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Nº 748
2/7/2007

A la larga, lo más peligroso

En un país como España donde la derecha –la religiosa, la mediática y la politica– convierte Educación para la Ciudadanía, que es una asignatura inocua, bien intencionada y divulgadora de valores democráticos esencialmente trasversales, en el dragón apocalíptico de las siete cabezas, puede pasar de todo. ¿Cuál es la situación política en la que ahora nos encontramos? Pues una situación más cercana al esperpento que al raciocinio cartesiano.

El PP hace tiempo que perdió la virtud de la ponderación, si es que llegó a tenerla. Mariano Rajoy parece sentirse más a gusto con el Gobierno polaco –en manos de reaccionarios paranoicos– que con Nicolás Sarkozy, aunque el líder del PP haya anunciado que ante las próximas elecciones recabará consejo de los asesores del recién elegido presidente francés.

¿Cómo puede el jefe de la oposición ejercer de ave carroñera tras la muerte de seis soldados españoles en el Líbano? Rajoy no sabe aún que es un insulto a la inteligencia colectiva cualquier comparación entre la misión pacífica en ese país de tropas españolas –a requerimiento explícito de la ONU–, y la invasión colonial de Iraq. No quiere saber todavía Rajoy que nuestros soldados en el Líbano están en condición de cascos azules, junto a soldados de otros países.

Es una vergüenza la falta de inhibidores de frecuencias y la clase de medalla impuesta a los difuntos, clamó Rajoy en el Congreso. ¡Pero si los inhibidores para proteger a los vehículos militares del Ejército español no los utilizan los efectivos militares de ningún otro país de los presentes en el Líbano porque también carecen de ellos! ¡Pero si el PP, durante sus años de Gobierno, no ordenó comprar tales inhibidores y eso que los militares españoles participaron también entonces enarriesgadas misiones humanitarias y no pocos perdieron la vida por una u otra causa! En cuanto al tipo de medallas, el PP exige una vez más aquello que no hizo en su momento.

¿Dónde estamos? En un país en el que su cardenal primado, Antonio Cañizares, el recentísimo día en el que las reliquias de San ldelfonso, patrono de la diócesis toledana, volvieron a Toledo, proclama: "Permíteme, santo y queridísimo patrón nuestro, que te exponga una preocupación grande: existe un proyecto de erradicar nuestras raíces cristiana, y se percibe con claridad la implantación de un proyecto laicista. A este proyecto se unen fuerzas disgregadoras de nuestra unidad como acontecimiento histórico y espiritual. Tú pusiste sólidos cimientos, que hicieron que la España perdida pudiese ser la España reconquistada (...)".

A primera vista, esta amalgama de fuerzas conservadoras que defienden posturas esotéricas con sabor ultramontano, y no posiciones digamos liberales o democráticas, llevaría a la conclusión de que el socialismo moderado que representa el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero –convenientemente reforzado, si necesario fuere, por otros partidos de carácter progresistas o incluso de centro derecha como C¡U o PNV– ha de ganar en las urnas con relativa tranquilidad.

Sin embargo, tal apreciación no es un axioma. Es verdad que los excesos intolerables del PP pueden favorecer a los socialistas. Pero no es menos cierto que la cotidiana conducta de una derecha que se ha subido al monte, o que tiende a hacerlo, dificulta, entorpece y termina obstaculizando en demasía la normal gobernabilidad de España. La no aceptación fáctica de las reglas del juego democrático o, si se prefiere, constitucional erosiona la política y ahuyenta a los ciudadanos de la misma. Eso, a la larga, es lo más peligroso.

Enric Sopena

 
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