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| Nº 745 - 11 de junio de 2007 |
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¿De Zapatero I a Zapatero II?
por Miguel Ángel Aguilar S e sabe que un sector de La Moncloa, que andaba empeñado en escribir los guiones del presidente, había terminado por componer la figura de Zapatero I el Doliente, una especie de Ecce Horno para exhibir según conviniera en el balcón ante la muchedumbre. Un personaje por completo inocente, flagelado, escarnecido, coronado de espinas, que suscitaría la compasión de los congregados. Todos los argumentarlos elaborados por semejante equipo de cabecera cargaban las tintas en las impecables intenciones del presidente del Gobierno y, por contraste, en la malevolencia imposible de la oposición que corre por cuenta del Partido Popular. Ahora parece concluido el turno de los guionistas de El Doliente porque se abre camino la idea de que bajo esa figura Zapatero puede mover a compasión pero en modo alguno llevar votos al molino del Partido Socialista. Ser tratado con injusticia por los oponentes, padecer persecución por la justicia y otras figuras tomadas de los admirables paradigmas evangélicos mueve a solidaridad con quien comparece como víctima sin suscitar un solo voto más a favor propio. La acción de solidarizarse o de compadecerse para nada implica la presencia como candidato a favor de quien suscita esos sentimientos. Así que el equipo de guionistas hasta ahora en funciones en Moncloa parece que va ser relevado después del comunicado de ETA donde rompía el alto el fuego proclamado hace más de trece meses. Los espectadores de la Feria de San Isidro pueden entenderlo mejor a partir de lo sucedido en la Corrida de Beneficencia del miércoles día 6 de junio en la Plaza Monumental de las Ventas, donde Morantede la Puebla se encerró solo con seis toros de distintas ganaderías. La lidia de las cuatro primeras reses fue una demostración de indolencia a cargo del único espada. Parecía anclado en el desinterés, empeñado en demostrar con rapidez y aseo que los sucesivos astados carecían de condiciones para el triunfo. Salió el quinto toro y dio la impresión de que al llegar a la muleta Morante de la Puebla se sacudía la galvana. Pero cuando empezaba a acoplarse con el burel, fue empitonado, levantado a lo alto y pisoteado en el ruedo. Los peones sacaron al toro de encima y llevaron en volandas al maestro a la enfermería. Fue el sobresaliente de espadas quien hubo de tomar el estoque y terminar con el bicho. La tarde parecía caminar a su extinción sin pena ni gloria en manos del subalterno que había tomado el relevo. Pero la lesión de Morante de la Puebla pudo ser contenida y el diestro regresó al ruedo para la lidia del sexto. Salió de la enfermería enrabietado y puso la plaza boca abajo. Los mismos tendidos que le habían abroncado o que se habían desinteresado, acompañando al torero en su ausencia de interés, se encendían ahora de emoción y vibraban con ovaciones y silencios de gala. El diestro se dejó acunar por los aplausos y se le fue la medida y el tiempo, pero fue premiado con una oreja y si le hubiera acompañado el acierto con el acero hubiera abierto la puerta grande. Fue el cambio de la indolencia a la rabieta en el caso de Morante y dicen que se puede producir también la transformación de Zapatero I el Doliente en Zapatero II el Pujante con las consecuencias que pueden calcularse. Atentos al cambio de agujas. |
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