta semana comienza su examen de fin de curso.

Ministros visibles, invisibles…

y Solbes

Uno de los principales hándicaps que ha tenido el Gobierno de Zapatero para ser visualizado como el “gran reformador” que argumenta haber sido es, según distintas opiniones del PSOE y de la Administración socialista, la escasa personalidad política de la mayoría de sus miembros.

Llegados a la recta final de la legislatura este “problema” se ha convertido en la comidilla de los cenáculos socialistas y sólo las quinielas de qué ministros se irán y cuáles deberían repetir, caso de volver a ganar en las próximas generales (nadie cuenta con crisis alguna antes de la cita con las urnas), compite en interés en las tertulias.

Tras obviar sin discusión el puesto de la vicepresidenta De la Vega, que se ha ganado, pese a las iniciales resistencias, a todo el partido y con quien todo el mundo cuenta para el futuro, la clave de un segundo mandato de Zapatero estaría en si el vicepresidente segundo y ministro de Economía, Pedro Solbes, repite o no. Aunque el ministro más veterano del Consejo ha dicho en más de una ocasión que él “se comprometió a estos cuatro años” con el presidente, dando a entender que no tiene interés en repetir, últimamente algunas fuentes bien informadas no descartan que el titular de Economía sea receptivo a un futuro nombramiento dada el nuevo equilibrio de poderes en el área económica del Gobierno tras la marcha y el batacazo electoral de Miguel Sebastián. Solbes ya no pelea con nadie y nadie le disputa el poder. La continuidad de la bonanza económica también juega a su favor y pocos ven un sustituto claro a su auctoritas a la vera de ZP. Figuras emergentes como la secretaria federal de Economía, Inmaculada Rodríguez-Piñeiro, cuyo reciente discurso anunciando próximas rebajas fiscales la colocaba cerca del centro de decisiones, no logran nublar el bien asentado espacio de Solbes.

Prácticamente, sólo él se “salva” de las aceradas críticas en las que algunas fuentes del partido han instalado al “irregular “ Gabinete de ZP, por utilizar las palabras menos hirientes. Ni los ministros más cercanos al presidente y políticamente con mayor peso, según los mismos argumentos, están logrando destacarse en la agenda política del país.

Alfredo Pérez Rubalcaba es punto y aparte como titular de Interior, cargo por el que, además, desde que tuvo que abandonar la portavocía del grupo parlamentario, ha tenido que instalarse en un discreto segundo plano centrado en la política antiterrorista.

Su antecesor, José Antonio Alonso, amigo personal del presidente y ministro con peso específico, tampoco ha conseguido ocupar el almibarado espacio público que el locuaz José Bono logró en sus tiempos. Juan Fernando López Aguilar, otro de los escasos “ministros políticos” que ahormaban el gabinete de Zapatero, ha sido enviado a Canarias para recuperar el gobierno autonómico y, a pesar de sus buenos resultados, tendrá que ejercer en la oposición tras el pacto PP-Coalición Canaria. Su sucesor en Justicia, Mariano Fernández Bermejo, apenas ha podido hacer algo más que defenderse de los cruentos ataques del PP desde que ocupó su despacho. Tampoco a Clos, el que menos lleva en el Gabinete, le ha dado mucho tiempo a forjarse una imagen propia. Jordi Sevilla, titular de Administraciones Públicas, mantiene el tipo en un departamento con escaso brillo mediático pero, a pesar de su buena imagen, ésta no logra expandir influjo alguno a otros compañeros de Gabinete. Exteriores es “campo del presidente” y Moratinos, igual que muchos de sus antecesores, tienen limitada capacidad para dotar de gancho popular al Gobierno.

En Educación se aplaude la sustitución de San Segundo por Cabrera pero la próxima batalla contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía dirá si la titular de la cartera posee el perfil político que se la atribuye. Maria Antonia Trujillo, por su parte, lucha estos últimos meses porque las estadísticas del precio de la vivienda pongan en valor su oculta e ingrata gestión de estos tres años. Cristina Narbona es de las mejor valoradas en el PSOE pero su departamento, Medio Ambiente, no es de alta tensión política.

¿Y la titular de una cartera tan relevante como Fomento? Magdalena Álvarez engrosa la lista de las ministras “invisibles” y criticadas desde el partido. También Elena Espinosa, aunque más debido al perfil de su cartera, Agricultura, que a su gestión. Carmen Calvo se puede despedir sin lograr el consenso para su ley más importante, la del cine, y la titular de Sanidad, Elena Salgado, con el antipático sambenito de querer prohibir demasiadas cosas por nuestra salud.

La “resurrección” de Caldera

Iba para vicepresidente, pero la decidida apuesta de Zapatero por la paridad puso en manos de una mujer un puesto, en principio, reservado para quien había sido la mano derecha del líder socialista desde que éste dediciera pelear por la secretaría general de PSOE.

A cambio, consiguió el ministerio más importante del nuevo Gabinete, el de Trabajo y Asuntos Sociales. Es por eso, por la categoría de la cartera, y por el perfil político de su titular, por lo que ha sorprendido, en no pocas ocasiones, el escaso resplandor público que emitía su despacho.

Quienes han señalado esta circunstancia a lo largo de estos tres años largos de legislatura no podían dejar de admitir que Caldera, a pesar de todo, continuaba gozando de la confianza del presidente. Y ha sido ahora, a escasos meses de la próxima convocatoria electoral, cuando esta cercanía ha vuelto a ponerse de manifiesto. Zapatero lo ha elegido coordinador de la próxima campaña electoral, un cargo que ya asumiera hace cuatro años, aunque desde la oposición y sin la carga de trabajo de un ministerio como el que ahora dirige.

Para quienes siguen de cerca las oscilaciones de los dirigentes del círculo zapaterista este encargo de ZP es altamente significativo. Ya poco antes de hacerse pública la designación, Zapatero decidió incorporar al titular de Trabajo a los maitines de los lunes de Moncloa, donde la vicepresidenta, el portavoz del grupo en el Congreso y el secretario de Organización del partido, además del ministro de Interior, debaten con el presidente y otros cargos monclovitas, la estrategia política de la semana.

Con este nombramiento, Caldera no sólo ha retornado, por la puerta grande, al cuartel general de las decisiones -sus cercanos afirman que nunca dejó de estar en él-, sino al espacio donde se barajan nombres y futuros cargos: su primera función como responsable del programa es designar a los coordinadores de cada área del mismo. En la última campaña fueron los miembros del Comité de Notables designados por Zapatero quienes nutrieron la mayoría de estos puestos pero ahora -muchos de ellos son ministros y alguno, como Miguel Sebastián, ha sido expulsado del escenario por las urnas- hay mucho banquillo para ocuparlos, y sus nombres habrán de pasar por el filtro de Caldera.

¿El efusivo abrazo ocultó las dagas? por Enric Sopena


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