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Nº 746
18/6/2007
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Terrorismo: balance de tres años

Por José María Benegas

Nuevamente la vía del diálogo para lograr el final del terrorismo ha fracasado. A los fiascos de Argel y de la tregua de 1998 hay que añadirle el de esta etapa. ¿Quiere decir esto que "el diálogo" como instrumento para resolver problemas complicados ha fracasado? Desde mi punto de vista no. Lo que se ha revelado una vez más es la incapacidad y la falta de madurez manifiesta de Batasuna y ETA para desarrollar un diálogo que propicie el final del terrorismo como han hecho otras organizaciones violentas especialmente el IRA, el frente Farabundo Martí en El Salvador, las FAR (Fuerzas armadas rebeldes) en Guatemala, etc. Por lo tanto, lo que se ha puesto de manifiesto es que en las condiciones y parámetros en los que ETA se mueve hoy el final dialogado no es posible. Se ha comprobado que no se dan las condiciones exigidas en el Pacto de Ajuria Enea, "voluntad inequívoca de abandonar la violencia", para que se pueda producir un final de estas características. ETA y Batasuna han perdido una gran oportunidad que es difícil que se les vuelva a plantear en las mismas condiciones que lo ha hecho el presidente del Gobierno.

De todas maneras conviene hacer un balance de la lucha antiterrorista durante los años de Gobierno de Rodríguez Zapatero.

En primer lugar es preciso resaltar que este es el período de toda la democracia en el que menos víctimas mortales causadas por ETA hemos sufrido. Dos personas han perdido la vida, hasta ahora, durante este período. Es el mejor balance de toda la democracia. Durante los ocho años de Gobierno de Aznar murieron sesenta y siete personas a causade las acciones de ETA. No se trata de establecer comparaciones en este terreno, puesto que en períodos anteriores a los mencionados, las víctimas mortales del terrorismo han sido más numerosas. Pero si el primer objetivo de una estrategia antiterrorista es preservar la vida de los ciudadanos, objetivamente no podemos resaltar otra cosa que no sea el que, desde el punto de vista del daño causado por los terroristas de ETA, este ha sido el mejor período de toda nuestra etapa democrática, al menos hasta el momento presente. A este objetivo sin duda ha contribuido la disposición del Gobierno y su oferta de diálogo hasta que ETA rompió el alto el fuego.

El segundo elemento que considero positivo y de enorme importancia es que el PNV ha recorrido el camino inverso al que le condujo a Lizarra. Se ha situado en la primera línea del combate contra la violencia y el terrorismo colaborando con el Gobierno de España con lealtad y en todas las circunstancias. Para mí esta actitud del PNV, por la gran trascendencia que tiene en el País Vasco, me parece un elemento de gran valor que debe ser incluido en el lado positivo del balance que puede hacerse de la etapa que comienza el 14 de marzo de 2004.

No es desdeñable tampoco constatar que en estos tres años, según los sondeos de que disponemos, el porcentaje de los antiguos votantes de Batasuna que están en contra de la violencia se ha incrementado significativamente, de lo cual se puede extraer la conclusión de que una mayoría de este electorado también quiere el final del terrorismo.

Entre los elementos negativos señalaré los siguientes: La división de los demócratas en la lucha contra elterrorismo ha sido enormemente perjudicial porque debilita al Gobierno en la dirección de la lucha antiterrorista, ETA percibe que su enemigo, el bloque democrático, sufre una gran fractura política lo cual le induce a elevar el listón de sus reivindicaciones. Además la tensión política que genera esta situación trasciende a la convivencia ciudadana que termina afectada incluso en sus relaciones sociales.

En segundo término es preciso señalar que ETA y el terrorismo han sido protagonistas de primer orden en esta legislatura, ocupando espacios inauditos por su extensión en los medios de comunicación, en el debate público, y además han logrado marcar la agenda de nuestra vida política. Lo más grave de todo esto es que lo anteriormente descrito se ha producido en el período de nuestra democracia que menos víctimas mortales hemos padecido. Sin matar, ETA ha tenido un gran poder de desestabilización de nuestra vida pública lo cual supone, desde sus objetivos, un éxito nada desdeñable.

Finalmente mencionaré que con la ruptura de la tregua se reabre un período de incertidumbre sobre la seguridad personal que afecta a muchos ciudadanos de este país y desde luego a los militantes del PSOE, PP, sin descartar, en esta ocasión, a los del PNV, además de las fuerzas de seguridad y los empresarios que sufren extorsión.

En todo caso, desde mi punto de vista, el balance de esta etapa es positivo por las dos consideraciones primeras: Menor número de muertos a manos del terrorismo de toda nuestra etapa democrática e incorporación clara y sin ambigüedades del PNV al bloque antiterrorista en el combate contra ETA.

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