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Incertidumbres en India La reforma del sistema económico y social de India
presenta su originalidad y sus problemas, fundamentalmente por intentarse en un país de estructura tradicional, democrático y descentralizado, con una inmensa pluralidad geográfica y cultural. El país, a la hora de abordar las reformas, lo hace con un notable desarrollo de la vida parlamentaria y de los partidos, los medios de comunicación y los sindicatos, a favor o en contra con libertad e instrumentos suficientes. No es el caso de China, Singapur, Taiwán o Corea del Sur, en que la reforma se hizo de manera autoritaria y sin democratización previa, permitiéndose como por decreto el juego de las fuerzas del mercado y la llegada de la inversión exterior, todo lo que supone la liberalización económica antes de que se produjera la liberalización política. En India, el proceso es justamente el inverso porque, desde la independencia en 1947, el país dispone de un régimen secular y democrático, con parlamento, sindi-" catos y partidos, acompañado también, eso sí, por un sistema económico obsoleto y manifiestamente mejorable, de planificación centralizada, intenso intervencionismo estatal, subvenciones y una política industrial orientada a la autarquía y la sustitución de importaciones. De manera paulatina se están configurando dos Indias, una con negocios en ebullición, ciudades en expansión y una clase media que cada vez estaría más segura de sí misma, y otra India dedicada a la agricultura, –todavía ocupa un 60% de la población activa–, que habita en lugares humildes y pueblos miserables, con un alto porcentaje de población castigada por la pobreza. Estos votan de manera mayoritaria por el BJP (Bharatiya Janata Party) nacionalista hindú, y sus aliados, por el Partido del Congreso, resultando además que cuanto más baja es la condición social del votante, con más intensidad acude a las urnas y su influencia electoral es mayor. En consecuencia, la reforma del sistema indio dada la creciente importancia de la llamada política de identidad, pero también dados los intereses de la élite económica, en rivalidad con la oposición social y política de los sectores más desfavorecidos, ha podido avanzar poco en cuestiones de política fiscal, privatización, pequeña y mediana industria, agricultura y regulaciones laborales. Modificar todo ello a largo plazo beneficiará al conjunto de la población, pero no inmediatamente por tratarse de cuestiones de gran impacto social que pueden generar enorme resentimiento, en las que, porque hay votos, identidad racial o religiosa y resentimiento de por medio, partidos y políticos tienen enorme cuidado al entrar. Así sucede que, en porcentajes destacados de las encuestas de opinión, se estima que las reformas se orientan esencialmente a favor de los ricos, por lo que todos los partidos actúan con gran prudencia a la hora de abordar en programas y actuaciones las grandes reformas necesarias, siendo capaces de llevar a cabo o propugnar las que únicamente inciden en la élite, por supuesto sin orientaciones revolucionarias. Desde los años 90 los dirigentes políticos encuentran creciente dificultad en rentabilizar votos con unas reformas que crean grandes convulsiones y sólo proporcionarán frutos, políticos y reales, años después. En las próximas elecciones, previstas para 2009, con el temor de que siga aumentando la desafección popular, en paralelo al fenómeno también creciente en la vida nacional de la política de identidad, tanto el BJP como el Partido del Congreso, y muy especialmente éste, tendrán que modular sus ofertas a favor de los sectores más pobres de la población, los que más votan y están cada vez más unidos, pero que viven de la ayuda pública y de la subvención y no perciben las ventajas de una política económica que libere el mercado, la producción y el empleo con la finalidad de desarrollar el país. Tal cosa no podrá conseguirse en India sin incluir a los desafortunados en el proceso, y tampoco podrá hacerse alterando un sistema democrático sólidamente asentado. Por eso India no es China, al menos todavía. Ignacio Rupérez |
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