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Nº 747 - 25 de junio de 2007

Alberto tiene un plan

Crecerse ante Aguirre, tener escaño junto a Rajoy y ligarse a Génova

Tiene ganas y un incuestionable tirón electoral. Alberto Ruiz-Gallardón vive su mejor momento político y está dispuesto a aprovecharlo. El alcalde de Madrid, que acaba de batir su propio récord el 27-M, dice querer acompañar a Mariano Rajoy en las generales para ayudarle a ser presidente del Gobierno. Pero a nadie se le escapa que, de no lograr su propósito el líder del PP, el político madrileño estará dispuesto a llegar más allá. De producirse una catarsis en el partido, Gallardón, uno de los pocos dirigentes que ha reconocido públicamente sus aspiraciones a la presidencia de su formación, tan sólo tiene que superar algunos obstáculos para ser por fin el sucesor: cerrarle el paso a su eterna rival, Esperanza Aguirre; ser diputado en el próximo período de sesiones y lograrque los más fieles a Rajoy apoyen su eventual candidatura.

Por Virginia Miranda

Es conocida mi determinación, y les puedo asegurar que hay pocas cosas en política que me haya propuesto y no haya conseguido”. Alberto Ruiz-Gallardón acudió eufórico al Foro ABC celebrado tan sólo dos días después de los comicios autonómicos y municipales del 27 de mayo. No sólo había revalidado por cuarta vez su victoria electoral –en dos ocasiones como candidato del PP a la presidencia de la Comunidad de Madrid y otras dos como aspirante a la Alcaldía de la capital–, también había batido su propio récord y era consciente de que había sido una pieza fundamental para que su partido diera la vuelta al marcador y aventajara al PSOE en número de votos. Además de hablar de su determinación política, el reelegido alcalde, ante su presidente, Mariano Rajoy, y su compañera y eterna rival, Esperanza Aguirre, recordó cuáles son ahora sus intenciones. “He confesado en reiteradas ocasiones mi ilusión por poder acompañar a Mariano Rajoy en las próximas elecciones generales. Después de 24 años de servicio a los ciudadanos para Madrid y para España, quiero destacar dos en la primera página de la agenda política que estrené el pasado domingo: el primero, ser alcalde de todos los madrileños, y el segundo, ayudar en lo que esté en mi mano para que Mariano Rajoy sea el próximo presidente de España”. Sus palabras fueron inmediatamente traducidas por la prensa. “Gallardón se postula como número dos de Rajoy”, fueron los titulares.

El alcalde nunca ha ocultado su ambición política [ver recuadro Le pierde la sinceridad]. Y ya fuera en el Gobierno regional o en el Consistorio, se las ha arreglado para despuntar por encima de otros dirigentes autonómicos, aunque eso le hiciera perder enteros frente a algunos correligionarios. Cuando Aznar anunció que sólo permanecería un máximo de dos legislaturas en el Gobierno, fue él quien abrió el debate de la sucesión, ganándose los reproches de Esperanza Aguirre, Rodrigo Rato, Ángel Acebes e incluso Pío García Escudero, hombre del ex presidente que acabó formando equipo con Gallardón en el Ayuntamiento antes de recalar en el Senado.

Su fama de outsider en el PP la llevó a sus últimas consecuencias en el último Congreso Nacional de la formación. Rajoy, que le acabó incluyendo en sus maitines, le había encargado la ponencia inaugural, y el alcalde, cuando el partido se afanaba por convencer a sus militantes de que los socialistas les habían arrebatado el Gobierno como consecuencia de los acontecimientos ocurridos entre el 11 y el 14 de marzo de 2004, se lo “agradeció” diciendo aquello de “algo habremos hecho mal” para perder las elecciones, palabras que cayeron como un jarro de agua fría entre los asistentes al cónclave, que le respondieron con unos aplausos que sonaron como una bofetada.

“Alberto quiere hacer creer a todo el mundo que él representa el centrismo”. Son palabras recogidas por la escritora y periodista Virginia Drake en su libro Esperanza Aguirre. Presidenta (La Esfera de los Libros) atribuídas a la jefa del Ejecutivo madrileño. Efectivamente, ésa ha sido su gran baza. En su reciente entrevista en la revista Zero, Gallardón, que por cierto desafió a la dirección nacional casando a dos homosexuales el pasado verano, dice que “mi obligación [...] es llevar a mi partido a posturas de centro”. De esta forma, marcando distancias con la línea más conservadora del PP para ganarse al electorado, ha logrado evitar precisamente que aquellos con los que no comulga pudieran defenestrarle.

Así se las ha arreglado durante todo este tiempo, basculando entre la crítica “constructiva” y la acumulación de votos para el partido. Y de paso, acuñando la idea de que otro PP es posible. Sin embargo, liderar el partido, ambición que viene acariciando durante largo tiempo, requiere que una serie de circunstancias se alineen para despejarle el camino. De momento, parece estar logrando que se dé una de esas condiciones.

Su tira y afloja con Esperanza Aguirre a cuenta del número de votos logrado por cada uno de ellos en el municipio de Madrid parece haber quedado en tablas. Del recuento de la noche electoral se desprendía que al alcalde le habían votado 11.726 personas más que a la jefa del Ejecutivo autonómico. Desde la Casa del Reloj se dijo que había que esperar al veredicto del censo de residentes ausentes –los madrileños que viven en el extranjero– para conocer el cómputo real. Ahora, una vez escrutado, ya se sabe que a Gallardón le han votado 272 personas más que a la presidenta. “Empate técnico”, dicen desde el entorno de Aguirre. Pero aunque sea por un puñado de papeletas, el regidor ha logrado una victoria moral sobre su contrincante –a la que fuera ministra y presidenta del Senado también se le atribuyen más altas aspiraciones políticas, aunque sea más discreta– y sin embargo compañera por otros cuatro años: el lunes 18 de junio pronunció su discurso de investidura en la Asamblea de Madrid, mientras que el sábado 16 fue Ruiz-Gallardón quien tomó de nuevo el mando al frente del Ayuntamiento de la capital en la sesión constitutiva de la Corporación Municipal.

Así las cosas, el político madrileño ha logrado resarcirse de aquel varapalo de 2004, cuando fue su compañera la que le ganó el pulso en el Congreso Regional del PP de Madrid [ver recuadro Gallardón y Aguirre, una pareja mal avenida].

Por otra parte, desde un punto de vista meramente orgánico, su poder político puede equipararse sin complejos al del Gobierno autonómico. El pasado año, las Cortes Generales aprobaron la Ley de Capitalidad y de Régimen Especial de Madrid, de aplicación en la actual legislatura. La nueva norma reconoce la especificidad de la ciudad como capital de España, creando un órgano de coordinación política entre el Gobierno, la Comunidad y el Ayuntamiento y dando presencia al Consistorio en infraestructuras estatales como el aeropuerto. Además, le concede competencias en materia de seguridad ciudadana relacionada con la protección de personas y bienes en acontecimientos internacionales o nacionales que se celebren en Madrid en su condición de capital del Estado; le permite la coordinación en la organización y celebración de actos oficiales de carácter estatal; y le otorga la potestad de agilizar el procedimiento de aprobación de ordenanzas y de presupuestos municipales, entre otras cosas. De este modo, el estatus jurídico y político del Ayuntamiento se ha visto reforzado y ampliado. Por otra parte, gracias a la Ley de Capitalidad, Gallardón ha podido incluir en la Junta de Gobierno a personas que no han cuncurrido en la lista del PP a la Alcaldía de Madrid, circunstancia que ha provocado un nuevo choque con Aguirre porque la presidenta se oponía a que fueran denominados “consejeros”, como pretendía inicialmente el primer edil, que ha tenido que buscar una nueva denominación distinta a la de concejal y a la que su colega atribuye en exclusiva a los responsables de las distintas áreas de Gobierno del Ejecutivo regional, para llamarles finalmente “delegados”.

Otro de sus objetivos es aparecer en las listas del PP por Madrid en las generales de 2008. En una reciente entrevista en Telecinco, preguntado por sus declaraciones en el Foro ABC, el alcalde asegura que su objetivo es que Rajoy ocupe La Moncloa, pero no hacerse con un acta de diputado. Sin embargo, fuentes próximas al partido le desdicen en este último extremo. También Aguirre ha dicho que no ve la utilidad de ser senadora por designación autonómica. Aunque sus partidarios han planteado esta posibilidad para que pueda medirse en igualdad de condiciones con su oponente y correligionario. La idea es estar preparados ante un eventual fracaso electoral de Rajoy. El líder del PP ha llegado a decir en su círculo más próximo que tiene derecho a presentarse a unas generales hasta tres veces, las mismas que necesitó José María Aznar para llegar a La Moncloa. Pero dependiendo del grado de fracaso que registre en los comicios del próximo año, puede que no sea capaz de frenar una regeneración en el partido.

Rajoy no es ajeno a estas maniobras, pero tampoco a la utilidad política de Gallardón. De momento, no pierde la calma. Preguntado en Antena 3 por la intención del alcalde de acompañarle en 2008, contestó a la gallega: sería un buen “número dos” de su lista a las generales, aunque el Partido Popular “tiene muchas personas y muy brillantes” para serlo. En el entorno más próximo del líder popular también mantienen la serenidad. Su secretaria Ejecutiva de Política Autonómica y Local, Soraya Sáenz de Santamaría, dijo hace unas semanas en El Siglo [ver número 744] que “cuando el presidente de nuestro partido, a los tres años obtiene el mayor éxito que ha logrado el PP en unas elecciones municipales y autonómicas, puede estar bastante tranquilo”. Ese colchón de votos que le acaba de dar el 27-M al Partido Popular le permite asumir el riesgo de dejarle a Gallardón dar el salto a la política nacional, convirtiendo su aspiración en un aval electoral para Rajoy.

Recientes encuestas de medios de comunicación así lo confirman. Del barómetro España Hoy de Expansión-Ipsos de junio se desprende que el 48% de los ciudadanos sostienen que el Partido Popular vencería en las generales si el alcalde acompañara al líder de la formación en su lista, frente a un 35% que augura una victoria sin el regidor. Mientras, el 42% de los ciudadanos cree que el PSOE será el vencedor de los comicios, pero este porcentaje se reduce hasta el 32% si el alcalde va en la lista del actual líder de la oposición. También el diario gratuito de Madrid 20 minutos ha hecho su propio sondeo entre sus lectores. Su veredicto: el 55% dice que Gallardón debe ir de número dos, frente al 19% que apostarían por Aguirre.

Superados estos pormenores, al regidor aún le quedaría convencer al entorno de Rajoy de que él es el mejor reemplazo. En su eventual azaña, contaría con el respaldo de los barones territoriales más moderados, los que a lo largo de esta última etapa de Gobierno han huído del discurso crispado y antinacionalista, como el gallego Alberto Núñez Feijóo o el catalán Josep Piqué: cada uno de ellos, en mayor o menor medida, también han llegado a desafiar a la línea oficial del partido, siempre a cuenta del debate sobre el Estado de las autonomías. Otros dirigentes autonómicos como el balear Jaume Matas o el valenciano Francisco Camps, los dos impulsores de las reformas de sus respectivos Estatutos, podrían subirse al carro de una posible renovación capitaneada por el madrileño. Pero si con las direcciones regionales del PP no tendría mayores problemas, en Génova, donde sobresale la figura de Ángel Acebes, y en Madrid, controlada por Aguirre, lo tiene más complicado. El secretario general de la formación es, con el portavoz parlamentario popular, Eduardo Zaplana, el mayor obstáculo para el aspirante Gallardón, cuya apelación al centrismo no ha hecho más que arrinconar a los números dos y tres del Partido Popular en la derecha más extrema. No es casualidad que en una reciente entrevista, el alcalde se alineara como pocas veces a la línea marcada desde la dirección nacional y lanzara un guiño de complicidad al dúo Acebes-Zaplana: “todos los compañeros del partido son elementos positivos para ayudar a Rajoy, no sobra nadie”, dijo. ¿Acaso se trataba de una invitación a formar parte de un futuro equipo en su deseado asalto a La Moncloa?

Tiene tirón electoral, tiene ganas, tiene un plan. Ahora sólo le queda cruzar los dedos para que el caso Corulla, que ha vuelto a acaparar páginas de prensa tras las elecciones, no le sesgue un futuro prometedor.

LE PIERDE LA SINCERIDAD

El alcalde de Madrid tiene muchas virtudes, pero un defecto le pierde: el exceso de sinceridad. Hasta ahora, haber reconocido en reiteradas ocasiones su deseo de ser el presidente del PP no ha hecho más que ponerle freno a sus aspiraciones. Este es un repaso por algunas de sus tan comentadas declaraciones:

* En marzo de 1999, cuando José María Aznar anunció que no volvería a ser candidato en 2004, dijo: “Si en ese momento [en 2003, cuando debía elegirse a un sucesor] me considero con ideas, con voluntad y capacidad de convocar un equipo de gestión que pueda convertir sus propuestas en un proyecto para el partido y España, yo no renuncio. La ambición en política es buena porque es una ambición colectiva de transformación de la sociedad”.

* En mayo del mismo año, preguntado por la posibilidad, contestó: “Lo cómodo sería contestar a su pregunta que no. Y todos mis compañeros de partido que contestan que no a una pregunta como la suya inmediatamente son bien tratados por la opinión pública. Yo siempre me he negado a contestar que no a esa pregunta, lo cual no significa que conteste que sí. Decir que no, no sería sincero conmigo mismo. Me reservo la posibilidad de decir que sí. Con un proyecto [...]. un equipo [...] y la confianza de mi partido, podría presentarme en el año 2003”.

* Aunque entonces resultaba precipitado, el debate sobre el posible sucesor estaba en la calle y en cada una de sus entrevistas, Gallardón era preguntado sobre sus intenciones. El entonces presidente de la Comunidad de Madrid respondía siempre en los mismos términos. A finales de aquel mismo año decía: “Estoy seguro de que si yo fuese ese candidato [...] tendré el apoyo incondicional de Aznar... Yo ya he dicho muchas veces que aún no he tomado esa decisión, pero igual que digo esto, añado que tampoco la he descartado”.

·        En mayo de 2001, durante una rueda de prensa, reconoce que sus palabras no siempre han sentado bien a sus compañeros de filas. “Tengo la mal merecida fama de decir lo que pensaba en el partido, pero en todos estos años siempre que el PP ha entendido que debía asumir una responsabilidad he dicho que sí, y mientras siga en política estaré donde me diga el partido”.

Gallardón y Aguirre, una pareja mal avenida

Dicen que la suya es una relación de hermanos. Tal vez pretendan hacernos creer que se pueden llevar como el perro y el gato y seguir profesándose afecto. Estas son algunas de sus peleas más sonadas durante la pasada legislatura:

* En mayo de 2004 surgió el primer enfrentamiento de envergadura. La Comunidad y el Ayuntamiento se disputaron el poder en el Consorcio de Transportes, que decide la composición del Consejo de Administración del Metro. Hasta entonces había paridad de cinco consejeros, pero Aguirre quería más. El vicealcalde y mano derecha de Gallardón, Manuel Cobo, amenazó con sacar a la EMT del Consorcio Regional si la presidenta no rectificaba. La discusión subió de tono y, tras un cruce de acusaciones, llegaron a un acuerdo.

* A finales de 2004, el PP de Madrid celebró su congreso regional. Semanas antes, Aguirre y Gallardón echaron un pulso para medir su poder. El alcalde, a través de Manuel Cobo, presentó una candidatura alternativa a la de la jefa del Ejecutivo autonómico para presidir la formación. La tensión llegó a tal extremo que el secretario general del PP, Ángel Acebes, dijo que “no toleraremos intereses personales”, y la concejala Ana Botella aseguró que “no reconozco a mi partido”. Incluso Rajoy acusó a sus líderes madrileños  de protagonizar “espectáculos poco edificantes”. Así las cosas, y después de que el equipo de Aguirre recabara la adhesión de la mayoría de distritos, municipios y la Junta Directiva regional, Gallardón anunció la retirada de la lista de Cobo.

* Las desavenencias entre los dos políticos alcanzaron su momento más álgido en precampaña. Virginia Drake presentaba su libro Esperanza Aguirre. Presidenta (La Esfera de los Libros), donde la dirigente asegura, entre otras cosas, que "un día [Gallardón] encargó una encuesta que le reveló que los madrileños eran de izquierdas y se convirtió en el progre por antonomasia". Dice incluso que conocía el Tamayazo antes de que ocurriera. Gallardón, que iba a presentar el libro, declinó la invitación y dijo que no leería el libro de su compañera hasta después de las elecciones.

* En una reciente entrevista en La Razón y después de que el alcalde se postulara como diputado, la presidenta dice que "los grandes triunfos llevan en sí mismos el germen de algunos problemas".

*  La pasada semana, durante una entrevista en Telecinco, le preguntaron a Gallardón si había leído ya el libro de Drake. El alcalde contestó que tiene otras “lecturas mucho más interesantes”.

¿El efusivo abrazo ocultó las dagas? por Enric Sopena


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