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Nº 742
21/5/2007

El 'efecto Corulla'

A pocos días de las elecciones de mayo, aquellos que pensaban que iban a ser unos comicios de trámite convendría que cambiaran de criterio. La lucha es encarnizada por doquier. Salvo que los resultados desmientan claramente los vaticinios demoscópicos, todo indica que los socialistas mantendrán su racha de victorias en las urnas –iniciadas en las municipales de 2003, tras una década de travesía del desierto–, aunque sin que por ello las diferencias entre PSOE y PP, favorables hasta el momento a las huestes de Ferraz, se ahonden de forma estrepitosa.

En realidad, y al margen del 14-M –donde se alcanzó una holgada diferencia–, los socialistas han ido por delante del PP en todas las contiendas, pero sin goleada alguna. En las europeas, venció la candidatura patrocinada por Rodríguez Zapatero, aunque por un menguado margen de votos. En las gallegas, los populares tuvieron que abandonar el poder, desbordados por socialistas y nacionalistas, sufriendo ciertamente hasta el último minuto. En Euskadi, el PSE consiguió un excelente segundo puesto y se despegó del PP vasco. Sin embargo, Patxi López no pudo derrotar al PNV de lbarretxe. En Cataluña, el PSC descendió en cuanto a número de votantes, pero José Montilla, eso sí, fue proclamado presidente de la Generalitat y esta, vez el tripartito proyecta la imagen de Gobierno sólido y de largo recorrido.

En las municipales y en las autonómicas parciales puede producirse un escenario similar. Triunfo sin alharacas. Pero triunfo al fin, que es lo que cuenta. ¿Des-estabilizará el marcador del 27-M a Rajoy? Poco, si los daños para el PP se limitan a la pérdida de algunas ciudades de carácter políticamente secundario y a la pérdida –a escala autonómica– de Navarra y Baleares. Retener Madrid –tanto en la capital como en la Comunidad– y Valencia, también en su doble dimensión, supondría un respiro para el líder de la derecha.

Pero si el PP deja de gobernar en la Generalitat Valenciana o en la Comunidad de Madrid, Rajoy acaso no llegue como candidato a las próximas generales. El Ayuntamiento de Madrid parece inmune al asalto de la izquierda , pero el efecto Corulla, desatado por un Miguel Sebastián que se resiste a morir o que, puestos a ello, trata de morir matando, está por ver. En Madrid se juega simultáneamente en varios tableros. Se juegan su presente y su futuro tanto Gallardón como Aguirre. Y Rajoy, su carrera política.

Rajoy necesita que el PP obtenga un resultado decoroso que le permita salvar la cara. Y entonces le quedarían diez meses para dar la batalla final a Zapatero en los comicios generales. A pesar de que no faltan voces solventes que aventuran la hipótesis de que Rajoy podría sobrevivir a una segunda derrota, esa opción no parece plausible. Y, en el contencioso sucesorio, Aguirre y Gallardón –cada cual por su lado– procurarán con denuedo imponer su candidatura a La Moncloa cuando acabe la segunda legislatura de Zapatero.

Destapar por parte de Sebastián, en el debate de TVE, la relación entre Gallardón y Montserrat Corulla, presunta testaferro de Juan Antonio Roca, que es el cerebro de la corrupción en Marbella, fue la demostración de que estamos ante un combate no precisamente de guante blanco. Al candidato socialista a la Alcaldía de Madrid se le considera un mosquetero de ZP. ¿Cuando soltó lo de Corulla estaba Sebastián protegiendo a Zapatero a diez meses vista o incluso a casi cinco años vista? Aquel tierno Bambi hace tiempo ya que es de acero.

Enric Sopena

 
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