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Lista Apuntes
Nº 742
21/5/2007
D N
El liberal-socialismo

Por José María Benegas

La retirada de Tony Blair y el resultado de las elecciones francesas ha reabierto el debate sobre el liberalismo de izquierdas o liberal-socialismo. Uno de los mentores ideológicos de Tony Blair incide en la cuestión señalando que "no hay vuelta atrás al viejo laborismo. La izquierda tiene que asumir que no hay alternativa al capitalismo, que hay que trabajar por la solidaridad y la justicia social desde dentro del sistema". En el mismo sentido se expresa Straus-Kahn resaltando que "el avance del neoliberalismo sólo se puede frenar con un liberalismo de izquierdas y no con modelos cerrados". ¿Es cierto que no hay alternativa al capitalismo? Los que esto afirman están, en mi opinión, confundiendo economía de mercado con capitalismo, lo cual no es exactamente lo mismo. El mercado es un sistema de distribución y asignación de recursos y el concepto de capitalismo tiene un componente ideológico. En su consecuencia, la aceptación de la economía de mercado por parte de la izquierda no tiene por qué suponer la asunción de los valores/antivalores del capitalismo. Mussil definió el capitalismo "como la organización del egoísmo". A tenor de lo que está sucediendo en el mundo podemos hacer un listado de fundamentos del capitalismo que desde la izquierda no podemos compartir:
—El individualismo insolidario y egoísta ajeno a los problemas de los demás.
—El imperio de la ley del más fuerte y el abandono a su suerte de los más desfavorecidos, lo que conduce a la exclusión social y a la pobreza, que afecta a millones de personas en el mundo.
—El objetivo del beneficio máximo antepuesto a los problemas humanos.
—El éxito social y el dinero como elementos motivadores del ser individual.
—La desigualdad como criterio sobre el que el sistema construye y fundamenta su funcionamiento. Los ejércitos de reserva producen la plusvalía además del valor añadido, cuando los nacionales se agotan la búsqueda se traslada fuera de sus fronteras (deslocalización).
—El objetivo de la producción y optimación del beneficio a costa del deterioro de la naturaleza.
—La uniformización de las personas mediante la imposición de hábitos consumistas.

Parece obvio que frente a estos valores capitalistas los de igualdad de oportunidades, justicia social, solidaridad, tolerancia, defensa del medio ambiente, lucha contra la exclusión social y búsqueda permanente de la paz, son éticamente superiores. El socialismo democrático debe ganar la supremacía de estos valores sobre los fundamentos del capitalismo, objetivo éste que sigue siendo algo por conquistar. Conclusión: la aceptación de la economía de mercado no debe conducirnos a aceptar la civilización capitalista, sino que debemos responder con una alternativa de civilización vinculada sin equívocos a la irreductible vocación por hacer prevalecer la justicia sobre la injusticia, la igualdad sobre la desigualdad, la solidaridad sobre el egoísmo, la pobreza y la exclusión, y la paz sobre la intolerancia, el fanatismo y la violencia.

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En política inevitablemente los errores tienen su coste, mayor o menor, pero nada es gratuito. Desde mi punto de vista los socialistas franceses han pagado el gran error de su división en el referéndum francés sobre la Constitución Europea que condujo a la victoria del no y a la paralización, por bloqueo, de la construcción europea. Un partido que se divide tan radicalmente en una cuestión esencial para el futuro de los ciudadanos no genera la confianza necesaria para ganar unas elecciones, sino todo lo contrario. Además de lo que antecede, creo que el PSF viene arrastrando desde hace tiempo un problema mal resuelto, que es su estructura en corrientes encabezadas por dirigentes cualificados, los elefantes, como se les denomina en la organización, todos ellos con ambición de dirigir el partido o ser candidatos en unas presidenciales, lo que supone que cuando uno de ellos gana las elecciones primarias internas, los demás, en el mejor de los casos, propician apoyos vacíos y, en el peor, cuestionan públicamente la capacidad del candidato. En esta ocasión, entre los elefantes se coló Ségoléne Royal, algo atípico; sufrió el resentimiento de los derrotados, y creo que, pese a su esfuerzo y simpatía, no ha tenido tiempo suficiente para superar los efectos negativos de los males anteriormente descritos. Por cierto, acaba de declarar que las primarias "constituyen un proceso destructor". La crisis que se avecina la han pospuesto para después de las elecciones parlamentarias.

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