Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 747
25/6/2007

Del cinturón rojo no queda ni la hebilla

Los socialistas debieran cavilar sobre las razones que les han enajenado el apoyo de la clase obrera, tal como parecen mostrar las elecciones pasadas. Vengo de Valencia donde un economista con propensión a votar al PSOE me comentaba: "Aquí, del cinturón rojo, no ha quedado ni la hebilla". Y en efecto las poblaciones industriales del entorno valenciano, históricamente progresistas, han votado al PP como ha ocurrido en la capital, donde Rita Barberá ha arrasado incluso en los barrios más populares.

En Madrid ha ocurrido otro tanto y no todo por culpa de los candidatos. Esperanza Aguirre ha ocupado cada agujero del cinturón rojo y se ha llevado hasta la hebilla. En las alcaldías del cinturón se ha mantenido mejor el PSOE que conserva Alcorcón, Getafe, Fuenlabrada y Parla pero ha perdido Leganés por querellas internas. El PP ha izado su gaviota en Móstoles, Alcobendas, Alcalá de Henares y Torrejón de Ardoz entre otros. Ocho de cada diez ciudadanos de las localidades madrileñas con más de 30.000 habitantes, son suyas.

No creo que sea casualidad que las comunidades con economías más dinámicas –Valencia y Madrid– sean feudos del PP. Cataluña y País Vasco plantean escenarios diferentes por el papel de los nacionalismos en los que ahora no entro. En las ciudades más importantes el partido más votado ha sido el Popular aunque el PSOE gobierna en 25 capitales, una más de las que administra el adversario. Es muy expresivo el caso de Andalucía, regida por este partido desde el principio de los tiempos pero en todas las capitales excepto Sevilla, Córdoba y Jaén manda la derecha. Suponíamos que las ciudades eran la avanzadilla del progresismo, donde la población estaba mejor informada, por eso resulta chocante que el PSOE haya tenido que refugiarse en la Andalucía rural donde se asienta el caciquismo. Curiosamente ha sido en los pueblos con mas pedigrí caciquil como Galicia donde el PP no se ha comido una rosca, aunque ello tiene razones específicas que no vienen al caso. La izquierda debe analizar si la sociedad española la percibe hoy como la fuerza del progreso o si atribuye esta condición a la derecha.

Sin embargo, que ésta marque el paso no quiere decir que su camino sea el más justo. Habrá que preguntarse si los ciudadanos quieren que les gobiernen los predicadores de la igualdad o quienes protegen más eficazmente sus posesiones pues una o dos casas y uno o dos coches son un patrimonio; si apoyan a quienes mejor defienden los valores y prioridades de una clase que se considera acomodada, habría que percibir si han decidido sumarse a las fuerzas ciclópeas que asfaltan el centro de la tierra que recuerdan las desencadenadas por la burguesía en la revolución industrial, tan admiradas por Marx.

Quizás los ciudadanos prefieran a estos cíclopes del ladrillo y el topo tunelador con preferencia a quienes les ofrecen hospitales o centros de la tercera edad. ¿No será que ponerse enfermo o jubilarse es cosa de perdedores? Miguel Sebastián tenía razón con su campaña de no inauguraciones; a cada tramo de túnel gallardonado respondía inaugurando una "no construcción por falta de fondos" de un hospital, de un centro para mayores, escuela, guardería o parque público. Pero topó con que la gente está en otra onda y que muchos aspiran a imitar a los vencedores. Quizás la izquierda generosa y altruista se ha quedado sin clientes en un mundo que ha adoptado los valores del liberalismo salvaje. ¡Marica el último! parece ser hoy el lema como aquel ¡Enriqueceos! de François Guizot el ministro de Luis Felipe de Orleans. O al menos el de ¡Sálvese quien pueda! El hecho de que los alcaldes pringados hayan sido reelegidos y ensalzados subraya la caducidad de ciertos valores. La corrupción urbanística sólo ha perjudicado al PSOE en Ciempozuelos, un consuelo porque prueba que a la izquierda se le exige otra ética.

¿Qué debe hacer el PSOE? ¿proclamar que el mundo está equivocado y predicar la cruzada de los viejos principios? ¿o mejor tratar de seguir a la clase que cree representar que se ha vuelto conservadora? Los avances del programa económico presentado la pasada semana por Inmaculada Rodríguez-Piñero, secretaria de Economía del PSOE que prometen reducir impuestos a las empresas y a los ciudadanos, especialmente a los más ricos a los que se reducirá los tipos máximos, parece indicar el nuevo rumbo. El problema es que plagiando a la derecha no van a ningún lado pues los ciudadanos prefieren el original a la copia.

  José García Abad

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