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Nº 743 - 28 de mayo de 2007

El PSOE gana territorios pero pierde las municipales

El ‘error Madrid’ escuece a ZP

El Partido Popular de Mariano Rajoy ha superado en poco más de 150.000 votos al PSOE en las elecciones municipales, pero los socialistas han conseguido 700 concejales más y han arrebatado a los populares alcaldías tan emblemáticas como Vitoria, Toledo, Jaén o Las Palmas. Además, el PP ha perdido Navarra y la mayoría absoluta en Baleares, mientras el PSOE ha ganado en Canarias con lo que, a la espera de los pactos poselectorales, los socialistas amplían significativamente los territorios en los que gobiernan. En este nuevo mapa de poder se alza con una fuerza inusitada Madrid como bandera indiscutible del PP gracias al triunfo de Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. La apuesta personal de Zapatero por el candidato a la Alcaldía, Miguel Sebastián, ha resultado otro sonoro fracaso que, unido al nuevo traspiés en la Comunidad, ha vuelto a retumbar en los oídos del presidente como el error Madrid del que parece incapaz de desprenderse.

Por Inmaculada Sánchez

En el balcón de Génova, 13, la sede nacional del PP, Mariano Rajoy pudo acompañarse en la madrugada electoral de sus dos mejores “caballos ganadores” para transmitir a sus seguidores un mensaje de triunfo. Alberto Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre, alcalde y presidenta de Madrid, respectivamente, revalidaban sus puestos y, además, ampliaban su distancia sobre el PSOE. “Después de siete años hemos vuelto a ganar las elecciones”, dijo el líder popular a los congregados. Rajoy se aferraba a los poco más de 160.000 votos en que habían superado al PSOE en el cómputo global de toda España, apenas un 0,28 por ciento de diferencia que, sin embargo, les habían dejado sin algunas significativas alcaldías y con las presidencias de Navarra y Baleares en el aire.

En la sede socialista, aunque a esa hora sumaban complacidos los ayuntamientos que mantenían, los que ganaban y los diputados autonómicos de Navarra, Baleares y Canarias, tres autonomías en las que pueden aspirar a gobernar a partir de ahora, no tenían a ningún candidato a mano para exhibirlo haciendo el signo de la victoria. Por el contrario, en los despachos del Partido Socialista de Madrid se rumiaba la derrota y Rafael Simancas, su secretario general y candidato a la presidencia de la autonomía, entonaba poco después un público “gracias y lo siento” ante sus compañeros de partido.

El alcance de los triunfos de Aguirre y Gallardón que anunciaban las encuestas fue mucho más rotundo de lo que esperaban en el PSM y en Moncloa. El presidente Zapatero había sido, una vez más, al igual que en la anterior convocatoria de municipales, en 2003, quien impusiera al candidato a la alcaldía de la capital, sabedor del carácter emblemático que atesora. Pero si con Trinidad Jiménez, hoy flamante secretaria de Estado para Iberoamerica, los socialistas lograron 21 concejales, con el ex director de la Oficina Económica de Moncloa, sólo han alcanzado 18, convirtiéndose, además, en el único grupo político que bajaba en apoyos: el PP de Gallardón se aupaba hasta un histórico 55,54 por ciento de votos y 34 concejales y la IU de Ángel Pérez lograba un 8,68 y 5.

Fueron precisamente los votos de Madrid los que dieron la victoria global a Rajoy ya que antes de que éstos hubieran avanzado significativamente en recuento era el PSOE quien adelantaba a los populares. En la Comunidad, Esperanza Aguirre también conseguía más de la mitad de los votos emitidos, un 53,29 por ciento, y, con 67 escaños, dejaba a una distancia de 14 la suma de los del PSM e IU. Lejos quedaba el 2003, cuando la traición de sólo dos diputados socialistas dejaba a Rafael Simancas sin la presidencia de la Comunidad que las urnas le habían concedido.

Madrid, sin embargo, se ha convertido para el PSOE de Zapatero, tras estas elecciones municipales y autonómicas, en la excepción. Los socialistas mantienen todos los gobiernos autónomos en los que gobiernan y sólo pierden Cuenca y Guadalajara entre las capitales de provincia con alcaldes propios. Incluso, en feudos importantes en los que presentaban un nuevo candidato éstos han cumplido con creces: Guillermo Fernández Vara, que se presentaba ejerciendo de difícil sustituto de Juan Carlos Rodríguez Ibarra en Extremadura, ha revalidado victoria, al igual que José María Barreda, primera vez candidato a la presidencia de Castilla-La Mancha tras décadas con José Bono como presidente.

Además, loso socialistas suman importantes perspectivas de gobierno tras la pérdida de la mayoría absoluta de Jaume Matas en Baleares, de Miguel Sanz en Navarra y de Coalición Canaria en el Gobierno de las islas.

Precisamente este último gobierno autónomo es el que podría servir de bálsamo a la fallida apuesta de Zapatero para la alcaldía de la capital. Fue también el presidente quien presionó a su entonces ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, a abandonar la cartera y presentarse como candidato a la presidencia de las islas a pesar de su inicial desinterés.

El “efecto López Aguilar” sí que parece haber funcionado ya que el ex ministro ha conseguido más de 300.000 votos (un 34,64 por ciento) y 26 escaños, es la fuerza más votada y, aunque habrá de entenderse con Coalición Canaria (segunda fuerza en las islas con 17 escaños, por delante del PP, con 14), tiene muchas posibilidades de convertirse en presidente autonómico.

Los acuerdos en Baleares y en Navarra se presentan más complejos ya que en la primera autonomía vuelve a ser Unió Mallorquina el partido bisagra a pesar de sus exiguos 3 diputados: sumados a los 28 del PP superarían en uno a la suma de los socialistas y el resto de fuerzas de la izquierda. Jaume Matas, por tanto, tendría posibilidades de mantenerse en la presidencia y Rajoy, de no sumar una autonomía de relieve a las pérdidas de la jornada.

La que sí se apunta como una pérdida en toda regla para los populares es la Comunidad Foral de Navarra. Convertida en estandarte de Rajoy, no sólo durante toda la campaña electoral sino desde meses antes, la espectacular subida de la coalición abertzale y nacionalista Nafarroa Bai, sumada a la del Partido Socialista de Navarra y al descalabro de la CDN de Juan Cruz Alli, han dejado a Unión del Pueblo Navarro (UPN) sin la mayoría suficiente para que pueda seguir gobernando Miguel Sanz.

UPN, la marca del PP en Navarra, ha bajado un escaño, quedándose en 22, que sumados a los dos de CDN, aún se quedan a dos escaños de la suma de los 12 de Nafarroa Bai, los otros 12 del PSOE y los dos de Izquierda Unida de Navarra.

Este tremendo resultado, unido a la pérdida de la alcaldía de Vitoria, la única de las tres  capitales vascas que gobernaba el PP, y a la bajada generalizada de sus candidaturas en el País Vasco, no hace más que confirmar que la machacona estrategia de Rajoy y los principales dirigentes del PP de convertir a la política antiterrorista del Gobierno en el principal objeto de sus ataques no ha se ha visto refrendada por las urnas.

Ya desde que ETA rompiese el alto el fuego permanente el pasado diciembre, los populares decidieron que la política antiterrorista de Zapatero era su punto débil y al que había que atacar casi en exclusiva. Numerosas manifestaciones, una de ellas en la capital navarra,  en la que se añadió a la reclamación de “no negociar con ETA” la de “no entregar Navarra para su anexión al País Vasco como reclaman los terroristas”, alimentaron la operación de convertir el panorama político nacional en un escenario de batalla de alta tensión.

Miguel Sanz, el ya presidente navarro en funciones, acompañó con entusiasmo a Rajoy en las convocatorias y también centró su campaña en mostrarse como la garantía de que Navarra “no se vendía”. Finalmente, los electores han dado la espalda a semejantes argumentos no sólo reduciendo su apoyo a UPN sino sumando más votos para el PSOE y dando un espectacular apoyo a la opción encabezada por Patxi Zabaleta, antiguo miembro de Herri Batasuna y líder de Aralar, reconocido abertzale, aunque crítico con la ilegalizada formación de Otegi y firme partidario de la condena de la violencia.

Junto a él, los nacionalistas del PNV y de Eusko Alkartasuna, además de la formación también abertzale Batzarre, unidos en Nafarroa Bai han incrementado nada menos que un 50 por ciento sus apoyos. Si eso no es una respuesta, casi airada, a los insistentes mensajes desde el PP de que Navarra iba a ser “vendida” por los socialistas de Zapatero, se acerca mucho.

Las crispadas palabras de Aznar en la recta final de  la campaña electoral, señalando que todo voto que no fuera al PP iría destinado a ETA también parecen haber tenido contestación en estos comicios. La única capital vasca en manos del PP también ha dejado paso a un posible alcalde socialista apoyado por la Ezker Batua de Javier Madrazo y la Aralar de Zabaleta que en todo el País Vasco han sumado fuerzas y se han presentado en coalición.

Las coaliciones serán claves para la formación de los gobiernos que vayan a cambiar de manos. Y en ellas emerge con significativa relevancia el papel de la Izquierda Unida de Gaspar Llamazares, firme partidaria de pactar con los socialistas, y las diferentes fuerzas de izquierda y nacionalistas que, en estas elecciones, han realizado un inédito esfuerzo de unidad al presentarse en candidaturas conjuntas en numerosas localidades y autonomías.

Sólo Convergencia i Uniò, de entre los minoritarios, ha retrocedido con claridad en estos comicios al perder la única capital catalana en la que gobernaban: Tarragona tendrá a partir de ahora alcalde socialista. El PSC suma esta alegría al buen resultado del sucesor de Joan Clos en la alcaldía de Barcelona, Jordi Hereu, que mantendrá el bastón de mando en la Ciudad Condal.

Tanto Zapatero como Rajoy habrán de tomar nota del nuevo mapa dibujado por este 27-M. Ambos partidos se mantienen en parecido porcentaje de votos respecto a la anterior convocatoria pero la abstención, que ha sumado tres puntos a la del 2003, ha vuelto a jugar en contra de los socialistas. A pesar de ello, el PP también vuelve a constatar que está prácticamente solo a la hora de buscar alianzas para gobernar mientras el PSOE parece capaz de seguir entendiéndose con nacionalistas y fuerzas más a su izquierda sin que, a pesar de los insistentes discursos de Rajoy o Aznar, España presente siquiera síntomas de una próxima ruptura. Y en Madrid, donde resuenan con más altavoz los gritos de la crispación, el PP es cada vez más fuerte y el PSOE más débil.  ¿Habrán entendido todos el mensaje?

Gallardón gana a Aguirre las primarias del PP

Por V.M.

Han arrasado. Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón se han convertido, como diría hace tres años la presidenta de la Comunidad de Madrid, en “el bastión del PP”. El triunfo electoral de Mariano Rajoy no habría sido posible sin el empuje que le han dado los dos dirigentes al cómputo total de votos. Los dos han confirmado su tirón electoral, sin embargo, en la otra pelea que debía dirimirse el 27-M, la que la presidenta y el alcalde mantienen desde hace tiempo por situarse a la cabeza del pelotón de posibles sucesores del líder del PP, sólo uno podía resultar vencedor.

En el balcón de la sede del partido, ante miles de simpatizantes que acudieron a las puertas de Génova 13 para celebrar la victoria de los candidatos madrileños, Gallardón recordó hasta dos veces que los ciudadanos le han dado su voto de confianza en cuatro ocasiones. Dos más que a Aguirre. Este no deja de ser un caso de oportunidad política, pero van tan igualados en su carrera por el liderazgo post-marianista que los matices son fundamentales. Como que el alcalde ha batido su propio record y el del consistorio. Ha ampliado su mayoría absoluta en el Ayuntamiento, la mayor que se haya visto en la ciudad desde 1979, con el 55,54% de los votos. El resultado final ha sido de 34 concejales para el PP, cuatro más que los logrados en 2003, frente a los 18 del PSOE, que pierde tres –Miguel Sebastián ha obtenido seis puntos menos que Trinidad Jiménez–, y los cinco de Izquierda Unida, que consigue un edil más que en la anterior convocatoria electoral –el programa social de Ángel Pérez y la pérdida de votos de los socialistas por la izquierda han favorecido su subida–.

Los resultados registrados por los populares en la Asamblea de Madrid no desmerecen los alcanzados por el equipo de Gallardón. Aguirre sube de 57 a 67 escaños, mientras que Simancas pasa de 45 a 42 e IU, con Inés Sabanés a la cabeza, de 9 a 11. Sin embargo, la presidenta ha registrado el 53,3% de los votos, lo que representa 2,24 puntos menos que su colega en el Ayuntamiento. Bien es verdad que la ciudad es más conservadora que la región, pero, precisamente, donde no hay duda de la victoria de Gallardón es en el desfase de votos entre uno y otro en el mismo ámbito geográfico: al alcalde le han votado 11.726 personas más que a la jefa del Ejecutivo autonómico en la capital.

De este curioso comportamiento se desprende que la estrategia del alcalde es más efectiva desde el punto de vista electoral que la de la presidenta. El primero se dio cuenta hace años de que su discurso moderado se traduciría en votos seguros: los de las bases del partido, que aunque no les guste cierran filas en torno a su candidato, y los de los electores de centro, que basculan entre una y otra formación mayoritaria en función de su grado de moderación. Como le dijo Aguirre a la autora de su polémica biografía “Esperanza Aguirre. Presidenta” (La Esfera de los Libros), “Alberto quiere hacer creer a todo el mundo que él representa el centrismo [...]. Lo que ocurre es que un día encargó una encuesta que le reveló que los madrileños eran de izquierdas y se convirtió en el progre por antonomasia”.

Mientras, la que fuera ministra de Aznar ha preferido hacerse fuerte no tanto en las urnas como en la cúpula del partido, articulando su discurso autonómico en clave nacional. A Génova la tiene metida en el bolsillo, y en caso de conflicto –ocurrió cuando Gallardón postuló a su primer teniente de alcalde, Manuel Cobo, como candidato alternativo para la presidencia del PP de Madrid–, la tiene de su parte.

Pero a Gallardón no parece importarle haberse granjeado la enemistad de algunos compañeros acusándoles indirectamente de generar crispación y que en el partido la prefieran a ella: ya ha comprobado que el éxito electoral le convierte en intocable. Sobre todo ahora que se ha demostrado a quién prefieren los ciudadanos. Porque en 2003, Esperanza Aguirre se presentaba por primera vez como candidata. Ahora que los dos partían en igualdad de condiciones, el alcalde ha demostrado que, si el partido necesita renovar su liderazgo, estas elecciones, que también han sido unas primarias del PP, le han proclamado el candidato más apto para la sucesión.

Navarra, Canarias y Baleares, pendientes de los pactos

Por V. M.

E l Partido Popular ha dado la vuelta al marcador sacándole un puñado de votos de ventaja al Partido Socialista. Pero un borrón empaña la victoria de Mariano Rajoy. En Navarra, UPN, la marca del PP en la Comunidad Foral, es el partido más votado, pero un probable pacto de las fuerzas progresistas le arrebataría uno de sus feudos autonómicos. UPN ha conseguido 22 escaños, uno menos que en las elecciones de 2003. Entonces, sus 23 diputados más cuatro de CDN (Convergencia de Demócratas de Navarra) le permitieron formar Gobierno, pero ahora, la pérdida de tres representantes entre estas dos formaciones conservadoras les impiden lograr mayoría absoluta, abriendo la posibilidad de un pacto a tres bandas entre PSN-PSOE, IUN-NEB y Nafarroa Bai, la gran sorpresa del 27-M. Durante la campaña electoral, el socialista Fernando Puras tan sólo ha dejado una cosa clara: el estatus de Navarra se queda como está. El candidato del PSN a la presidencia de Navarra negaba así las constantes advertencias de los populares sobre la claudicación del PSOE a las exigencias de ETA con la anexión de la Comunidad Foral al País Vasco. Sin embargo, no ha sido tan categórico ni para confirmar ni para desmentir su posible pacto con Nafarroa Bai, con la que está empatada a 12 escaños –la mayoría la alcanzarían con los dos diputados autonómicos que ha logrado la formación de Ion Erro, candidato de IUN-NEB–.

El estreno de esta formación en unas elecciones autonómicas y municipales no podía ser mejor. El 23 de diciembre de 2003, Aralar, EA y PNV crearon la coalición Nafarroa Bai, a la que días después y tras el acuerdo de sus simpatizantes, se sumó la formación Batzarre. El objetivo era presentarse de forma unitaria a las generales de 2004 con un programa cuyos objetivos fundamentales eran la consecución de la paz, la defensa del derecho de autodeterminación y la promoción de los intereses de la “Navarra abertzale”. Otra de sus metas era lograr uno de los cinco escaños navarros, y lo consiguieron con su candidata independiente, la entonces periodista de la televisión autonómica vasca en el Congreso de los Diputados, Uxue Barkos.

Su cabeza visible y candidato a la presidencia de la Comunidad Foral en estos pasados comicios es Patxi Zabaleta, uno de los fundadores de HB que, tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, reprobó el crimen de ETA y promovió la creación de Aralar, corriente crítica surgida de HB de la que fue nombrado coordinador general el 22 de junio de 2002 durante su congreso constituyente. Su candidatura y el estreno de la coalición en unas municipales y autonómicas ha sido espectacular: ha incrementado en cuatro diputados los ocho alcanzados en 2003 por Aralar y PNV. Como en Euskadi, su formación ha confirmado que la política antiterrorista del PP, sobre todo sus intentos de demonizar el proceso de paz y los nacionalismos, ha caído en saco roto.

El pacto entre PSN y NaBai en Navarra dependerá del que también puedan alcanzar en Pamplona. En la capital navarra, UPN ha logrado 13 concejales, ocho la coalición abertzale, cuatro los socialistas y otros doANV (Acción Nacionalista Vasca). Uxue Barkos, con el apoyo de esta última y de los socialistas, se sentaría en el sillón consistorial, mientras que Fernando Puras contaría con el apoyo de la coalición para desbancar a Miguel Sanz del Gobierno Foral tras 11 años de permanencia en el Ejecutivo autonómico. Un asunto delicado, ya que no sólo UPN, sino también la dirección nacional del PP, harían campaña contra la que calificarían de entrada de ETA en las instituciones –los dos concejales de ANV son imprescindibles–.

A la espera de que unos y otros se sienten a negociar para decidir el color del futuro Gobierno –aunque ya se tomaron el pulso antes del 27-M con los resultados de las encuestas en la mano–, lo que ya está claro es que Juan Fernando López Aguilar es el candidato a la presidencia de Canarias más votado. El presidente Zapatero tenía dos apuestas personales para estos comicios; Miguel Sebastián en la ciudad de Madrid y López Aguilar en el Gobierno insular. El primero ha quedado muy por debajo de las expectativas. El segundo ha logrado en cambio el mayor éxito socialista de esta última convocatoria electoral, incrementando en ocho diputados el total alcanzado en 2003 –se ha pasado de 18 a 26 escaños–.

Aunque el éxodo del que fuera titular de Justicia ha logrado el efecto deseado –casi fue un destierro, debido a la resistencia del ministro a abandonar su cartera y la insistencia de Zapatero en que lo hiciera–, el poder político en el Parlamento autonómico siempre ha estado muy repartido entre PSOE, PP y Coalición Canaria, y en este caso también ha sido así, de modo que el socialista no cuenta con mayoría absoluta. Los nacionalistas canarios, liderados por el sustituto de Adán Martín, Paulino Rivero –que no ha conseguido contrarrestar la impopularidad del presidente saliente–, han logrado 17 y dos escaños –los de CC-PNC y CC-AHI, respectivamente– y los populares presididos por José Manuel Soria, 15. Un acuerdo de Gobierno entre PP y CC arrebataría al ex ministro la presidencia, pero estos últimos siempre han primado al candidato más votado y es de esperar que lo sigan haciendo. Sobre todo después de su mala experiencia con los populares, con los que formaron gobierno tras las elecciones de 2003 hasta que rompieron el pacto en mayo de 2005 con las salida de tres consejeros del PP del Gobierno del archipiélago –desde entonces, ha gobernado gracias a los apoyos puntuales de los socialistas y el Partido de Independientes de Lanzarote–.

Jaume Matas tampoco ha logrado mayoría absoluta, aunque su caso es menos optimista que el de López Aguilar en Canarias y menos delicado que el de Miguel Sanz en Navarra. Con un diputado menos que en 2003 –28 frente a los 29 de entonces–, necesita pactar con otras fuerzas para repetir en el cargo de presidente de las Islas Baleares. Repetiría con AIPF (Agrupació Independent Popular de Formentera), pero todo depende de qué haga la Unión Mallorquina de Maria Antònia Munar, que ha logrado los mismos tres escaños que alcanzó en la anterior convocatoria autonómica. La dirigente ha tenido sus más y sus menos con el PP de Matas, al que llegó a identificar con “la extrema derecha”. Si sumara sus votos a los conseguidos por el resto de formaciones baleares –el PSOE ha logrado 16 escaños, PSOE-ExC (Eivissa pel Canvi) seis, PSM-EN,EU-EV,ESQUERR cuatro, y PSM-VERDS uno–, el socialista Francesc Antich podría regresar al Gobierno de las islas. Todo hace pensar que UM escuchará la oferta de Matas, pero también prestará atención a la oferta de su adversario.

IU, menos votos y más gobiernos

Con cada cita con las urnas, los resultados globales de IU en las elecciones municipales se van acercando, sin prisa pero sin pausa, al listón del 5 por ciento de los sufragios, la cifra mínima que un partido necesita para entrar en los ayuntamientos y la mayoría de los parlamentos autonómicos, así como para formar un grupo propio en el Congreso. La cuesta abajo iniciada a partir de las municipales de 1995, cuando, con Julio Anguita como Coordinador General, la pinza contra el PSOE llevó a la coalición a los mejores resultados de su historia con el 11,6 por ciento de los sufragios, parece no tener freno. En los comicios de 1999, IU consiguió el 6,5 por ciento de los votos, en 2003 el 6 por ciento y en las actuales el 5,5 por ciento. Y sin embargo, la formación liderada por Gaspar Llamazares tiene mayor capacidad de gobierno que nunca gracias a las alianzas que mantiene con el PSOE, como bien ha expresado el propio Llamazares durante su comparecencia de prensa tras conocerse los datos definitivos, quien ha señalado que los resultados trasmiten “optimismo” para “IU y sus coaliciones”.

Estas coaliciones son las que permiten a IU permanecer en el gobierno de Asturias –donde, pese a perder más de 12.000 votos, conservan 4 escaños- y tener expectativas de entrar en los de Navarra y Baleares, desalojando al PP de los mismos. En la Comunidad Foral, sus dos diputados serán esenciales para que Nafarroa Bai y PSN, que suman 24 diputados, superen los otros 24 con los que cuentan Unión del Pueblo Navarro –la marca popular en esa comunidad- y Convergencia Democrática de Navarra, los socios del hasta ahora presidente, Miguel Sanz. En Baleares, a la espera de lo que decida hacer Unión Mallorquina, también son esenciales los cuatro parlamentarios que ha conseguido en coalición con el Partido Socialista de Mallorca, Els Verds y Esquerra Republicana para que el socialista Francesc Antich sustituya a Jaume Matas en el cargo.

Por otra parte, Madrid se convierte en uno de los principales baluartes de la coalición, donde Inés Sabanés y Ángel Pérez, en la comunidad y la capital, respectivamente, han conseguido invertir la tendencia descendente general. Sin embargo, la debacle socialista en esta región, a pesar de que haya podido beneficiar a IU gracias a la fuga de votos, va a hacer imposible que se reediten pactos  como el de 2003 en la Comunidad, que los socialistas Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez echaron por tierra. En esta región, IU registra una de sus mayores avances, pasando del 8,5 por ciento de los votos y los 9 escaños conseguidos en 2003, al 8,89 por ciento y 11 escaños. En la capital pasa del 7,22 al 8,68 y de 4 a 5 concejales.

Con respecto a las capitales de provincia, podrá seguir manteniendo el gobierno en coalición en Barcelona, Girona, Lleida y Sevilla, a las que probablemente se sumen Jaén, Toledo y Soria. En Segovia, los dos concejales con los que contaban pasan directamente al PSOE, que podrá seguir gobernando pero en solitario, y en Guadalajara, aunque mantiene su escaño, el descenso del PSOE da la alcaldía al PP.

El principal activo político de la coalición, la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, no ha sido inmune a la tendencia general de pérdida de votos. A pesar de que se mantiene como la fuerza más votada en el municipio y mantiene uno de los principales cargos políticos con los que cuenta IU, gracias al apoyo del PSOE, desciende del 41,8 al 35,6 y de 13 a 11 concejales.

Por Manuel Capilla

El PP retrocede en Euskadi

Si la política de oposición llevada a cabo por el PP, basada en una crítica radical de la política antiterrorista del Gobierno, ha podido tener éxito en el conjunto de España, posibilitando que los populares sean la fuerza más votada, en el País Vasco las consecuencias han sido radicalmente contrarias. De hecho, el desplome experimentado por el PP en el conjunto de Euskadi -ha perdido 60.000 votos y 48 concejales- ha posibilitado que se produzca uno de los hechos más reseñables que han arrojado las urnas en estas elecciones: el PSE ha sido el partido más votado en Vitoria por primera vez en su historia. En la capital vasca -un tradicional feudo del PNV hasta las elecciones de 1999, cuando el actual alcalde, el popular Alfonso Alonso, se hizo con el triunfo- el PSE sube de 7 a 9 ediles, los mismos con los que cuenta el PP, que muy probablemente se verá desalojado de la alcaldía por las alianzas con las fuerzas nacionalistas.

Por otro lado, y a falta de otros resultados llamativos, el protagonismo de la jornada ha sido para los simpatizantes de ANV, que se han hecho notar protestando en los colegios electorales y acosando a los principales candidatos de todas las fuerzas políticas cuando acudían a depositar sus votos con gritos de ‘pucherazo no’ y ‘entregad la democracia a Euskal Herria’. El candidato socialista a la alcaldía de San Sebastián, Odón Elorza, ha llegado a encararse con uno de ellos, rompiendo la pancarta que portaba y recriminándoles su actitud. Finalmente, ANV ha conseguido 73.000 votos y 337 concejales En Guipúzcoa, ANV ha logrado 44.357 votos lo que le otorga 10 alcaldías con mayoría absoluta y 13 con mayoría relativa; los  24.379 votos que ha recogido en Vizcaya se traducen en seis alcaldías con mayoría absoluta y una relativa y, por último, en Álava, esta formación tendrá una alcaldía con mayoría absoluta.

El 'efecto Corulla' por Enric Sopena


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