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Nº
747 - 25 de junio de 2007 |
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| Hemeroteca | Esta semana |
Del tremendo alegato del periodista y dominico Quintín García Quintín García González es sacerdote dominico y periodista. Parece El Zorro o el Guerrero del Antifaz, héroes de nobles causas que trataban de hacer el bien en medio de tanto mal. De pronto, cuando nadie se lo imagina, Quintín García irrumpe en algún medio de comunicación, preferentemente en El País, y arremete contra los desvaríos de la jerarquía católica. Luego vuelve a sumergirse en su vida cotidiana hasta que insiste en sus latigazos, semejantes a los que impartió Cristo a los mercaderes del templo. Se ignora hasta cuándo los dirigentes de la Orden Dominicana podrán soportar la presión contra este nuevo hereje de cardenales, arzobispos y obispos, incluida la presión suprema del Vaticano. Nos tememos lo peor. Y es que como dijo el otro día Leonardo Boff en su visita de solidaridad con los curas y feligreses de la madrileña iglesia de Entrevías, la parroquia roja de San Carlos Borromeo, que ha suscitado la cólera de los mandamases del catolicismo, “hay pastores que utilizan el bastón no contra el lobo, sino contra las ovejas”. Manuel Rivas, en el diario de Prisa, escribió el 16 de junio sobre la Inquisición. Recordaba que las actuaciones del Tribunal del Santo Oficio no se desarrollaron sólo en los tiempos de Mariacastaña o de Torquemada, sino que el último ajusticiado en España por los inquisidores fue el maestro Cayetano Ripoll, muerto en Valencia el 26 de julio de 1826, sentenciado a la pena máxima por sus creencias deístas y contrarias al dogmatismo católico. Eso sí, fue ahorcado pero no quemado en una hoguera. Las llamas únicamente fueron simbólicas mediante la exhibición pública de un barril con las llamas pintadas. Aludía Ribas también al auto de fe llevado a cabo en Lisboa, el año 1789, coincidiendo con la Revolución francesa; el dramaturgo portugués António José da Silva murió estrangulado y, éste sí, quemado en la hoguera. Añadió Rivas de su cosecha las siguientes y clarividentes consideraciones: “Supongo que estas historias ejemplares deberían estudiarse en algún lado, no sé si en la asignatura de Religión o en la de Educación para la Ciudadanía. Yo tengo una fe cuáquera y una esperanza algo cómica. Creo que nunca más se volverá a castigar de forma cruel a nadie en España por sus creencias religiosas”. Remató su magnífica faena con estas palabras: “Pero estaría bien recuperar como símbolo el barril con las llamas pintadas. Allí, en la escuela, a modo de papelera, podríamos ir echando cuenta de las nuevas pulsiones inquisitoriales de la Iglesia, que son noticia día tras día. Silenciar a teólogos de compromiso humanista, despedir a profesores por rehacer su vida sentimental, cerrar la iglesia-refugio de Vallecas, y ahora… ¡un boicot a Amnistía Internacional! El colmo del barril del maestro Ripoll”. Pues bien, el sacerdote dominico Quintín García González me temo que antes pronto que tarde será objeto de un proceso inquisitorial, en la actualidad a cargo de la Congregación de la Doctrina de la Fe, donde el papa Benedicto XVI reprendió, persiguió y culpabilizó a los teólogos de la Liberación. Esa Congregación tiene como máxima autoridad en España al cardenal Cañizares, más ortodoxo y rigorista que el Concilio de Trento. Su artículo en El País del 17 de junio fue espléndido. ¿Firmó escribiendo lo que escribió su pena de muerte como clérigo y religioso de la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana? El título fue éste: “De curas rojos, misas de Estado y de barrio”. Se preguntaba Quintín García: “¿Es que acaso son iguales el grupo humano que participó, presidido por el cardenal Rouco, en la misa de Estado de la boda del Príncipe y el que forma la parroquia de San Carlos de Entrevías? En la boda del Príncipe estaban todos los principales del país. En la parroquia se suelen mover cristianos de extracción y conciencia popular, personas del ámbito de la marginación, Madres contra la Droga, Traperos de Emaús, excluidos sociales”. Y se preguntaba también: “¿Son semejantes este grupo humano y el que, presidido por el cardenal Rouco, celebró la misa de la boda de la hija de Aznar, formado por muchos de los peces gordos del poder económico, político, la llamada gente guapa y pija de la sociedad nacional e internacional, a los que vimos en los periódicos hacer confesión de fe económica y social nada evangélicas, y en las revistas del corazón hacer exhibición de sus grandes e injustas fortunas, de sus fiestas, despilfarros y hasta de sus obras de caridad insultantes? ¿Se parecen en algo el grupo de Entrevías y el de los cardenales, obispos, monaguillos mil, guardias suizos, banqueros y cuerpo diplomático del Estado vaticano, diseñadores de magnificientes ceremonias religiosas egipcias, jefes de todos los Estados del mundo –incluido el Bush de la guerra de Iraq condenada por el difunto–, de los grandes movimientos de espiritualidad neoconservadora y papista que ponen a disposición de la mayor honra y gloria del Vaticano sus grandes palataformas y medios para llenar plazas y magníficos actos con multitudes cautivas?”. Tremendo alegato el del dominico Quintín García. Acabemos con otra de sus peguntas: ¿Tiene el cardenal Rouco –condenador del lenguaje y las formas celebrativas propias de la comunidad de San Carlos–, miembro de esas élites que celebran las misas de Estado y similares, ocupado en altas reuniones y en refundir todos los días el ideario cristiano de la COPE para adaptarlo a las exigencias mediáticas, políticas y económicas de sus principales voceros y grupos de presión, tiene, digo, la misma sensibilidad y lenguaje de los sectores populares y excluidos de Entrevías?” Bravo, Quintín, y suerte, que te la juegas con los inquisidores. Luis G. del Cañuelo |
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