En Madrid el voto útil se volvió contra el PSOE
En Madrid, el voto útil de la izquierda
ha perjudicado al PSOE por primera vez en su historia. El caudal recaudado por
los candidatos de Izquierda Unida: Ángel Pérez en el Ayuntamiento e Inés
Sabanés en la Comunidad, en torno al 8 por ciento, es inusual en ambas
circunscripciones y está muy por encima del cómputo nacional, que no llegó al
5,5 por ciento. Semejante triunfo se debe a una inédita orientación del voto
útil. Ante la catástrofe anunciada, mucho feligrés de la izquierda decidió
expresar su protesta votando a los comunistas.
He observado otro fenómeno más
sofisticado pero orientado por los mismos motivos en beneficio de Alberto Ruiz
Gallardón. Un colaborador de El Siglo lo justificaba de la siguiente forma:
“Mira, con los nuestros no íbamos a ninguna parte, así que decidí votar a quien
personaliza en el PP la derecha civilizada frente a los Acebes y compañía”.
Otros no han querido llevar la guerra tan
lejos y se han quedado en casa o han aprovechado el buen tiempo para marcharse
a la sierra. Creo que era el director cinematográfico Billy Wilder el autor de
una frase que viene como anillo al dedo. Refiriéndose a las incertidumbres del
estreno de una película, el genial director reflexionaba: “Cuando un espectador
decide quedarse en casa no hay forma humana capaz de detenerle”. No ha habido
fuerza humana capaz de detener la abstención de la parroquia en 19 de los 21
distritos de Madrid ni en algunos municipios donde se supone que predomina la
clase obrera.
Todos sabíamos que ni Sebastián ni
Simancas eran los candidatos adecuados, todos menos Sebastián, Simancas, José
Blanco y Zapatero. Sebastián cosechó tres concejales menos que Trinidad
Jiménez, otra opción personal del presidente, situando al partido en mínimos
históricos. No pudo movilizar ni a los socialistas de estricta obediencia. Sin
embargo, el fracaso de Simancas, igualmente cantado, que ha perdido casi el
mismo porcentaje de votos que Sebastián, no se debió al desconocimiento, sino a
todo lo contrario: a que se le conoce bien. En las filas progres se bromeaba:
“Mientras siga Simancas, tendremos Esperanza”, en obvia referencia a la
presidenta de la Comunidad.
Sebastián ya ha anunciado que no tomará
posesión de su acta de concejal y que abandona la política, y Simancas renuncia
a presentarse de nuevo, una decisión razonable aunque tardía, pues debió
hacerlo tras la traición de Tamayo y Sáez, una responsabilidad que comparte
con Blanco y con Zapatero, que apoyaron su continuidad. Ahora que se va se
permite criticar la selección de su compañero de campaña: “No fue el mejor
proceso posible, evidentemente (...) Fue manifiestamente mejorable (...) y
envió a la ciudadanía una señal equivocada y poco clara en torno a la
importancia que el partido da al Ayuntamiento de Madrid y al candidato a la Alcaldía”. Palabras tan sabias como tardías pues el secretario general del Partido Socialista
de Madrid (PSM) salió aparentemente encantado de una cena en Moncloa en la que
ZP le hizo notar las maravillas de su fichaje. Esa fue toda la participación
del PSM en la selección de su candidato (al que pesos pesados de su lista como
Óscar Iglesias, Isabel Villalonga y Manuel García Hierro exigieron su renuncia
al acta). No fue una decisión improvisada, sino el resultado de un descarte
tras el rechazo de José Bono y de Teresa Fernández de la Vega.
José Blanco, Pepiño, ha dictaminado que
el problema del PSM es algo más profundo que el de la idoneidad de los
candidatos; que adolece de males estructurales que exigen tratamientos
igualmente estructurales. No ha dicho nada nuevo. La Federación Socialista Madrileña, que tuvo un lejano pasado glorioso, llevaba años sometida al
chalaneo de reinos de Taifas, entre ellos el de Balbás, que provocó el
tamayazo. Simancas, procedente del guerrismo, lo cosió con alfileres pero tras
el desastre del 11-M me temo que se volverá a las andadas. Demos, sin embargo,
a Pepiño la ocasión de aplicar su receta. La caída de Madrid ha superado los
límites de la región y toca al secretario general, a quien le ha hecho perder
las municipales por más votos de las que ganó en 2003, cuando no gobernaba, y
con muchos más de las generales que perdió González. La moral de ZP ha debido
de sufrir el impacto cuando al analizar los resultados se limitaba a ironizar
sobre el hecho de la maravilla que represente que todos los partidos estén
satisfechos con los resultados. No era el análisis que se esperaba del líder
carismático.
José García Abad
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