Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 744
4/6/2007

En Madrid el voto útil se volvió contra el PSOE

En Madrid, el voto útil de la izquierda ha perjudicado al PSOE por primera vez en su historia.  El caudal recaudado por los candidatos de Izquierda Unida: Ángel Pérez en el Ayuntamiento e Inés Sabanés en la Comunidad, en torno al 8 por ciento, es inusual en ambas circunscripciones y está muy por encima del cómputo nacional, que no llegó al 5,5 por ciento. Semejante triunfo se debe a una inédita orientación del voto útil. Ante la catástrofe anunciada, mucho feligrés de la izquierda decidió expresar su protesta votando a los comunistas.

He observado otro fenómeno más sofisticado pero orientado por los mismos motivos en beneficio de Alberto Ruiz Gallardón. Un colaborador de El Siglo lo justificaba de la siguiente forma: “Mira, con los nuestros no íbamos a ninguna parte, así que decidí votar a quien personaliza en el PP la derecha civilizada frente a los Acebes y compañía”.

Otros no han querido llevar la guerra tan lejos y se han quedado en casa o han aprovechado el buen tiempo para marcharse a la sierra. Creo que era el director cinematográfico Billy Wilder el autor de una frase que viene como anillo al dedo. Refiriéndose a las incertidumbres del estreno de una película, el genial director reflexionaba: “Cuando un espectador decide quedarse en casa no hay forma humana capaz de detenerle”. No ha habido fuerza humana capaz de detener la abstención de la parroquia en 19 de los 21 distritos de Madrid ni en algunos municipios donde se supone que predomina la clase obrera.

Todos sabíamos que ni Sebastián ni Simancas eran los candidatos adecuados, todos menos Sebastián, Simancas, José Blanco y Zapatero. Sebastián cosechó tres concejales menos que Trinidad Jiménez, otra opción personal del presidente, situando al partido en mínimos históricos. No pudo movilizar ni a los socialistas de estricta obediencia. Sin embargo, el fracaso de Simancas, igualmente cantado, que ha perdido casi el mismo porcentaje de votos que Sebastián, no se debió al desconocimiento, sino a todo lo contrario: a que se le conoce bien. En las filas progres se bromeaba: “Mientras siga Simancas, tendremos Esperanza”, en obvia referencia a la presidenta de la Comunidad.

Sebastián ya ha anunciado que no tomará posesión de su acta de concejal y que abandona la política, y Simancas renuncia a presentarse de nuevo, una decisión razonable aunque tardía, pues debió hacerlo tras la traición de Tamayo y Sáez, una  responsabilidad que comparte con Blanco y con Zapatero, que apoyaron su continuidad. Ahora que se va se permite criticar la selección de su compañero de campaña: “No fue el mejor proceso posible, evidentemente (...) Fue manifiestamente mejorable (...) y envió a la ciudadanía una señal equivocada y poco clara en torno a la importancia que el partido da al Ayuntamiento de Madrid y al candidato a la Alcaldía”. Palabras tan sabias como tardías pues el secretario general del Partido Socialista de Madrid (PSM) salió aparentemente encantado de una cena en Moncloa en la que ZP le hizo notar las maravillas de su fichaje. Esa fue toda la participación del PSM en la selección de su candidato (al que pesos pesados de su lista como Óscar Iglesias, Isabel Villalonga y Manuel García Hierro exigieron su renuncia al acta). No fue una decisión improvisada, sino el resultado de un descarte tras el rechazo de José Bono y de Teresa Fernández de la Vega.

José Blanco, Pepiño, ha dictaminado que el problema del PSM es algo más profundo que el de la idoneidad de los candidatos; que adolece de males estructurales que exigen tratamientos igualmente estructurales. No ha dicho nada nuevo. La Federación Socialista Madrileña, que tuvo un lejano pasado glorioso, llevaba años sometida al chalaneo de reinos de Taifas, entre ellos el de Balbás, que provocó el tamayazo. Simancas, procedente del guerrismo, lo cosió con alfileres pero tras el desastre del 11-M me temo que se volverá a las andadas. Demos, sin embargo, a Pepiño la ocasión de aplicar su receta. La caída de Madrid ha superado los límites de la región y toca al secretario general, a quien le ha hecho perder las municipales por más votos de las que ganó en 2003, cuando no gobernaba, y con muchos más de las generales que perdió González. La moral de ZP ha debido de sufrir el impacto cuando al analizar los resultados se limitaba a ironizar sobre el hecho de la maravilla que represente que todos los partidos estén satisfechos con los resultados. No era el análisis que se esperaba del líder carismático.

  José García Abad

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