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Nº
747 - 25 de junio de 2007 |
La guerra entre Hamas y Al Fatah convulsiona Oriente Próximo Palestina se parte en dos Lo que hace apenas unos meses no pasaban de ser pequeños enfrentamientos en Gaza entre las facciones armadas de los dos partidos palestinos mayoritarios, Hamas y Al Fatah, han sumido el territorio de la Franja en una espiral de violencia que ha finalizado con una partición ‘de facto’ de los Territorios Ocupados. Así, mientras Gaza queda en manos de los islamistas, aislada diplomática y terrorialmente, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, se dispone a consolidar su poder desde Cisjordania con el apoyo de Israel, Estados Unidos y la Unión Europea tras marginar al partido que ganó las únicas elecciones verdaderamente libres que se han celebrado en los países árabes de la región. Al mismo tiempo que Occidente se alinea junto al presidente palestino, Hamas goza del apoyo de los dos países ‘rebeldes’ de la zona, Siria e Irán, añadiendo más tensión si cabe a una región cuyo control geoestratégico es esencial. Por Manuel Capilla El Guantánamo de Gaza. Así era conocida entre los militantes y simpatizantes de Hamas el complejo de Tal Al Haua, cuartel general de los cuerpos policiales leales al presidente Abbas y los servicios secretos palestinos, dirigidos ambos por Mohamed Dahlan (ver apoyo ‘Los protagonistas del conflicto’). Desde 1994, cuando la Franja de Gaza recuperó su autonomía, el recinto ha sido el escenario de la represión ejercida por los gobiernos de Al Fatah hacia los islamistas, con testimonios nunca confirmados de detenciones arbitrarias por el mero hecho de llevar barba, de torturas y de vejaciones -cuando no de asesinatos-, realizados por los hombres de Dahlan. Por eso, cuando las Brigadas de Izedim Al Qasam, el brazo armado de Hamas, expulsaron hace dos semanas a los últimos resistentes que habían permanecido atrincherados allí durante varios días, una muchedumbre enfebrecida se concentró ante los edificios para rezar y celebrar la desaparición de unos cuerpos policiales que, a ojos de los islamistas, habían sustituido al ejército israelí como fuerza de ocupación. Desde el momento en que las enseñas verdes de Hamas empezaron a ondear en Tal Al Haua, se hizo evidente que Al Fatah había perdido el control de la Franja y los acontecimientos se precipitaron. Unas horas más tarde, el movimiento islámico proclamaba la “liberación” de la Franja y Mahmud Abbas disolvía por decreto el gobierno de unidad nacional creado en marzo a instancias de la Liga Árabe, que suponía el último intento de la ANP de recuperar el reconocimiento internacional a cambio de quitar a Hamas el peso político que las urnas le habían otorgado en enero de 2006, proclamaba el estado de emergencia y se lanzaba a detener en Cisjordania a decenas de líderes del movimiento de resistencia islámica. Estas detenciones son un ejemplo de la esquizofrenia en la que ha vivido la Autoridad Nacional Palestina desde hace algo más de un año, ya que los islamistas encarcelados forman parte de una lista de 1.500 personas elaborada por los hombres de Dahlan desde hace meses. Es decir, los servicios de inteligencia no han dejado de espiar durante todos estos meses al partido que ganó las elecciones y que contaba con la mayoría absoluta en la cámara legislativa palestina. La división de los los territorios palestinos quedaba así consumada. Desde Ramala, el gabinete de Abbas difundía una nota en la que anunciaba la creación de un nuevo ejecutivo y la ilegalización de todas las milicias de Hamas, tanto las Brigadas de Izedim Al Qasam como la Fuerza Ejecutiva -las fuerzas de seguridad que el primer ministro islamista, Ismael Haniye, había creado el año pasado ante la negativa de Abbas de transferirle totalmente las competencias en materia de seguridad-, ya que se les considera responsables del “golpe militar contra la legitimidad palestina y sus instituciones”. Mientras, desde Gaza, Hamas declaraba al nuevo gobierno de emergencia “ilegítimo e ilegal”, por lo que “no lo reconoceremos. No trabajaremos con él”, según afirmaban los portavoces del partido islamista. Por su parte, el primer ministro israelí Ehud Olmert, se apresuraba a bendecir el nuevo ejecutivo, considerándole un “interlocutor” válido. “En los últimos días se ha creado una realidad que no hemos conocido durante los largos esfuerzos diplomáticos de la Autoridad Palestina, y tenemos la intención de trabajar con todas nuestras fuerzas para aprovechar la oportunidad que se presenta”, explicó Olmert. Al igual que en Tel Aviv, en las cancillerías internacionales también todo son parabienes, por lo que Abbas goza del visto bueno occidental para iniciar la estabilización de la situación. El nuevo gobierno dirigido por Salam Fayad (ver apoyo) se dispone a solicitar la colaboración de Israel para fortalecer a Al Fatah en Cisjordania. “Hay un plan de Estados Unidos que queremos que Israel aplique, es un plan equilibrado a corto plazo, y cuyo objetivo final es comenzar a negociar un acuerdo de paz”, según ha explicado Yasir Abed Rabo, asesor del presidente palestino, haciendo referencia al plan conocido como el Benchmark (plan por rendimiento), elaborado por el coordinador de seguridad estadounidense en la zona, Keith Dayton, como punto de partida para devolver de forma gradual la situación a septiembre de 2000, cuando comenzó la segunda Intifada. Su primer objetivo es mejorar significativamente las condiciones de vida de los palestinos, de forma que Al Fatah gane popularidad y el gobierno de emergencia en funciones cuente con el apoyo de la población. Dentro de este conjunto de medidas que la ANP planea conseguir del primer ministro Olmert está la liberación de presos, entre ellos al popular ex secretario de Al Fatah en Cisjordania, Maruan Barguti, en prisión desde 2002, además de apoyo económico y la posibilidad de reorganizar sus fuerzas de seguridad. La petición de poder reorganizar a las fuerzas de seguridad en Cisjordania es sumamente importante para Abbas, ya que han perdido toda capacidad de acción desde que Israel prohibió a los agentes que fueran armados por las calles, tras la operación ‘Muro de defensa’ en 2002, aunque es un secreto a voces que durante la crisis de Gaza el Ejército permitió a agentes del orden palestinos que fueran armados por Cisjordania y practicaran arrestos de líderes de Hamás. El boicot internacional. Aunque lo realmente importante es que los fondos internacionales vuelvan a fluir hacia la ANP. “Israel ha prometido que nos entregará todo nuestro dinero”, ha asegurado Abed Rabo sobre los impuestos y tasas de aduana que los israelíes recogen para la ANP y que no le entrega desde que Hamas llegó al poder. Se trata en estos momentos de una deuda de unos 600 millones de dólares, que Abbas busca descongelar de forma inmediata para hacer frente a los gastos de la Administración pública, lo cual no debe ser ningún problema para Fayad, una persona de confianza en Israel y que cuenta con numerosos amigos y contactos en las instituciones financieras internacionales. Estados Unidos fue el primer país que se negó a reconocer el gobierno de Hamas, decretando el consiguiente bloqueo que fue secundado por la Unión Europea, cuyos ayudas económicas eran indispensables para mantener a la ANP operativa. La UE es el principal donante de ayuda al gobierno palestino, aportando en 2005 alrededor de 500 millones de euros, según fuentes del Banco Mundial, muy por encima de los 280 millones de euros proporcionados por los países árabes y de los 60 millones de Washington. A pesar de todo, Bruselas mantuvo la ayuda humanitaria, 84 millones de euros, mientras que la Casa Blanca no rompió en ningún momento su contacto con Abbas y, de hecho, puso en marcha un programa militar de unos 45 millones de euros destinado a sufragar los gastos del mantenimiento de su guardia presidencial, integrada por unos 5.000 hombres y destinada a ejercer de contrapeso al poder militar de Hamas. La ausencia de estos fondos ha sido señalada por el enviado especial para Oriente Próximo de Naciones Unidas, Álvaro de Soto, como el gran culpable de la situación en la que han desembocado los acontecimientos en los Territorios Ocupados. En un informe confidencial hecho público por el diario británico The Guardian, De Soto afirma que el boicot internacional a la ANP tras la victoria de Hamas en las elecciones ha sido "extremadamente miope" y ha tenido "consecuencias devastadoras para el pueblo palestino". En el texto, además de señalar que la capacidad de las autoridades palestinas para detener los ataques contra Israel ha sido "irregular en el mejor de los casos y reprensible en el peor", se critica duramente la actitud de Estados Unidos al promover unas negociaciones de paz irrelevantes ante la postura de rechazo de Israel hacia ellas. De Soto describe el denominado Cuarteto para Oriente Próximo -formado por Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y la ONU- como un "espectáculo secundario". Según el diplomático, el bloqueo "transformó al Cuarteto desde un grupo de cuatro que promocionaba las negociaciones, guiado por un documento común (la Hoja de Ruta), a un cuerpo que estaba casi imponiendo sanciones a un Gobierno libremente elegido por un pueblo bajo la ocupación, así como imponiendo precondiciones inalcanzables para el diálogo". El que la Administración Bush se lanzara tan rápidamente a asfixiar por todos los frentes a la ANP, colocando a Abbas entre la espada y la pared, se debe a la estrategia para la región adoptada por la Casa Blanca y diseñada por los 'think tanks' neocon: el Gran Oriente Medio, presentada en junio de 2004 por el presidente estadounidense ante la cumbre del G-8 en Sea Island (EEUU). Según explicó Bush, la democratización y modernización de la región, en la que Iraq es el primer paso, es clave para lograr la victoria en la guerra contra el terrorismo, un ámbito en el que Hamas está englobado según la cúpula de Defensa norteamericana. Concretamente, el objetivo del programa, también denominado grandilocuentemente ‘Cooperación para el progreso y el futuro común’, es "fortalecer la libertad, la democracia y la prosperidad para todos", fomentando la libertad de expresión y la igualdad entre el hombre y la mujer. La propuesta también incluía proyectos para promover la educación, el microcrédito, el desarrollo del sector privado y la coordinación entre las diferentes agencias de ayuda, con la idea de que a largo plazo estos pasos conducirán a la democracia. Sin embargo, sin definir cuánto costaría el programa ni la forma de ponerlo en marcha, el Grupo de los Ocho suscribió el 9 de junio el plan, aunque introduciendo importantes modificaciones sobre el proyecto inicial ideado por la Casa Blanca. Por supuesto, el plan original aludía a "cambios de régimen" en la región, pero su versión final, no obstante, carece de medidas de apoyo a partidos, de fomento de la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones u otros proyectos de carácter puramente político a causa de las presiones de los aliados y de algunos gobiernos árabes. La declaración aceptada por Estados Unidos hace hincapié también en la necesidad de tener en cuenta la diversidad de la región, después de que el plan original fuese criticado por meter en un mismo saco a países tan diferentes como Marruecos y Pakistán, aunque alerta de que las diferencias "no deben ser explotadas para evitar las reformas". Lo que no incluía, y fue introducido en la ONU a instancias de Jordania y Turquía, era una referencia al conflicto palestino-israelí. Finalmente, se contemplaba el apoyo a "un acuerdo justo, amplio y duradero", basado en la Hoja de Ruta. Este documento tenía el propósito de encarrilar el proceso de paz de Oriente Próximo que se puso en marcha en la capital española tras la Guerra del Golfo en noviembre de 1991. Fue elaborado en 2002 bajo los auspicios del Cuarteto y pretendía alcanzar la completa resolución del histórico conflicto entre palestinos e israelíes hacia el año 2005 mediante la creación de un Estado palestino que viviera en paz y seguridad al lado del Estado de Israel en tres fases. La primera de ellas exhortaba a ambas partes a comprometerse a devolver la situación a como era previa al estallido de la Intifada de Al Aqsa en septiembre de 2000. La segunda, que debería haberse desarrollado entre junio a diciembre de 2003, prevía la creación de un Estado palestino independiente con fronteras provisionales, tras un proceso de reconstrucción nacional tanto económico como político. La tercera, por último, a tratarse entre 2004 y 2005, establecería un acuerdo final entre las partes que incluyese la fijación de fronteras, la resolución de las cuestiones de Jerusalén, los refugiados palestinos y los asentamientos judíos, principales escollos en conversaciones anteriores. Todos estos puntos suenan ciertamente utópicos, y más si quien tiene que promoverlos son dos gobiernos como el de George W. Bush y el del por entonces primer ministro israelí, Ariel Sharon. El escaso interés de ambos fue determinante para que el proceso se estancara y Sharon decidiera unilateralmente retirar al ejército israelí de Gaza, desmantelando los asentamientos de colonos a mediados de 2005, lo cual dejó en manos de Abbas una situación tan potencialmente peligrosa como finalmente ha sido. Sharon era consciente del auge de Hamas en Gaza y que podría meterse en un callejón sin salida si Hamas ganaba las elecciones, ya que muy probablemente sería imposible mantener la seguridad de los colonos. Además, de rebote, el que los islamistas se hicieran con el control de la Franja provocaría un cisma en la ANP y una posible guerra civil entre Hamas y Al Fatah, como así ha sucedido. El efecto secundario del vacío de poder dejado por el ejército israelí fue el aumento de influencia de Siria e Irán en la zona. Al igual que en el caso de Iraq, en donde el régimen de los ayatolás ha sido el principal beneficiado por el aumento de poder de sus correligionarios chiíes, la sombra de las grandes potencias regionales y mundiales alcanza a todo lo que sucede en el conflicto palestino-israelí, dibujando cada vez más nitidamente en la zona un bando integrado por Siria e Irán de un lado -además de Hizbolá, por ejemplo- y Estados Unidos, Arabia Saudí y Egipto del otro. En concreto, la irrupción de Irán como potencia es el mayor desafío para la hegemonía mundial de Estados Unidos, no sólo porque en un futuro más o menos lejano pueda llegar a hacerse con un arsenal atómico, sino por algo mucho más real y actual: la enorme capacidad de influencia con la que cuenta en casi todos los países de la región. Y no sólo se trata de Iraq, Líbano o Gaza, sino que por ejemplo en Arabia Saudí la población chií es del 75 por ciento en la región del Golfo Pérsico, donde se concentran casi todos los pozos petrolíferos. Además, la llegada del populista Mahmud Ahmadineyad a la presidencia de la república islámica, no ha hecho sino consolidar un discurso nacionalista de cara al interior y desafiante hacia el exterior que ha echado gasolina a un incendio ya de por sí difícil de controlar. Ante esta situación, la posibilidad de un ataque estadounidense a objetivos iraníes no se puede descartar ni mucho menos, y más cuando algunos de los posibles candidatos a la Casa Blanca opuestos a la intervención de Washington en Iraq, como Hillary Clinton, hayan manifestado que un Irán con capacidad nuclear no puede consentirse. Por supuesto, algunos sectores del Pentágono defienden la intervención militar, la cual arrastraría a Israel, el principal amenazado por el hipotético arsenal nuclear iraní. Sin embargo, resulta difícil imaginar que Irán acabase acatando los deseos de la comunidad internacional y abandonase sus planes nucleares con una serie de bombardeos selectivos norteamericanos, que lo más probable es que acallasen las voces de la disidencia dando alas a los radicales. Exactamente como en Gaza, la zona que más duramente ha sufrido la ocupación israelí y que ha terminado por convertirse en el feudo de los islamistas. Najib Abu Warda, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense “Ni Hamas ni Al Fatah ganarían las elecciones” —¿Quién es el culpable de la situación a la que ha llegado la Autoridad Nacional Palestina? —Si analizamos el conjunto de las circunstancias, el principal culpable es la ocupación israelí, el fracaso de las negociaciones y las condiciones infrahumanas a las que está sometido el pueblo palestino desde hace mucho tiempo. En estas condiciones de absoluta marginación, son responsables no sólo los dirigentes de la ANP, o los dirigentes de Hamas, sino también la política de los gobiernos a nivel regional y mundial. Hay una gran responsabilidad que tiene la comunidad internacional al no hacer nada ante una situación tan grave como tiene la Franja de Gaza, de bloqueo sistemático, de falta de expectativas...que desemboca inevitablemente en el conflicto palestino-palestino que podía evitarse. —¿Por qué el gobierno de coalición entre Hamas y Al Fatah se ha venido abajo tan rápidamente? —Tanto el gobierno de coalición como los anteriores, son soluciones superficiales que no profundizaban en las causas del conflicto. Todas la iniciativas de gobierno estaban destinadas al fracaso porque no abordaban la situación de bloqueo de la Franja. En este sentido la actitud tanto de Hamas como de Al Fatah está siendo descalificada plenamente por el pueblo palestino, que es en definitiva la víctima de estas circunstancias y del fracaso de las facciones de encontrar una solución justa y equilibrada para sus problemas. Pero no menos responsable son algunos gobiernos extranjeros especialmente el israelí, ya que lo que hemos visto estos días estaba previsto hace veinte años. Desde su creación, desde el punto de vista israelí, estaba destinada a debilitar la OLP y la faceta nacional de la resistencia palestina. Evidentemente, en política internacional y a nivel global de Oriente Medio el escenario que estamos viendo seguramente estaba planificado hace cincuenta años. El diseño de Oriente Medio surgido tras la I Guerra Mundial no responde a las necesidades de las potencias actuales, especialmente Estados Unidos, que empezó hace años a planificar nuevas formas de Oriente Medio a través de iniciativas como el 'Gran Oriente Medio' intentando ajustar el escenario internacional a sus intereses. —¿Lo sucedido puede denominarse guerra civil o se trata de una lucha por el poder entre dos facciones? -No se trata de una guerra civil, sino de guerra por el poder y como consecuencia de la gestión de la ANP por todas las facciones que forman parte de ella, sin ninguna excepción. Lamentablemente, los grupos palestinos, políticamente hablando, están demostrando su incapacidad de estar a la altura de su responsabilidad en el movimiento de liberación nacional más largo que ha tenido la historia contemporánea. Están obligados a unificarse y a evitar cualquier confrontación entre ellos porque el coste de la misma lo van a asumir el propio movimiento de resistencia palestina, el movimiento de liberación, la independencia y las expectativas de futuro del pueblo. Los políticos palestinos están haciendo grandes daños a la causa palestina, que tiene todos los elementos para ganar la guerra pero no las batallas. Estas actitudes, lo que hacen, es alargar en el tiempo el concluir con éxito los objetivos palestinos. —Una vez alcanzada tal situación de caos en Gaza, ¿por qué los líderes de los partidos no han sido capaces de frenar a sus respectivas facciones armadas? —Como todos los actores internacionales tiene algo que jugar en el escenario palestino, los acontecimientos no dependen tanto de la propia decisión política palestina, sino de la implicación y la voluntad de aquellos. Los cuales, posiblemente, no están interesados en encontrar una resolución definitiva al conflicto, porque, hasta hoy, el mantenimiento de esta cuestión sin resolver responde a, por ejemplo, el negocio de la guerra, a las multinacionales de la guerra. Hay una ausencia de voluntad internacional de resolver el conflicto, lo cual es ajeno a la propia capacidad palestina para encontrar una solución. —¿Por qué en una situación de tal caos Abbas ha optado por disolver el Consejo Nacional de Seguridad? —Porque desde su fundación es un órgano cuestionado, sin eficacia ninguna, lo cual ha quedado demostrado con los acontecimientos de Gaza. Por lo tanto, en un gobierno de emergencia debe reestructurarse el aparato de seguridad, que por encima tiene al propio Consejo, y elaborar mecanismos que se adapten mejor a ese nuevo contexto. —¿Cómo se explica que Hamas goce de tanta fuerza en Gaza y no así en Cisjordania? —Es difícil la comparación entre las dos regiones. Gaza es una zona más marginada y las condiciones económicas, sanitarias, sociales o educativas son totalmente distintas. En la situación de Gaza se encuentran los factores idóneos para que un grupo como Hamas tenga éxito, ya que Cisjordania está más abierta y comunicada. —¿Quién es el verdadero líder de Hamas actualmente?¿Haniye ha quedado relegado por el ala más dura de su partido? —Posiblemente Haniye sea uno de los líderes menos radicales dentro de Hamas, encabezando el sector moderado y otros, entre los que se encuentran algunos de los fundadores del partido, son los que están encendiendo el ambiente y han provocado que se llegue a estas circunstancias, como el antiguo ministro de Exteriores en el primer gobierno de Hamas (ver apoyo 'Los protagonistasdel conflicto'). En estos momentos puede haber un debate, al menos intelectual, entre el sector moderado y el sector más radical, al igual que en el ámbito de Al Fatah. En él, estamos observando también el inicio de una autocrítica que puede desembocar en la reestructuración del partido en la Franja de Gaza y Cisjordania. —¿Es posible que, a través de sus vínculos con Irán y Siria, Hamas estuviera conectado también con grupos como Fatah Al Islam, que ha tiene al ejército libanés en jaque atrincherado en el campo de refugiados palestinos de Hahar al Bared, al norte de Beirut? —Cada una de las potencias regionales y mundiales utiliza una facción o un grupo palestino como elemento en su política exterior. No está desconectada la actividad de Hamas con las políticas de países como Irán o Siria, lo mismo que no está desconectado Al Fatah de la Unión Europea, Estados Unidos, Egipto, Jordania o Arabia Saudí. —¿Quién se haría con la victoria en unas futuras elecciones? —Ninguna de las dos facciones más importantes porque las dos son responsables del caos de la zona, por lo que los candidatos independientes tendrían mucho más apoyo. En todo caso, yo cuestiones la legitimidad de las elecciones bajo ocupación, porque la propia ocupación condiciona las elecciones y sus resultados. Son cuestionadas todas las elecciones a la ANP, no sólo por esto, sino también porque el sistema restringe la participación a los habitantes de Gaza y Cisjordania, excluyendo de ese derecho a los cinco millones de palestinos que viven en el exilio. —¿Qué opciones le quedan a Hamas, aislado territorialmente por Israel y diplomáticamente por los países árabes vecinos? —Hamas está empezando a perder apoyo popular palestino, que es la clave de su éxito. A pesar de todas las causas que podría utilizar Hamas como argumentos y justificaciones para desmantelar las instituciones palestinas por sus deficiencias, el pueblo de Gaza se está dando cuenta de que la ausencia de orden, de instituciones, insisto, a pesar de sus deficiencias, no es la mejor solución. El pueblo palestino no quiere estar aislado del escenario internacional y está cansado de la utilización de su causa por los distintos grupos, partidos o líderes. Estamos asistiendo a la iraquización o afganización de la situación, y el pueblo palestino presumía de estar mucho más alto que las condiciones de estos dos países. Los protagonistas del conflicto Políticos de larga trayectoria nacidos antes de la fundación de Israel o criados ya bajo la ocupación israelí y educados en campos de refugiados, economistas formados en las instituciones financieras internacionales, mandos policiales denunciados por ejercer la tortura, islamistas inspirados por la revolución de Jomeini...estos son los principales actores de la situación política palestina. El heredero de Arafat El presidente de la ANP, Mahmud Abbas, es el representante de la vieja guardia de la Organización para la Liberación de Palestina. Compañero de Yasir Arafat desde la fundación de Al Fatah a principios de los sesenta y curtido en prosperar en medio de las luchas intestinas de una organización dividida en múltiples clanes, consiguió imponerse a sus rivales en la sucesión del rais. Nacido en Safed, Galilea, al norte de lo que hoy es el estado de Israel, tras doctorarse en filosofía en Moscú, comenzó a escalar posiciones en la OLP hasta alcanzar el cargo de secretario del Comité Ejecutivo de la organización y ser el portavoz en las conversaciones de paz. Desde que dirigió las conversaciones secretas con los israelíes en Oslo, que concluyeron con la firma en septiembre de 1993 de la Declaración de Principios en Washington, por la que Israel se comprometía a ceder la autonomía a Gaza y Jericó, el ala moderada de la OLP lo consideró el arquitecto de la paz, mientras para otros era un liquidador de la causa palestina. El rechazo de Israel a tener como interlocutor a Yasir Arafat para negociar la Hoja de Ruta, que preveía la creación escalonada de un estado palestino independiente, sumado a las presiones internacionales para que reformara el organigrama de poder palestino, forzó su nombramiento en el cargo recien creado de primer ministro de la ANP en marzo de 2003. A pesar de que dimitió seis meses después ante la negativa del líder histórico palestino a transferirle el control sobre las fuerzas de seguridad, tantos años en la cúpula de la OLP le destacaron como sucesor natural de Arafat, cuyo cargo de presidente de la ANP fue refrendado por las urnas en enero de 2005 con el 62 por ciento de los votos. El hombre de Washington El nombramiento de Salam Fayad como primer ministro del gabinete de emergencia es el gesto más elocuente sobre las intenciones de Abbas de agradar a las potencias occidentales, en especial a Estados Unidos, y granjearse el favor de los organismos financieros internacionales. Es el artífice de las reformas de las estructuras económicas dentro de la ANP y cuenta con gran respaldo entre los propios palestinos por su credibilidad y su política contra la corrupción. Fayad obtuvo la ciudadanía estadounidense tras estudiar en ese país y trabajar en la sede del Banco Mundial en Washington entre 1987 y 1995. Después de ser portavoz del FMI en Palestina, en 2002 se incorpora al gabinete de Arafat en la recien creada cartera de Finanzas, cargo que abandonó en noviembre de 2005 por sus diferencias con Abbas en la gestión de los presupuestos. Tras encabezar una lista independiente a las legislativas de enero de 2006, el presidente de la ANP volvió a recurrir a él en el gobierno de coalición formado en marzo de este año. El señor de la guerra en Gaza El hasta el momento jefe de los servicios de inteligencia palestinos y de las fuerzas de seguridad, Mohamed Dahlan, es el gran derrotado por lo sucedido en la Franja, aunque por su juventud, 46 años, tendrá mucho que decir en el futuro. El hombre fuerte de Al Fatah en el territorio de Gaza, es también uno de los preferidos por Washington, de hecho, estaba junto a Abbas en la lista de posibles primeros ministros que EEUU pasó a Arafat en 2003. Nombrado por el propio Arafat jefe de los cuerpos de seguridad en 1994, cuando Gaza recuperó la autonomía, ha sido desde entonces uno de los personajes más odiados por Hamas al ejercer una represión durísima contra sus militantes tras la oleada de atentados de mediados de los noventa. Apartado de la escena por sus diferencias con el rais -llegó a presentarle su dimisión en dos ocasiones, enero de 2001, que no le fue aceptada y octubre de 2003-, Abbas le eligió como su hombre de confianza para los asuntos de seguridad, aunque las relaciones con el presidente de la ANP tampoco han sido buenas. En las elecciones de enero de 2006 se presentó como independiente bajo una lista encabezada por uno de los principales disidentes de Al Fatah, Maruan Barguti, aunque Abbas volvió a recurrir a él en el gobierno de coalición, a pesar de la oposición de Hamas. El líder carismático El primer ministro destituido por el decreto presidencial, Ismail Haniye, pasará a la historia como el hombre que consiguió romper la hegemonía de Al Fatah, aupando a Hamas al poder tras ganar las elecciones de enero de 2006, los primeros comicios a los que concurría el movimiento de resistencia islámico. Creció en el campo de refugiados de Shati, situado en la costa de la ciudad de Gaza, donde recibió educación primaria en dos colegios regentados por la UNRWA, la Agencia de la ONU para la Ayuda a los Refugiados Palestinos. Su activismo político empieza durante sus estudios en la Universidad Islámica de Gaza en la primera mitad de los ochenta. Desde su puesto de presidente del consejo de estudiantes de esta universidad, participó en la creación de Hamas en la primera Intifada, en 1987, y, tras varias detenciones y ser deportado al sur del Líbano durante algunos meses por el entonces primer ministro de Israel, Isaac Rabin, junto a otros 451 dirigentes del movimiento islámico, su trayectoria en el partido se dispara a su regreso a la Franja en 1993. Ingresó en el buró político de Hamas en 2000, e incluso llegó a dirigir la oficina del jeque Ahmed Yasín, fundador y mentor espiritual del partido, asesinado por Israel en marzo de 2004. De hecho, en 2003, el propio Haniye sobrevivió a un intento de asesinato cuando almorzaba con Yasín en la residencia de otro dirigente de Hamas y un caza del Ejército israelí atacó el inmueble. Joven y con mucha capacidad de convocatoria entre la población, se destacó como el candidato ideal para los históricas elecciones del año pasado, donde consiguió 74 de los 132 escaños del parlamento palestino. El poder en el exilio Jaled Meshal ha sido el interlocutor de Mahmud Abbas durante las últimas semanas para lograr un alto en fuego en Gaza, ya que los líderes de los grupos armados vinculados a Hamas manifestaron abiertamente que sólo acatarían sus órdenes, no las de Haniye. Es el líder de la oficina política del movimiento islámico en el exterior desde 1996 y está considerado como el mentor político del grupo y su principal captador de recursos financieros. Ingresa en Hamas desde Jordania, a donde se había trasladado tras la invasión iraquí de Kuwait en 1990, ya que después de la Guerra de los Seis Días de 1967, cuando Israel ocupa los territorios palestinos, él y su familia se ven obligados a huir allí. En septiembre de 1997, mientras vivía en Ammán, fue objeto de un envenenamiento por dos agentes de los servicios secretos israelíes al inyectarle una pócima cuyo efecto pudo ser frenado. En 1999 se establece en Damasco (Siria) donde abre una oficina permanente de la Organización y donde reside en la actualidad. El ala dura Mahmud Al Zahar fue viceprimer ministro y ministro de Asuntos Exteriores en el gabinete formado por Haniye en mayo de 2006, y representa el sector más radical del partido. Junto a Abdelaziz Rantisi y, sobre todo, el jeque Ahmed Yasin, del que fue su médico, fue uno de los principales artífices de la creación en 1973 de Al-Mujamma al-Islami, el centro islámico que fue el embrión del que nació Hamas Tras ser deportado a Líbano junto al grupo de palestinos acusados de atentar contra el estado de Israel en el que también estaba Haniye, en abril de 2004 accedió a la jefatura de la oficina política del partido en Gaza tras los asesinatos selectivos por parte de Israel de sus antecesores, Yasín y Rantisi. Antes de acceder al cargo, era el agente de enlace con la Autoridad Nacional Palestina, y sus discrepancias con ella, a la que acusa de traidora por hacer concesiones a Israel, le ha valido en ocasiones la cárcel por instigar actos violentos contra ella. Fue excluido del gobierno de coalición formado en marzo debido a la oposición de Al Fatah. |
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