Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 743
28/5/2007

Madrid decidió la batalla municipal

La experiencia de 30 años de democracia muestra que las elecciones municipales son premonitorias de las generales. Si no se rompe esta regla el Partido Popular  ganaría las de 2008. No se ha producido el gran plebiscito contra la política antiterrorista de Zapatero que pedía Rajoy ni ha resultado el “España se rompe”. El PSOE ha ganado posiciones pero la baja participación en Barcelona y, sobre todo, la caída de la capital de España, donde el PP ha arrasado, han sido decisivas. Miguel Sebastián, un candidato en el que Zapatero puso un empeño particular, ha empeorado los resultados de su antecesora Trinidad Jiménez, marcada igualmente con el sello presidencial, y ha hundido el balance de las municipales. Ángel Pérez, el candidato de Izquierda Unida, ha mantenido el tipo pero lo más que puede pedírsele a esta formación es que no baje del 5 por ciento, un objetivo que ha superado con creces en Madrid y más ajustadamente a nivel nacional.

Puede decirse que Zapatero ha perdido las elecciones municipales en Madrid aunque el PSOE, que también abandonará las alcaldías de Guadalajara y Cuenca, entrará en otras capitales como Vitoria, Jaén, Toledo o Las Palmas, entre otras. Sin embargo, parece claro que, con la excepción de Barcelona, que seguirá gestionada por el tripartito, y las catalanas, la mayoría de las grandes ciudades se mantienen fieles al PP, un hecho que debería hacer cavilar a los dirigentes socialistas. Las autonómicas han sido más favorables para ellos, que mantienen las que gobernaban y podrían hacerlo en otras como Canarias y Navarra.

Pero en Madrid Rafael Simancas ha sido derrotado e Inés Sabanés no ha podido compensarlo. En  la ciudad y en la región la ideologización es más evidente que en otros pagos pero también cuenta la idoneidad de los candidatos. Alberto Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre son las personalidades más potentes del Partido Popular y no han tenido por parte socialista la réplica adecuada. Miguel Sebastián es un economista preparado y un hombre brillante e inteligente, pero quizás no debiera haber empezado su carrera política en semejante plaza enfrentándose a un peso pesado. Hay que reconocerle, sin embargo, valor y generosidad al comprometerse a seguir en los bancos de la oposición del Ayuntamiento los próximos cuatro años, cuando estaba predestinado a ser el próximo vicepresidente económico del Gobierno si Zapatero vuelve a ganar las elecciones. Sebastián se ofreció cuando fallaron las alternativas y de forma especialmente dramática cuando José Bono apartó de si el amargo dulce que le habían ofrecido.

El error Simancas es anterior. Independientemente de las virtudes que le adornan, Zapatero debió pedirle su dimisión cuando se produjo el escándalo de Tamayo y Sáenz y la consiguiente derrota electoral. Madrid es un feudo conservador difícil de arrebatar al Partido Popular pero no ocurre lo mismo con la Comunidad, donde la composición sociológica del electorado es más progresista y, por tanto, mayor la responsabilidad del candidato. Quizás Simancas, un hombre de bien, no tarde en presentar su dimisión.

Como he señalado semanas antes, lo que se jugaba en Madrid ante la escasa consistencia opositora son unas primarias internas del PP disputadas entre la presidenta y el alcalde para el caso en que Rajoy pierda las próximas. Ambos han ganado éstas pero Gallardón lo ha hecho por goleada y puede presumir de haber batido al hombre de ZP. De igual forma que éste ha perdido por culpa de Madrid, cabe decir que Rajoy las ha ganado por Gallardón y Aguirre. La victoria ha sido muy corta, casi un empate: el PP ha superado al PSOE en 160.000 votos, algo más de la que le sacó éste en 2004, lo que  no es suficiente para confiarse.

El PSOE puede cantar victoria en el País Vasco. Ha sido la primera fuerza en Vitoria, donde presuntamente gobernará en coalición con un PNV más colaborador que en el pasado, y ha avanzado en las plazas más significativas. Como era de esperar, la formación independentista ANV ha ganado donde se ha podido presentar, que es donde había puesto el mayor empeño en confeccionar listas blancas. Ha retrocedido el PNV y Eusko Alkartasuna. Convergéncia i Unió pierde Tarragona, la única capital que conservaba, y habría que anotar finalmente el hundimiento del Partido Andalucista. Más allá de estos matices hay que destacar la estabilidad de la mayor parte de los entes locales.

  José García Abad

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