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Nº 743
28/5/2007
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Miedo al diálogo

Por José María Benegas

En relación con las políticas actuales no alcanzo a entender por qué el diálogo, aunque sea con los antiguos dirigentes de una organización ilegalizada, puede ser perseguido, jurídica y políticamente, proscrito y anatematizado, y motivo de denuncia como si se tratara de una cataclismo democrático. La cuestión, desde mi punto de vista, está mal planteada. El problema no puede ser el diálogo (no deja de ser una práctica civilizada), sino sobre qué y para qué es el diálogo. Si el diálogo es para que unas personas que han apoyado la violencia o utilizado el terrorismo dejen de hacerlo, ¿cómo puede ser ese diálogo una traición democrática, una perversión deleznable, incluso un delito, si el fin que se persigue es noble y pretende evitar que tengamos más víctimas mortales producidas por la acción terrorista?.

Comprendo que un diálogo con la finalidad mencionada pueda, por causa de los interlocutores, producir repugnancia pero a los políticos nos eligen los ciudadanos para que resolvamos problemas, no para que discutamos permanentemente sobre cómo se resuelven y entre tanto éstos subsisten, perviven y permanecen, sin solución, por ejemplo, durante 47 años, como sucede en el caso de ETA, y lo debemos intentar aunque determinados diálogos nos puedan producir todo tipo de sensaciones adversas.

Como decía al inicio de estas notas, el problema es el contenido del diálogo, no el diálogo en sí mismo. El ex Iehendakari Ardanza, en su tan invocado documento sobre la pacificación del País Vasco, que es en síntesis una propuesta de método, inició una incompleta distinción entre los posibles diálogos y estableciócon categoría propia lo que él denomina "el diálogo resolutivo", entendiendo por tal el que se produce tras el cese de la violencia entre los poderes del Estado, la organización terrorista y sus entornos políticos. Este es un tipo de diálogo que versa sobre cuestiones concretas y que obviamente tiene que producirse cuando cese todo tipo de violencia, y además respetar el marco democrático y las reglas del juego que no se pueden vulnerar.

La cuestión reside en cómo se llega a una situación de cese de todo tipo de acción terrorista. Me atrevo a complementar la clasificación iniciada por Ardanza señalando que al "diálogo resolutivo" tal como él lo entiende le puede preceder otro que es el "diálogo para el desistimiento", es decir, simple y llanamente aquel que pretende que dejen de matar, que intenta convencer sobre la inutilidad política de la violencia y sobre la necesidad de enterrar las armas. John Hume, primero duramente criticado y después galardonado con el Nobel de la Paz, consumió muchas horas de conversaciones secretas (diálogos para el desistimiento) con Gerry Adams hasta convencerle de que tenía que conseguir que el IRA abandonara la violencia, como así sucedió posteriormente. En aquel entonces, cuando John Hume mantuvo esta interlocución, el IRA mataba y el Sinn Fein no condenaba ni rechazaba la violencia. ¿Cómo se puede valorar hoy aquel trabajo de John Hume que fue esencial para lograr la paz irlandesa? Si aplicamos los parámetros que hoy rigen en la política española a aquella situación, Hume sería un traidor a la democracia y alguien lo empitonaría por hablar con el brazo político de una organización terrorista. Sin embargo, pasará a la historia como uno de los artífices de la paz irlandesa por haber practicado el "diálogo para el desistimiento".

Cuando en una sociedad se instala el cinismo político, los valores y las convicciones se dejan de lado, se abre paso la marrullería en la acción pública y todo se deteriora. ¿Alguien puede pensar que la reunión de Suiza moderada por el obispo de San Sebastián, monseñor Uriarte, a la que acudieron una delegación de ETA y otra del Gobierno presidido por el Sr. Aznar surgió por generación espontánea? ¿Cuántos meses de "diálogo para el desistimiento" hubo que invertir para que esa reunión se produjera? ¿Alguien puede pensar que el obispo de San Sebastián actuó por libre, y si fue el artífice de la reunión no lo hizo con el máximo beneplácito del Gobierno de entonces, porque no pudo ser de otra manera? El cinismo político reside en que éstos que montaron la reunión de Suiza se escandalizan, hablan de traición a los muertos y no sé qué más cosas porque Eguiguren hable con no sé quién, o una delegación del PSE se reuniera durante aquella tregua con una representación de HB, que en aquella época era legal.

El despropósito no sólo es político, sino también jurídico. Algún día abordaré con el espacio necesario la "teoría de la contaminación" que, tal y como está planteada, no tiene ninguna solidez jurídica, lesiona derechos civiles de terceros y constituye una singularidad española porque no existe algo parecido en ningún país democrático del mundo. ¿Cómo es posible que lbarretxe, Pat-xi López, Rodolfo Ares, estén sujetos a un procedimiento penal por hablar con unas personas, Otegi y sus acompañantes, que es verdad que dirigieron una organización hoy ilegal, pero que no fueron privados de sus derechos civiles, y por lo tanto pueden estar con quien quieran? Me enseñaron cuando era estudiante de Derecho que los delitos tienen que estar tipificados en el Código Penal. ¿En qué artículo de éste se señala que es delito mantener una entrevista con personas que pertenecieron a un partido, hoy ilegal, pero que están en posesión de la plenitud de sus derechos civiles? La aberración jurídica es de tal calibre que no puedo entender que pueda haber jueces o magistrados que puedan imputar la comisión de un delito a Ibarretxe, Patxi López y Rodolfo Ares, dirigentes todos de una probada trayectoria democrática, y en el caso de mis compañeros de partido, además, constituyen un ejemplo de lucha tenaz contra el terrorismo y la violencia en el País Vasco desde las épocas duras cuando los muertos en un año alcanzaban la estremecedora cifra de cien. Yo sé dónde estaban Patxi López y Ares y desde luego no sé dónde se escondían los magistrados que hoy los imputan por una entrevista, y tampoco dónde estaban muchos de los que hoy vociferan y han centrado su proyección pública en una instrumentalización del terrorismo y de las víctimas para convertirse en héroes tardíos de una causa cuando los momentos más trágicos de la violencia en el País Vasco han pasado, y espero que por el bien de todos así sea.

Finalmente no quiero dejar de reseñar que es una paradoja incomprensible que, siendo ésta la etapa democrática en que hemos tenido menos víctimas mortales por el del terrorismo de ETA, dos personas en tres años y medio, y ninguna en el País Vasco, es cuando más se habla y discute de esta cuestión ocupando este tema la centralidad del debate político, y olvidando la verdadera amenaza terrorista, que puede provenir del terrorismo islámico. Termino estas notas reproduciendo el telegrama que recibió el PSE de John Hume cuando, después de rota la tregua de Lizarra, ETA asesinó a nuestro compañero Fernando Buesa. "Condeno y repruebo profundamente el regreso de la violencia por parte de ETA. La violencia no sirve para defender objetivo alguno. Por el contrario, agudiza los complejos problemas políticos que deben ser resueltos para alcanzar una paz estable y duradera. El único camino en le que se puede construir una paz justa y duradera es mediante el diálogo multilateral, basado en principios exclusivamente democráticos. Soy muy consciente de que esta es también la posición de vuestro partido.

Mis colegas, y yo mismo, nos sentimos junto a vosotros en el esfuerzo por conseguir el final de la violencia. El objetivo sigue siendo alcanzar una solución pacífica a nuestras dificultades. Sinceramente, John Hume".


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