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Nº 744 - 4 de junio de 2007

Nuevos dirigentes para una catástrofePSOE gana territorios pero pierde las municipales

La caÍda de Madrid

Aunque se daba por cierta la derrota, pocos en el PSOE pensaban que ésta alcanzaría tal calibre. Sin embargo, los resultados en las recientes elecciones municipales y autonómicas en Madrid han mostrado una capital rendida a la derecha y cada vez más ajena a los socialistas. La abrupta renuncia del candidato a la alcaldía, Miguel Sebastián, a ser siquiera concejal, y el mantenimiento provisional del líder regional, Rafael Simancas, han abierto en el Partido Socialista de Madrid la caja de los truenos. Esta vez hay que renovar de verdad, han dicho sus dirigentes, y no pocos de ellos se apresuran ya a tomar posiciones para la “refundación”. Edad, relación con Ferraz y votos en la cartera jugarán en la carrera que acaba de iniciarse y en la que no está garantizado que no haya heridos..

Por Inmaculada Sánchez

Por coherencia con mis principios” y “para no perjudicar la renovación del PSM”, Miguel Sebastián renunciaba la pasada semana, según sus pias palabras, a recoger su acta de concejal por el PSOE. Abandonaba el ayuntamiento de Madrid y la política, ya que anunciaba que solicitaría el reingreso en la universidad para seguir ejerciendo su cargo de profesor. La trayectoria politica del “amigo del presidente” había llegado a su fin demasiado pronto.

Apenas unas horas antes el mismo Sebastián había realizado unas declaraciones a la Cadena Ser que pretendían acallar las voces críticas con su desastroso resultado electoral, por debajo del cosechado por su antecesora, la también “paracaidista” Trinidad Jiménez, asegurando que “seguiría trabajando por Madrid” desde el ayuntamiento. Tras reunirse con Rafael Simancas anunció su renuncia “sin resentimiento”.

El lento e inexorable descenso electoral de los socialistas madrileños no sólo no había logrado frenarse con la irrupción del inesperado Sebastián, después de sonados rechazos a la candidatura, sino que, además, se ampliaba. “Nadie esperaba una derrota tan grande”, según un alto cargo del socialismo madrileño y, al margen de explicaciones, todos han tentado sus mesas y sillas y han hablado de “renovación”.

Conocido que Sebastián no llegará a ser concejal y que Simancas continuará al frente del partido hasta el próximo congreso, previsto para el otoño de 2008, después del federal que tendrá lugar durante el verano, las siempre dispuestas navajas del PSM (antes Federación Socialista Madrileña) parecen haber salido a buscar afilador después de un cierto tiempo sin ser usadas.

“Ahora no hay grupos, sólo gente que coincide de un modo improvisado. Es imposible hablar de contendientes en esta ocasión”, afirma un veterano conocedor de las tradiconales peleas de los socialistas de la Corte. Sin embargo, el agujero creado por el desastre electoral es en esta ocasión de tal profundidad que “se impone” un cambio.

Diagnosticado el problema no todos coinciden en la terapia. La mayoria, aglutinada en torno al actual secretario general, Rafael Simancas, habla de un “cambio tranquilo”, en línea con lo que desde Ferraz y Moncloa desean.

Rafael Simancas, a pesar de su retroceso en las urnas, ha logrado, en sus siete años al frente del partido en Madrid, pacificar la siempre convulsa federación madrileña y, no sólo eso, sino un entendimiento inédito con los dirigentes de la ejecutiva federal del PSOE. Y ese patrimonio es el que la cúpula del PSM no quiere desperdiciar.

“Rafa habrá perdido, pero no lo ha hecho mal en el partido. No es que haya pacificado a las familias sino que es con quien más coincide la gente, entonces, no hay alternativa” explica un dirigente cercano al secretario general.

Aunque hay quien no es tan entusiasta con el trabajo de Simancas pero, incluso para estos sectores la labor de sustituirle se presenta confusa. Sólo los denominados “alcaldes del sur” parecen tener autoridad para hablar en este sentido. Hay tan pocas victorias de las que alegrarse en el socialismo madrileño que alcaldes que revaliden mayorías absolutas o que, simplemente, se mantengan en el poder, consiguen una aureola a la que no pocos pretenden agarrarse.

Así, veteranos como los alcaldes de Alcorcón o Getafe, Enrique Cascallana y Pedro Castro, hablan en estos días de otro alcalde, mucho más joven y menos implicado hasta el momento en las peleas internas como el primer edil de Parla, localidad mucho más pequeña en habitantes que las suyas, pero a cuyo frente el joven Tomás Gómez ha conseguido labrarse una nueva y fresca imagen de la que el PSM anda muy necesitado.

Pero no todo es tan sencillo. “Los alcaldes no tiene intereses comunes”, explica un viejo conocedor de la federación socialista. Castro lleva de alcalde desde 1983, tiene 62 años y es un reconocido antiguo guerrista. Incluído en el influyente grupo de los seguidores de Alfonso Guerra en Madrid no ha intentado, no obstante, asaltar ninguno de los cargos de la dirección regional, sabedor de que su peso provenía de su puesto al frente de uno de los ayuntamientos más importantes de la región.

Castro, como Enrique Cascallana, que lleva de concejal en Alcorcón desde 1979, han asistido a las cruentas batallas de la FSM desde el parapeto de su cargo municipal y sólo ahora parecen dispuestos a batirse el cobre porque la “renovación” sea de veras.

El actual alcalde alcorconero (lo es desde 2003, aunque ejercía de teniente de alcalde desde 1995) está participando en reuniones de los primeros ediles socialistas en la región para promover un recambio en profundidad que cuente, por supuesto, con ellos.

No obstante, la edad de ambos, o de otros que también pueden hablar con la autoridad de haber conseguido el apoyo de sus ciudadanos, como el ex alcalde de Fuenlabrada, José Quintana, ex diputado nacional y actual diputado en la asamblea regional, miembro de la corriente Izquierda Socialista, juega en su contra y todos ellos buscan “jovenes” en los que enganchar sus deseos de cambio.

Todas la condiciones parecen apuntar a Tomás Gómez, el joven alcalde de Parla (39 años), que acaba de renovar por segunda vez su mandato por mayoría absoluta con el 75 por ciento de los votos excrutados, un récord que en el socialismo madrileño suena, casi, a proeza (Ver recuadro: “Tomás Gómez, el mirlo blanco”).

En todo caso, salvo que ocurran movimientos inesperados, tanto en Moncloa como en Ferraz no están nada interesados en que los socialistas madrileños se hagan un harakiri demasiado llamativo. La gente de Zapatero, nada más llegar al cuartel general del PSOE ya tuvieron una experiencia y, se supone, que han aprendido.

José Blanco, a instancias de Zapatero, intentó, en el primer congreso de la entonces todavía FSM, tras conseguir el leonés la secretaría general del PSOE, proponer un candiato a líder distinto al propuesto por las bases del socialismo madrileño. Su apuesta recogió un sonoro fracaso y Rafael Simancas, el joven guerrista apoyado por la principal familia del PSOE de Madrid, consiguió la victoria frente al candidato apoyado por Ferraz, un catedrático poco implicado hasta entonces en el partido al que al nuevo líder le hizo un hueco en su ejecutiva en busca de un consenso con la dirección federal.

No fue, sin embargo, hasta que tuvo lugar la inesperada traición de Tamayo y Sáez tras las elecciones autonómicas de 2003, que se forjó la inesperada alianza entre Simancas y Zapatero. Ambos compartían generación, sí. Trayectoria en el aparato del partido, también. Pero el leonés siempre había estado del lado de los “renovadores” en las habituales peleas de entonces dentro del PSOE, y Simancas era un joven “cachorro” de los acostistas, uno de los grupos más disciplinados dentro del PSOE. ”Pero todos los aparatos se entienden en el desastre”, explicaba a El Siglo un dirigente madrileño intentando comprender porqué el “guerrista” Simancas y el renovador Zapatero habían llegado a sentirse compañeros de viaje.

Tras el shock del 2003 y las acusaciones que desde distintos sitios del partido soportaron tanto el PSM de Simancas, por haber permitido ocupar un lugar en las listas a los traidores , como José Blanco, por haberles dado el visto bueno, dado que en el congreso de la victoria de Zapatero el gallego contó con el grupo de José Luis Balbás, alque pertenecían Tamayo y Sáez, para sumar los votos necesarios, sus equipos comenzaron a sentirse cómplices.

Se inició entonces un inédito “idilio” entre Madrid y Ferraz que venía potenciado por la labor de Simancas dentro del PSM poniendo paz entre las tradicionales familias enfrentadas en el socialismo madrileño. Zapatero necesitaba tranquilidad y Simancas se lo ofrecía. Simancas requería reconocimiento y Blanco se lo dio. A qué pedir más.

El pacto se fundamentó en la designación de candidatos, uno de los tradicionales vicios del hoy denominado PSM: las componendas en el reparto de poder. Simancas exigió ser él el candidato a la presidencia de la Comunidad Autónoma a cambio de que el candidato a la alcaldía fuese aceptado. Ya había ocurrido con Trinidad Jiménez, hoy flamante Secretaria de Estado para Iberoamérica y rotunda imposición de Zapatero para la candidatura a la alcaldía en 2003 frente a un Javier Solana que ya había consentido retornar a Madrid si fuese ampliamente apoyado, situación que, obviamente, no se dió. En 2007 el PSM ya no tenía candidato alternativo a Ferraz y es por eso por lo que las críticas se han atemperado respeto al desastre recogido por Sebastián. Aunque no tantas. Apenas un par de días después de las elecciones tres miembros de su misma candidatura pedían la renuncia del cabeza de cartel.

Sebastián se ha visto muy solo en su fracaso y despedida. A pesar de su “me voy sin resentimiento” es público que, apenas 24 horas antes, apostaba por continuar como concejal su aventura política y que ha sido la insostenible situación en contra que tenía en el PSM la que le obligó, fialmente a renunciar. Tras su anuncio, lo más probable es que la reunión de la Ejecutiva Regional del próximo día 10, que ha de designar a los portavoces del partido tanto en el ayuntamiento como en el parlamento autonómico, opte por el número dos en la lista al consistorio, Oscar Iglesias, uno de los jóvenes emergentes que asistió con indisimulado desagrado a la llegada de Sebastián al cartel electoral socialista, y por el “interino” Simancas hasta el próximo congreso.

“Lo más lógico es que se decida una especie de bicefalia, ya que Rafa es necesario en el partido aunque no es buen candidato. Habrá que buscar un cabeza de cartel pero la organización tiene que seguir liderándola el actual secretario general y su gente”, explica un cargo del socialismo madrileño cercano a la actual dirección.

Otras fuentes, por el contrario, optan por la “renovación en profundidad”, aunque sin nombres, más allá del ya citado alcalde de Parla, que ofrecer.

La gente que ha acompañado a Simancas en su apuesta también es joven, comparte generación con Zapatero y ha peleado por transmitir parecidos mensajes. “Pero en Madrid influye mucho lo del Estatuto de Cataluña, lo de De Juana Chaos y otros temas de política nacional que no tienen el mismo relieve en Castilla-La Mancha o Extremadura”, se justifica un miembro del PSM. Parecidos argumentos utilizó Andrés Rojo, secretario de Organización del PSM, hombre de confianza de Simancas y miembro de la ejecutiva federal del PSOE en Ferraz. Pero eso no basta para recuperar el voto en la capital.

El ‘mirlo blanco’

Su nombre no es muy conocido en los ambientes de la política nacional, excepto por haber sido el alcalde que mayor porcentaje de votos recibió en las elecciones municipales de 2003. Entonces, Tomás Gómez Franco, economista –alumno en la universidad de Miguel Sebastián-, contaba 35 años y repetía al frente del Consistorio de Parla (ya lo ocupaba desde 1999), con el 75 por ciento de los votos de sus convecinos. En la reciente cita electoral, su porcentaje ha bajado algo, y ha vuelto a conseguir el bastón municipal, con el 74,30 por ciento de los sufragios. A este destacado socialista –pese a no pertenecer a la Ejecutiva Regional del PSOE madrileño- se le conoce como el alcalde más votado de España, y desde ahora, tras el batacazo electoral socialista en Madrid, también empieza a ser señalado como la gran esperanza de su partido para empezar a remontar el vuelo, tras ocho (que serán 12) años en la oposición autonómica y 18 (más cuatro) lejos de la alcaldía de la capital.

La casi automática dimisión de Miguel Sebastián, y el incómodo lugar en que ha quedado Rafael Simancas –pese a su compromiso de no abandonar el barco-, está precipitando el debate sucesorio en las filas de un PSM que vuelve a aparecer dividido, tras la labor pacificadora de Simancas.

A Gómez Franco, joven, bien preparado, de trayectoria impecable y triunfal en su ciudad de 100.000 habitantes, también le adornan otras virtudes, como la de no conocérsele implicación alguna en los años de lucha fratricida de la FSM. Sin pertenecer a la Ejecutiva, se le ubica en las zonas a la izquierda de la organización, pero sin grandes alardes ni pronunciamientos. Su ejecutoria le avala como un pragmático no desideologizado. En 2001 se encerraba, junto a representantes vecinales, en la sede de la Consejería de Sanidad, exigiendo la construcción de un hospital en su ciudad –reivindicación que conseguiría-. También ha conseguido el tranvía, y sus relaciones institucionales con la Comunidad no se han resentido por la diferencia de color político.

En su contra tiene no ser diputado regional, por lo que no va a tener opción de medirse en estos cuatro años con la presidenta de la Comunidad, y su actividad política tendría menos repercusión mediática. Por si acaso, el propio Tomás Gómez marca las distancias y continúa apuntando, en plena crisis, a Rafael Simancas, como el “líder indiscutible del partido en Madrid”. Es un hombre tranquilo que opina que “la política no es una carrera personal; cuando acaba una etapa, se puede volver a tu vida profesional”.

Muchos, incluido el último presidente socialista madrileño, Joaquín Leguina, le apuntan como al mirlo blanco por el que el PSOE madrileño lleva mucho tiempo suspirando. Tomás Gómez –de momento- mira hacia otro lado.

La ‘beautiful’ que no es

Miguel Sebastián tiene un defecto fundamental para los cuadros y militantes del PSOE: no tiene carné del partido y recuerda, con disgusto, a la “gente guapa” que acompañó al PSOE de la transición hasta el poder y, finalmente, tuvo mucho que ver en su desalojo del poder, en 1996.

No pocos medios de comunicación cercanos a la derecha han querido comparar a los miembros de la en su día denominada “beautiful people” de Felipe González con algunos cargos económicos de Zapatero.

El propio Partido Popular está queriendo explotar esta veta que, en su día, le resultó muy útil e, incluso, ha llegado a los tribunales para denunciar el supuesto trato de favor que algunos miembros del organigrama de la Comisión nacional del Mercado de Valores (CNMV) o de la Oficina Económica de Moncloa hayan podido tener con la OPA lanzada por la italiana Enel y la española Acciona sobre la eléctrica Endesa, enfrentada a la alemana E.On, opción  preferida por los populares.

Este pasado miércoles, incluso, el vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía, Pedro Solbes, ha tenido que responder en el Congreso a una interpelación del PP al respecto defendiendo el trabajo de la Oficina Económica de Moncloa.

Lo único cierto en la posible coincidencia de la “beautiful” del PSOE “felipista” y la Administración de Zapatero es la escasa conexión del líder socialista con miembros destacados del mundo económico del momento. “Este gobierno es una coalición de la “beautiful” y el PSOE” , llegaba a ironizar en privado un alto cargo felipista en los ochenta para señalar la necesidad que el PSOE tenía de gente que  proviniese de la élite económica, sin carné ni trayectoria en el partido, para ocupar determinados cargos.

Gracias a esta supuesta “coalición” llegó Mariano Rubio al puesto de Gobernador del Banco de España y su actuación en el caso Ibercorp le llevó a él a la cárcel y al gobierno del PSOE a uno de sus peores momentos.

Zapatero y su equipo tampoco contaban con gente del partido para determinados puestos y fue el director del Servicios de Estudios del BBVA, Miguel Sebastián, quien conectó y encandiló al nuevo líder del PSOE para ser, primero miembro de su Comité de Notables y, luego, director de su Oficina Económica en Presidencia.

El “problema” para el PSOE, es que Sebastián, en su anterior carrera profesional, fue director de Intermoney, una agencia de valores de la que también fueron altos cargos en distintos momentos Carlos Arenillas, vicepresidente de la CNMV y principal opositor a su ex presidente, Manuel Conthe, y David Vegara, actual Secretario de Estado de Economía.

Para el PP las coincidencias laborales entre los citados  les confiere la categoría de lobby que, en la actual Administración socialista, se ha dedicado a medrar, hacer dinero y realizar confusas operaciones  político-económicas. A los populares les  gusta mucho recordar las andanzas de la “beautiful” de los 90 pero hasta ahora, a los economistas de buena familia que trabajan cerca de Zapatero no se les puede achacar ninguna operación sospechosa.

Infelices en el paraíso por Enric Sopena


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