Nº 746 - 18 de junio de 2007
Hemeroteca
Esta semana
Lista Tribuna
Buscador
Bandera amarilla

por Miguel Ángel Aguilar

H ay al menos dos notas excepcionales que singularizan a los medios de comunicación españoles frente a los originarios de otros países de nuestro mismo contexto político cultural. En efecto, en todos los países existe alguna publicación del corazón pero aquí esa especialidad conforma el sector más numeroso y más próspero de los semanarios y ha probado un carácter invasivo con ramificaciones que se extienden por los programas de los canales de televisión y de las emisoras de radio, mañana, tarde y noche.

La otra anomalía diferencial es de signo contrario. En vez de la abundancia desbordante que acaba de describirse en el área del corazón ahora se trata de una carencia: la de prensa amarilla. Porque en España ningún medio ha izado en su mástil la bandera amarilla con la que navegan diarios tan consolidados como The Sun o Daily Mirror en Londres o Bild Zeitung en Hamburgo. Los amarillos son diarios muy populares con tiradas millonarias incomparablemente mayores que las de los diarios de calidad, los quality papers que corren en otro circuito sin inquietarse de esas diferencias de circulación pero muy conscientes de sus deberes en el mantenimiento de sus estándares profesionales y de sus niveles de influencia en los círculos que cuentan en la vida política, económica, social o cultural. El Financial Times, The Guardian o The Independent saben que para ellos existen otras unidades de medida. Claro que la primera consecuencia de la inexistencia en España de diarios amarillos es que el conjunto de la prensa española amarillea.

Recuerdo que Luis María Anson, cuando dirigía el ABC verdadero, solía responder, a quien aducía el raquitismo de los índices de difusión de la prensa diaria en España –inferiores a los 100 ejemplares por 1.000 habitantes–, que si se descontaba la difusión de la prensa amarilla los índices de Gran Bretaña o de Alemania venían a ser equiparables a los nuestros. Así debía de hacerse en su opinión porque la prensa de calidad y la amarilla eran de naturaleza heterogénea y sus ventas en absoluto eran susceptibles de suma. Los diarios amarillos están centrados de manera obsesiva en el incremento de la circulación por no importa qué medios, mientras que los diarios de calidad enfocan su apuesta por el prestigio y la credibilidad.

Esta diversidad de objetivos viene de lejos. Véase al respecto el negro pronóstico que formulaba Fernanflor –incorporado a la galería de retratos de periodistas en las Cortes inaugurada por el Rey el pasado día 15– a la altura de 1898: "Malos días son estos para los diarios y los redactores de ellos (...) Cuántos lectores hay en España que lo son no por mejorar de juicio, sino por recrearse viendo sobre el papel su propio sentir: que el público sólo ama su opinión y sólo a ella escucha y favorece, y de cualquier otra murmura y se aparta; de donde viene a resultar que para un diario combatir las preocupaciones y afrontar la masa es decrecer en recursos y morir". Se equivocaba nuestro ilustre colega porque en el nicho del prestigio hay una clara oportunidad de supervivencia y de magnífico negocio.

Invoco el testimonio de mi amiga Pirucha Cano, convocada a París en los días inciertos de la primera guerra del Golfo junto a los primeros ejecutivos de las tiendas de Cartier en todos los países del mundo. A su regreso me dijo que en la Place Vendôme el presidente de la compañía les había dejado claro que nada debían temer, que lujo habría siempre, aunque tal vez pudieran cambiar los clientes. En todo caso, ahí están las cifras crecientes de facturación en el sector del lujo y el prestigio para ahuyentar cualquier pronóstico aciago. Pero, ¿habrá alguien con decisión para enfundar a Jotapedro el maillot amarillo y dejarlo correr en su propio y diferenciado circuito?

Hemeroteca
Esta semana
Lista Tribuna
Buscador
© El Punto Prensa, S.A. Plaza de España, 18 28008 Madrid.
Tfno: 34 91 516 08 14/15/08        E-mail: siglo@elsiglo-eu.com