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Nº 745 - 11 de junio de 2007
Cuba, sí

por Santiago Carrillo

Debió ser curiosa la conversación del ministro Moratinos y Condoleezza Rice sobre Cuba a juzgar por el reproche público hecho por la secretaria de Estado del Imperio al Gobierno español: sus relaciones con una dictadura.

Imagino los esfuerzos de contención de nuestro representante para no enfadarse en la conversación. En realidad la historia de las relaciones de España y Cuba es ya antigua –varios siglos– y no ofrece demasiados motivos de orgullo si atendemos a Fray Bartolomé de las Casas y hurgamos en el pasado colonial y en la manera en que se produjo su fin. De éste al momento de la entrevista en el palacio de Santa Cruz, sin embargo, no ha pasado más que un siglo. Y la memoria histórica da bastante de sí para no olvidar los acontecimientos surgidos en período relativamente tan corto y tan próximo.

Me imagino que mientras escuchaba a Condoleezza, Moratinos ha tenido tiempo de acordarse del Maine, de Teodoro Roosevelt y la Colina de San Juan, de la Bahía de Santiago de Cuba y el hundimiento de la flota española. Los norteamericanos nos expulsaron entonces de Cuba y se apoderaron de la isla convirtiéndola en colonia suya hasta que la Revolución cubana conquistó la independencia nacional y la soberanía de los cubanos sobre su territorio. Aun después de eso, los EE UU consiguieron conservar en su poder un trozo de la isla, Guantánamo, que desde la guerra de Afganistán se ha convertido en paradigma de la arbitrariedad y del desafuero.

Me imagino el esfuerzo de Moratinos para no sonreír cuando la secretaria de Estado censuraba las relaciones con Cuba. Quien conozca un poco la historia recordará que enel primer tercio del siglo XX el gobierno de EE UU sostuvo en Cuba la sangrienta dictadura de Machado, un tirano que alimentaba a los tiburones con los cuerpos de sus oponentes políticos. Y más tarde sostuvo la dictadura de Batista, contra la cual los cubanos hicieron su revolución. ¿Cómo es posible que Condoleezza se atreviera a reprochar las relaciones de España con el Gobierno de Cuba, llevando a sus espaldas la carga de una historia tan ominosa de opresión de las libertades cubanas?

Podría argüirse que eso es el pasado y que después de aquello las cosas han cambiado. Pero sería mentira. Después de aquello los EE UU han instalado y apoyado sangrientas dictaduras en diversos países de América Latina: la más sonada es Chile con el general Pinochet. Además, los españoles no hemos olvidado el apoyo norteamericano a la dictadura de Franco. ¿Y qué son los regímenes existentes en Arabia Saudí, Pakistán, Egipto y un largo etc. ..., que EE UU sigue sosteniendo y utilizando para su dominación en el mundo, sino dictadura impuestas a esos pueblos?

En materia de relaciones con dictadura ominosas, los Gobiernos de EE UU baten todos los récords. Carecen de la más mínima autoridad para hacer reproches al actual Gobierno español.

Las relaciones de España con Cuba son tan singulares que hasta Franco se negó a participar en el bloqueo yanqui a la Revolución cubana. Un político tan de derechas como Fraga las ha mantenido celosamente desde la Presidencia de la Xunta de Galicia. El único que ha roto esa conducta se llama Aznar y es también el único que sigue sosteniendo cínicamente, junto a Bush y Blair, que la invasión de Iraq no fue un error. Durante siglos, a pesar de errores y horrores, entre cubanos y españoles se forjó una relación indestructible. Cuba es el país latino americano en el que he oído hablar con calor de la "madre patria" refiriéndose a España.

Si hay rasgos autoritarios en el sistema político cubano, todo empezó con el bloqueo norteamericano, con la invasión de Bahía de Cochinos, con los actos de sabotaje de comandos enviados desde Miami, con los repetidos intentos de asesinar a Fidel Castro. Ahí está el pecado original. Cuba tiene también la desgracia de "estar muy lejos de Dios y muy cerca de los EE UU" como decía un político mexicano refiriéndose a los problemas de su país.

¡Dejemos a los cubanos decidir su futuro sin injerencias extrañas!

Como proclamaba el cantante francés Jean Ferrat tras su visita a la Cuba de Fidel Castro: ¡Cuba sí!

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