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Nº 747 - 25 de junio de 2007

Junio, aniversarios del pasado y perspectivas
de futuro

Las fechas señaladas son frecuentes en el calendario y se suceden dando más fuerza al recuerdo con la magia que las cifras redondas dan. Y junio es un mes particularmente rico en aniversarios y en acontecimientos que van a marcar nuestras perspectivas de futuro.

En España celebrábamos 30 años de las primeras elecciones democráticas. La memoria se resiste a creer que haya pasado tanto tiempo desde aquella primavera que floreció gracias al haraquiri que se hicieron las Cortes franquistas al votar la Ley de Reforma Política. Pero parecen pocos para cobijar la transformación que ha vivido España en esas tres décadas, sin duda las mejores de nuestra historia moderna.

En el otro extremo del Mediterráneo, en Palestina, las cosas han ido mucho peor de lo que se podía esperar. Este junio también nos ha traído el 40° aniversario de la Guerra de los Seis Días, cuyo recuerdo ha hecho correr ríos de tinta, mientras en Gaza corre la sangre de los palestinos enzarzados en una guerra civil fruto de su desesperación.

La UE apoya al presidente Abbas y parece ahora dispuesta a continuar la ayuda que suspendió parcialmente después de la victoria electoral de Hamas. Sólo una acción decidida del Cuarteto (Rusia, EE UU, la UE y la ONU) podría aportar alguna esperanza, pero basta con leer el informe de Alvaro de Soto, enviado especial de la ONU en Oriente Próximo, para valorar las responsabilidades de Washington, de la UE y de la propia ONU frente a la política de hechos consumados de Israel.

Hace algunos días asistíamos al fracaso de la Conferencia de Vienasobre las armas convencionales en Europa, convocada a instancias de Rúsia en el marco de la OSCE.

La negativa de los países occidentales de ratificar la versión de 1999 del Tratado que limita las armas convencionales en Europa hasta que Rusia no retire sus tropas de Transnistria (Moldavia) y Abjasia (Georgia) es el segundo fracaso diplomático de Rusia, después de que la OTAN aprobara el despliegue del escudo antimisiles americano en Centroeuropa. En Rusia crece el sentimiento de estar cada vez más rodeada por una OTAN que se extiende a sus antiguos satélites o ex republicas... y eso no augura nada bueno.

En cambio, las expectativas parecen mejorar en Darfur. El presidente sudanés ha aceptado el despliegue de una fuerza de paz de la ONU en la zona y Francia ha iniciado un puente aéreo de ayuda humanitaria desde el Chad. El conflicto de Darfur cumple cuatro años y ha provocado una gravísima crisis humanitaria, en la que la UE ha invertido 400 millones de euros para aliviar sus dramáticas consecuencias. Desde esta tribuna tendré ocasión de comentarlas para los lectores de EL SIGLO, puesto participaré próximamente en una misión de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo que visitará Darfur y Chad.

Pero junio nos trae también un Consejo Europeo que debería intentar rescatar el rumbo de Europa. Cuando escribo estas líneas, las posibilidades de acuerdo son aún inciertas.

La canciller Merkel intenta llegar a un acuerdo sobre las enmiendas al Tratado de Niza que modestamente reemplazarán al proyecto de Tratado Constitucional. En realidad, lasmayores dificultades para alcanzar un acuerdo no vendrán de los que dijeron no, Francia y Holanda, sino del Reino Unido y Polonia, que utilizaron ese no como burladero.

Londres se opone a que la Carta de Derechos Fundamentales tenga valor jurídico, y a la extensión del voto por mayoría cualificada a más áreas de libertad, justicia e interior. Lo aceptó hace cuatro años en los trabajos de la Convención pero lo que ayer era aceptable ahora parece que ya no lo es.

Varsovia rechaza uno de los grandes acuerdos del Tratado Constitucional, el peso de cada país en el sistema de doble mayoría para la toma de decisión en el Consejo. Ello arrastrará inevitablemente a la discusión sobre el número de parlamentarios en el Parlamento Europeo y la composición de la Comisión.

Esperemos que la simplificación no sea la forma de ocultar la mutilación de partes del texto, como la Carta de Derechos Fundamentales, considerada fundamental por los sindicatos europeos, y que convertiría el rechazo al Tratado Constitucional en otra victoria pírrica de parte de la izquierda francesa.

Pero más allá del resultado del próximo Consejo, el debate refleja la dificultad de los europeos para pensarse como tales, más allá de su cooperación como buenos vecinos que han superado viejas rencillas. Y eso no hay Tratado que lo remedie... Sólo tendrá solución cuando los europeos estemos convencidos de la necesidad de unirnos para influir, desde nuestra escasa dimensión demográfica, en la historia del mundo globalizado.

José Borrell
*Miembro de la Comisión de Energía (ITRE) del Parlamento Europeo

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