F abián
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Nº 742
21/5/2007

¿Puede ser verdad que el PSOE improvise?


Por Joan Tardà i Coma*

N o hay duda de que, si el PSOE persigue finalizar la legislatura con el mismo empuje con el que la comenzó, debería garantizarse una aprobación y tramitación tranquila de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2008. Contar al menos con los mismos apoyos que gozó en la investidura, cuando no más aumentarlos, sería un síntoma de estabilidad del primer Gobierno de Zapatero.

Pero puede resultarle más difícil de lo previsible. El presidente español deberá irse acostumbrando a la publicitación por parte del PP de su capacidad de entendimiento con CiU y PNV. Una supuesta capacidad de entendimiento que será estimulada por algunos que aspiran a aumentar su caché para los pactos postelectorales porque, en definitiva, viven de eso. Esa es su razón de ser en Madrid: aparecer como influyentes ante ciertos lobbies que les mantienen financieramente.

A partir de ahora, pues, unos y otros irán limando asperezas, paso previo para hacer creíbles espacios de diálogo. En este terreno destacará CiU, convencida de que su ventaja se basa en su capacidad de atender tanto a un Partido Socialista que pueda requerir respiración asistida como a un Rajoy dispuesto a tragarse el sapo con tal de disponer de la clásica muleta de la derecha nacionalista si ésta le aúpa a La Moncloa.

Esquerra Republicana e Izquierda Unida, que hicimos presidente a Rodríguez Zapatero, votamos los Presupuestos de 2005 y 2006, las cuentas que marcaron el giro a la izquierda que esperaban millones de ciudadanos del Estado después de lanegra noche aznariana. Por cierto, a pesar de la falta de cumplimiento de la palabra dada por el presidente del gobierno de respetar el Estatut salido del Parlament de Catalunya. Y también avalamos las cuentas del Estado de 2007 en todo aquello que contenía de compromiso social.

En este contexto, cuesta creer que una maquinaria política tan engranada como la del PSOE, que sustenta el gobierno de un Estado puntero en Europa, haya sido incapaz de ofrecer durante estos tres últimos años un relato estratégico ni tan siquiera a modo de evaluación, sobre su relación con sus socios preferentes en esta legislatura del cambio.

Se trata de la primera ocasión desde la recuperación de las libertades en que la izquierda española y catalana gobiernan juntas en España y Catalunya. De igual manera, es la primera vez que el socialismo español sustituye al nacionalismo identitario y conservador pujoliano por una izquierda catalanista de nacionalismo cívico y laico.

Nadie puede negar, pues, la singularidad del momento. Un hecho novedoso enmarcado en una legislatura que se prometía trascendental y que ha abierto nuevas expectativas sobre la relación política entre las izquierdas del Estado, las ya presentes en el Congreso de los Diputados y las que, tarde o temprano, van a desembarcar.

No obstante, tal como reconocía un estrecho colaborador del presidente del Gobierno, el PSOE no tiene relato. Dicho en otras palabras, se halla instalado en el día a día, enfermo de demasiadas improvisaciones.
El republicanismo catalán apostó estratégicamente para avanzar hacia el Estado plurinacional, pluricultural y plurilingüístico a partir de la acción conjunta de las izquierdas paralelamente al incremento del Estado del Bienestar, es decir, en pro de la socialización de la riqueza. Esquerra ha cumplido con creces, pero el PSOE ni tan sólo ha tenido curiosidad intelectual para teorizar lo que hemos protagonizado y aventurar estrategias futuras. Sólo puro tacticismo funcional. Es decir, carpe diem político de usar y tirar.

Al parecer, algunos dirigentes socialistas prefieren instalarse en el riesgo. Evidentemente que se trata de una frivolidad porque a todo un PSOE, o al menos a su inteligentsia, habría que exigirle menos indolencia. Desde Esquerra Republicana creemos que, si hay voluntad política, todavía estamos a tiempo.

*Portavoz del Grupo Parlamentario Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso

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