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AGUA VA...
Ramón O'Pina
Nº 747 - 25 de junio de 2007
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Hogueras, santos y pecados

No he sido –nunca– invitado a los jardines de palacio, pero a mal seguro que este año no hay copa de San Juan (escribo el 17 domingo y ETA aún no ha matado de nuevo)). Yo, no es que prefiera el día de San Pedro y San Pablo (viernes 29-J) por cerrazón anti-juanista, ni falta de sensibilidad levantina o aprecio a las fiestas de "hogueras", no, lo mío es cuestión de memoria castellana. Por San Pedro, los campos de Castilla se llenaban de gentes que bajaban de Galicia y otras tierras del Norte para la siega. En las plazas de ciudades y pueblos, aquellos hombres, con su hatillo al hombro y su hoz enrollada en tela de saco bajo el brazo, se juntaban por cuadrillas a la búsqueda de quien les ajustase el tajo para dejarse los riñones entre espigas y amapolas. De sol a sol. No había mujeres allí (luego, en el campo, sí: espigando, en la trilla...) pero sí niños: los aguadores. Niños que, con un botijo de agua a rastras, daban de beber a los hombres mientras segaban. San Pedro era la llegada del verano. Para unos, vacación, viajes, reencuentros... Para los aguadores, su iniciación en el camino de la injusticia social; la morriña; el desarraigo y el sabor salado del pan candeal, duro de siete días, untado de tocino rancio. Ahora, andamos celebrando los treinta años (antesdeayer como quien dice) de la historia de la democracia, con procesiones y novenas a nuestro patrón: Adolfo Suárez. El vivía al lado del Chico y por San Pedro, antes de "veranear" en El Tiemblo o Cebreros, conoció de cerca los San Pedro de los aguadores (asustados como gorriones caídos del nido, bajo los soportales de la plaza del ayuntamiento de Ávila). Ahora ha cambiado a los sinpapeles de invernadero o andamio.

Entonces, antes y ahora, los que siguen igual son los curas. Ya no tienen Adolfos a los que dar clase de latín en verano, ni usan teja y sotana, pero siguen igual. Si no peor. La ultima es de coña: el ¡a la hoguera! ¡Anatema! a los cruzados de Amnistía Internacional, por su peccata defensa del derecho al aborto justificado. Coño, ¿qué pasa, no se confiesan los millones de sus fieles que abortan cada año? Y, sobre todo, que si es pecado, arrimen ustedes el hombro e intenten conseguir pecadores arrepentidos, que ya lo dijo Jesús de Nazaret –Palestina, por cierto, donde la vida sí que no vale un real–: "Dadme un solo pecador arrepentido y el cielo reventará de gloria"(algo así). Vamos, que pecar es sólo eso: pecar. Lo más humano que hay. La razón y ser de la redención divina. Del pecado original, motivo del alfa bautismal, al omega del perdón de los pecados, razón y esperanza de la promesa de vida eterna en el cielo. Claro que, si ustedes mismos, del jefe de Gobierno Vaticano al último diácono, no se lo creen, apaga y vámonos. Pero dejen ya de flagelar a sus fieles con el miedo a sus propias sinrazones, sin parar de arrimar las ascuas del infierno a sus sardinas y salmones (¿no quedamos que ya no existe el infierno?). Apesta a chamusquina de auto de fe.

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