F abián
Hemeroteca Esta semana
Nº 746
18/6/2007

EL OCASO DEL NACIONALISMO VASCO

Por Josu Montalbán

¿Qué es el nacionalismo vasco? ¿Qué partidos constituyen el amplio espacio del nacionalismo vasco? Conforme pasa el tiempo se hace más difícil responder a estas dos preguntas. ¿Tienen argo que ver los militantes y simpatizantes del PNV (partido mayoritario y primigenio), con los de EA (procedente de una escisión moderna), o con los diversos grupos que han venido representando a la izquierda radical ( HB, EHAK, EH, ANV) o con Aralar (disidencia de la izquierda radical cuya única diferencia con ella es el rechazo del terrorismo)?. Pasados los años el nacionalismo vasco está siendo víctima de su propia ambición y del abandono de la parte de su ideario más humanista y social.

Cada vez que tiene lugar un proceso electoral, se constata la endeblez del proyecto nacionalista, mucho más empeñado en resaltar las diferencias con España, que las coincidencias. La obstinación por subrayar lo distinto lleva a los líderes nacionalistas a continuas reyertas y enfrentamientos con el Gobierno español, sin percibir claramente que los ciudadanos bastante tienen con sus problemas cotidianos para vivir y subsistir, como para ceder un espacio a analizar y comprender aspectos identitarios que, en la era de la globalización, parecen extemporáneos. Ahora mismo resulta más conflictiva la relación del PNV con el resto de grupos de su espectro "nacionalista"; que la que pueda tener con los partidos vascos de ámbito estatal.

No es difícil llegar a conclusiones que permiten comprender este hecho. En el País Vasco sólo hay dos partidos centenarios: el PSOE y el PNV. Ambos fueron constituidos de manera solemne en el último cuarto de siglo XIX. No es descabellado afirmar que la constitución del PNV fue una reacción a la del PSOE, pues el socialismo vasco aprovechó la fuerza del desarrollo industrial y la afluencia de importantes masas de obreros procedentes de otros lugares de España y la existencia al lado de ese desarrollo de una burguesía liberal y abierta a las reformas sociales y de costumbres. Frente a todo esto, y a las sucesivas guerras banderizas que se produjeron antes de su constitución como partido, el fundador del nacionalismo vasco surgió con un slogan tan sencillo como cerrado a todos los cambios: "Dios y Ley Vieja". Con el enaltecimiento de Dios daba aspiraciones a su condición católica, y el reforzamiento de la Ley Vieja subrayaba su marcado conservadurismo social así como su acción a favor de la lengua (el euskera), las costumbres y las formas culturales autóctonas. De algún modo, sus principios constitutivos hicieron del PNV una formación con un futuro muy corto porque al principio religioso unía la vieja ley y las viejas costumbres como método de lucha contra la invasión de los "impuros" (make-tos), que podían dar al traste con la vieja sociedad vasca y abrirla a nuevos horizontes más modernos y actualizados. Tal vez por eso el PNV actual utiliza con tan poco entusiasmo el nombre y la figura de su fundador, Sabino Arana, quizás con el objetivo de evitar debates que serían, actualmente, perjudiciales para la defensa de sus tesis en el actual mundo globalizado.

Ya nadie cree factible ningún proceso que desemboque en la independencia de Euskadi y la creación de la gran patria vasca. "Euskadi es la patria de los vascos", es una frase que tiene más que ver con la quimera aranista que con los tiempos actuales. Sin embargo, hay dos nacionalismos vascos bien diferenciados que, a su vez, sostienen en sus senos sus propias controversias. Por un lado, el nacionalismo del PNV, mayoritario, que ha venido actuando en comunión estratégica con EA (Eusko Alkartasuna) en los últimos gobiernos; y por otro, el nacionalismo independentista que se proyecta desde la ilegalizada Batasuna ysu escisión legal Aralar. Ambos nacionalismos, por fin, están a la greña a causa del apoyo al terrorismo de ETA de los segundos. Asistimos a un enfrentamiento entre ambos nacionalismos en la medida que ambos pueden llegar ya a disputarse los votos (y los predominios) en un ambiente de ausencia de terrorismo y violencia, si llegara a fraguar positivamente el llamado "proceso de Paz" (diálogo con ETA) iniciado por el Gobierno de Zapatero o la simple desaparición de ETA por inanición, cosa que parece más probable después de que ETA haya anunciado la ruptura de la tregua iniciada hace casi tres años. Si así fuera, el nacionalismo vasco entrará en una crisis importante, y ya, ambos nacionalismos, –moderado y radical–, competirán con los mismos instrumentos. Hay quien lo tuvo claro hace tiempo. En 1986 escribió Garayalde: "No existe un nacionalismo moderado como no existe un nacionalismo radical ya que ambos comparten los mismos contenidos simbólicos y, por añadidura, la existencia de cada uno de esos sectores es necesaria, bien para la supervivencia del otro –el caso de HB– bien para el mantenimiento de su privilegiada posición –el caso del PNV–". Venía a decir Garayalde que en el nacionalismo vasco sólo cabía una división entre pacíficos y violentos.

La historia le daba la razón. Al fin y al cabo ETA había surgido de una revuelta producida en el seno del propio PNV hacia los años 1955 y 56. Txillardegui, uno de los fundadores de ETA lo relataba así en una entrevista en Garaia: "EKIN era la revista del grupo. (Se refiere a un grupo de miembros del PNV al que él pertenecía). De esa época (55-56) datan las primeras confrontaciones con el PNV. Nos acusaban de coger su gente, de que éramos comunistas, etc. Para evitar fricciones y clarificar la situación, nuestra organización decidió autodenominarse ETA en 1959, y así se hizo saber con toda oficialidad a José Antonio Aguirre. A pesar de lo cual las tensiones con el PNV no disminuyeron. En 1964 Telesforo Monzón y Julio Jáuregui fracasaron en su intento de hacernos cenar en Biarritz a varios de ETA con varios del PNV... Después las cosas han cambiado, pero no es malo recordar esto para conocer la verdadera historia de estos años". Estas declaraciones efectuadas en los años 80, en los inicios de la democracia tienen gran importancia, si bien ya las posiciones de ambos nacionalismos, –moderado y radical–, están consolidadas. Pero la democracia debiera haber forzado una revisión de un aspecto fundamental: la apuesta o renuncia a los métodos terroristas, toda vez que la Democracia, aún inexperta, mostraba signos de ser estable y definitiva.

La nueva situación obligaba a los dos nacionalismos a redefinirse, a refundarse. La dictadura de Franco había difuminado las diferencias dando la impresión de que había nacionalistas dispuestos a empuñar las pistolas (ETA) y otros que tenían los mismos sentimientos pero menos entregados a la lucha (PNV). En 1962 ETA se definió como un "movimiento revolucionario de liberación nacional". Muerto Franco se producía (al menos se iniciaba) la anhelada liberación nacional, y ahí comenzaron a surgir diferencias importantes. Mientras el PNV escribía en sus programas electorales (incluso en los anteriores al Estatuto de Autonomía Vasco) que "la violencia conculca los Derechos Humanos más elementales, los cuales son la vida y la integridad física de las personas, y atenta directamente contra la libertad y el ejercicio de la democracia", las sucesivas Asambleas de ETA seguían pronunciándose a favor de la lucha armada, aunque en cada una de ellas se produjeran escisiones protagonizadas por quienes ya no encontraban razones para la violencia.

Admitida la diferencia entre ambos nacionalismos, se ha venido echando de menos la contundencia en el mensaje del PNV para combatir a los nacionalistas radicales. De algún modo cobra sentido la frase atribuida a Arzallus por la que "los violentos movían las ramas para que los moderados cosechasen el fruto". Estas banalidades pronunciadas por el presidente nacionalista ayudaron a consumar el gran fracaso nacionalista que Mitxel Unzueta, senador del PNV, explicaba de este modo: "El PNV ha obtenido importantes logros pero ha fracasado en al menos dos terrenos: el de la integración cultural de la plural y heterogénea sociedad vasca contemporánea y el de su papel como educador colectivo". Estos fracasos, a mi entender, han sido deliberados porque, en el fondo y en la forma, el predominio del PNV ha sido ejercido desde la exclusividad, dando la espalda a la auténtica realidad. Unzueta lo explicaba así: "Tras 40 años de dictadura, los partidos políticos democráticos estaban moralmente obligados a utilizar su influencia y crédito ante la población para tratar de sustituir por valoraciones y argumentos racionales los mitos y prejuicios sedimentados, por efecto del carácter cerrado de la sociedad franquista, en la conciencia colectiva. El PNV ha renunciado a esa función pedagógica. Seguramente también los demás partidos políticos, pero contar con mayor número de parlamentarios, nunca ha sido suficientemente explicada y se ha convertido en el más importante reproche al PSE, por parte de los votantes no nacionalistas de Euskadi. Quizás por eso, o por las características del elegido Ardanza, se produjo una posición que enfrentaba claramente al PNV con el nacionalismo radical. La editorial del diario El Correo al respecto fue esclarecedora: "La negativa de Ardanza a dar por válida la supuesta identidad o comunidad de fines entre el nacionalismo democrático y el terrorismo de ETA es una declaración novedosísima que presenta incógnitas. Fundamentalmente una: saber cuál es el alcance real de esta afirmación (...) Sería conveniente conocer si la declaración de Ardanza implica algún tipo de cada raigambre socialista y republicana y otros que se han caracterizado por ser asentamiento de la inmigración del siglo XIX y XX. Sólo Bizkaia resiste. El PNV de Sabino Arana, regresa a sus inicios. Si viviera Sabi-no Arana estaría realmente satisfecho porque la vieja Euskadi se resumía a Bizkaia y nada más. El nacionalismo vasco ha sido víctima de su misma ambición. No merecía más éxito que el que ha tenido: que una ideología tan primaria y rudimentaria haya durado tanto como ha durado.

Me permito augurar su declive. Queda muy poco espacio para el nacionalismo vasco, que agoniza víctima de su propia limitación y su abusiva administración. Si algo está acabando con él, solo es el cúmulo de constataciones: su desmedida ambición de no todos en la misma proporción. Además, la responsabilidad del PNV es mayor porque mayores eran las posibilidades con que contaba". Cuando Unzueta escribió esto se había escindido el PNV y el nacionalismo violento vivía uno de sus momentos más esplendorosos.

El nacionalismo moderado, –hegemónico antes y mayoritario después–, del PNV, fue inflexible cuando el PSE-PSOE ganó las elecciones al Parlamento vasco del añó 1986. Se trató de un momento de inflexión que es continuamente recordado por los analistas políticos. La cesión del socialismo vasco ante el nacionalismo vasco del PNV, al que permitió nombrar a su lehendakari a pesar derenuncia a la consecución de la independencia política de Euskadi".

¿Podemos, hoy, responder a esa incertidumbre? Las últimas elecciones, de mayo de 2007, han dejado algunas cosas claras, principalmente porque los resultados han inaugurado un mapa político nuevo en el que la provincia de Álava se declara, por la fuerza de los votos y de la representación institucional, como un reducto no nacionalista claramente vinculado al marco constitucional español. Igualmente Guipúzcoa se entrega mayoritariamente al proyecto socialista de la mano del emblemático alcalde de San Sebastián (Odón Elorza) y del voto producido en los principales pueblos, algunos de mar-poder, su incapacidad para evolucionar ante los nuevos tiempos y sus continuas reyertas intestinas. Ahora que nadie agita las ramas y no hay frutos que recoger, los vascos y las vascas (que dijera lbarretxe), prefieren votar o abstenerse en base a otras necesidades y proyectos sociales, personales o familiares. El nacionalismo decae porque sus objetivos aparecen tan inaccesibles como absurdos para la ciudadanía vasca. O se moderniza, o desentierra a Sabino Arana, o se disuelve, o se refunda. Mientras le dure el poder actual y sus servidumbres, durará. Poco, sin duda, el tiempo que corresponda a un par de generaciones acaso. Será mejor para todos. Incluso para ellos.

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