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Nº
746 - 18 de junio de 2007 |
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Del banquillo virtual donde han sido
sentados los periodistas de la teoría de la conspiración El fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, expuso sus conclusiones finales sobre la autoría del 11-M. Aseguró que el atentado monstruoso de aquel día de marzo en Madrid fue obra de grupos islamistas violentos o terroristas con la cooperación de la llamada trama asturiana que puso a disposición de los asesinos los explosivos utilizados para la masacre. Zaragoza se enfrentó en su alegato a cuantos han defendido sin pruebas válidas la denominada teoría de la conspiración que implica a sectores de las Fuerzas de Seguridad del Estado. “No se puede cuestionar un suceso años y años, con sospechas sin fundamento, cuando el proceso judicial ya ha arrojado datos suficientes sobre los diversos aspectos de la misma”. El Tribunal del 11-M ha juzgado a los culpables. Ha juzgado también, pese a ciertas resistencias del presidente del Tribunal, Javier Gómez Bermejo, la conducta de un periodismo desdeñable, amarillo y falsario, empeñado en transformar la realidad a favor de sus propias tesis, coincidentes en buena parte, con los intereses del Partido Popular. “No hay nada más indigno que buscar la mentira”, proclamó el fiscal jefe de la Audiencia Nacional. “Se han vivido situaciones grotescas en lo procesal: ha habido intercambio de roles en las partes del proceso, lo que puede calificarse de esquizofrenia procesal. Se ha producido un proceso paralelo basado en sospechas sin fundamento y en una idea preconcebida (…) Todo lo que se ha dicho sobre Leganés supera los límites de lo imaginable. Incluso se ha llegado a suscitar la posibilidad de que lo de Leganés no fuera un suicidio, sino una ficción o un montaje en el que los cadáveres fueron colocados a posteriori. E igualmente han esparcido una sombra de sospecha respecto a la policía, la guardia civil y el CNI por la presencia de ciertos confidentes policiales que han cambiado su declaración (…) Se ha intentado colar como detonador usado por la banda terrorista ETA un temporizador eléctrico de una lavadora”. Javier Zaragoza citó una sentencia de EE UU sobre la libre información: “Tres son los requisitos de la legitimidad de la libre información: 1.- Interés público de la noticia. 2.- Veracidad de la misma. 3.- Ausencia de expresiones injuriosas”. Salvo el punto primero, las informaciones y opiniones vertidas por determinada prensa que todos conocemos, carecían de los dos requisitos de la sentencia norteamericana. Menos fortuna, sin embargo, tuvo la fiscal Olga Sánchez, crucificada durante más de tres años por Federico Jiménez Losantos y sus amigos llamándola “la fiscal vale ya” y despreciando y vituperando su labor como fiscal en el caso del 11-M. Cuando se refirió, en su informe final, a los referidos medios de comunicación, Gómez Bermúdez la interrumpió de modo que salió de la sala llorando. Le pareció mal a Gómez Bermejo, muy enaltecido y apreciado por Pedro J. Ramírez, el reproche de Olga Sánchez a los periodistas de la conspiración, “personas que pudieron aprobar la carrera pero no tienen la altura y la grandeza para desempeñar esta profesión”. La desempeñan en todo caso. Al día siguiente, el martes 12 de junio del año en curso, un editorial de El Mundo disparaba sus baterías contra el fiscal Zaragoza. Algo parecido hizo La Razón, mientras los tertulianos de la COPE se sumaban con energía renovada a desacreditar al fiscal jefe de la Audiencia Nacional. “Su intervención, trufada de demagogia y afirmaciones sin fundamento, pareció más propia de un mitin político que de una vista judicial”, señaló el editorialista de Ramírez. “Zaragoza habló de la esquizofrenia procesal de las acusaciones particulares –en referencia a la AVT y a la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M–, a las que culpó de asumir el papel de defensores de los acusados. Si ha habido alguna esquizofrenia ha sido precisamente la de la Fiscalía, empeñada desde el primer día en apuntalar la versión oficial con independencia de los hechos”, agregó el mencionado editorialista. “Zaragoza arremetió contra algunos medios de comunicación, a los que acusó de incurrir en ‘un juicio paralelo’ y en ‘una campaña de desprestigio contra los jueces, fiscales y policías’. Nada de ello es cierto. Lo que algunos medios han hecho –entre ellos, este periódico– es poner en evidencia la lamentable e inconsistente instrucción del juez Del Olmo, manipulado por la fiscal Olga Sánchez y la Policía, que es quien realmente ha dirigido la investigación judicial”. Ernesto Ekaizer, observador cotidiano del desarrollo del juicio del 11-M, razonaba así en su comentario para El País: “Aunque Zaragoza no mencionó más que a una radio –la cadena COPE– al hablar del disparate provocado por Agustín Díaz de Mera –supuesta manipulación del informe sobre vínculos entre ETA e islamistas en el atentado–, el fiscal situó a los conspiradores en un banquillo virtual. A ellos, a sus instrumentos –algunas acusaciones y la defensa del acusado Jamal Zougam por cometer la ‘única manipulación de la vista’, la del temporizador-programador de lavadora- y sus grandes fuentes de alimentación: los confidentes Cartagena, Rafá Zouhier y Suárez Treshorras. La trama implícita descrita entre conspiradores mediáticos y confidentes-testigos-imputados fue magistral”. Muchos ciudadanos están sin duda de acuerdo con el escrito de Javier Zaragoza. Muchos ciudadanos de este país están contentos de saber que la justicia ha cumplido con su deber. Muchos ciudadanos nos preguntamos cuándo la justicia meterá en vereda a los impostores, a aquellos que dicen ser periodistas pero no son más que fabuladores. Luis G. del Cañuelo |
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