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Nº 744
4/6/2007

Infelices en el paraíso

De Madrid, al cielo. Pero también al infierno. Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre han llegado el cielo. Rafael Simancas y Miguel Sebastián han descendido al infierno. Al de Dante: "Abandonad, los que aquí entráis, toda esperanza". El efecto Madrid, potenciado por el efecto Valencia, se ha saldado a favor del PP con 150.000 votos más que los obtenidos por el PSOE. Un escalofrío recorre la columna vertebral de la izquierda. Se atisban tiempos difíciles. Nueve meses más o menos, y el parto. ¿Renacerá presidente José Luis Rodríguez Zapatero o nacerá presidente Mariano Rajoy? Hasta hace bien poco, apenas nadie daba un chavo por Rajoy. Hoy no ocurre lo mismo.

Simancas ha anunciado su retirada a plazo fijo. Sebastián dio la espantá. Se fue antes de recoger el acta de concejal. "Me voy porque es lo mejor para el PSOE", precisó. Quizás tenga razón. Cuanto antes, mejor. El experimento de Zapatero ha sido un fracaso. Hay que poner como sea tierra de por medio. ¿Cómo pudo el líder del PSOE cometer tamaño error? Se equivocó en las formas y en el fondo. Lo sostuve entonces y lo mantengo ahora. Sólo un milagro hubiera podido convertir a Sebastián en alcalde de Madrid o, al menos, en un opositor temible, crecido por los votos. Sebastián es un acreditado economista sin experiencia política. Las improvisaciones se pagan caras.

Y, sin embargo, la situación global permite que la izquierda mantenga la confianza. Sucede, por ejemplo, que los vencedores de la contienda madrileña —GaIlardón y Aguirre— se han instalado en el cielo. Pero ninguno de los dos se siente feliz en el paraíso. Cada uno de ellos pretende alcanzar en exclusiva el Olimpo. O sea, habitar en La Moncloa. Gallardón,que sueña con la presidencia del Gobierno desde que alcanzó la mayoría de edad, o incluso antes, cree que su oportunidad empieza a ser viable y ha dicho que quiere ir de número 2 de Rajoy en las generales. De momento, aspira a ser sucesor del sucesor. Si ganara Rajoy, porque estaría en condiciones de relevarlo en la coyuntura más propicia. Si perdiera Rajoy, miel sobre hojuelas. A Rajoy le complican la vida sus amigos.

Algo parecido le sucede a Aguirre. Horas después de que se conocieran los resultados del 27-M, los dos reabrieron las hostilidades. La presidenta de Madrid intenta ser la presidenta de España. Por poco, pero Aguirre obtuvo en la ciudad de Madrid más sufragios que Gallardón. La guerra será dura. No habrá cuartel. Los sectores más neocon del PP apoyan a Aguirre con entusiasmo. En el frente mediático, GaIlardón cuenta con ABC y con cierta simpatía de El País, lo que es blasfemia para el macizo de la raza pepera. Mientras, Aguirre dispone del fervor de la COPE, de El Mundo y de La Razón. Y no hablemos de Telemadrid, que actúa a las órdenes directas de la presidenta madrileña.

Los perdedores del PSOE, de un modo u otro, ya se han ido. Los triunfadores del PP han reanudado las hostilidades y van a ir a por todas. Curiosa paradoja. Por su parte, Zapatero debe robustecerse. Ni Madrid ni Valencia son el conjunto de España. Extrapolar miméticamente unas elecciones locales comparándolas con unas de carácter general supone un ejercicio vano. Si evita el PSOE los tropiezos y juega con más fortaleza de la que ha exhibido hasta el presente, puede repetir victoria, aunque un exceso de optimismo sería letal. Entramos en la recta final. Toda cautela es poca.

Enric Sopena

 
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