A 9
Hemeroteca
Esta semana
Lista artículos de Borrell
Nº 742 - 21 de mayo de 2007

Diez años de la 'tercera vía'

L a marcha de Tony Blair el próximo 27 de junio, tras diez años de aplicación de su tercera vía coincide con la llegada de Sarkozy

Un pro atlantista sustituye a otro. Y sus coincidencias no se limitan sólo a la actitud con respecto a EE UU, sino que se extienden a muchos aspectos de la construcción europea y la organización social. Ambos desean reducir el contenido y la dimensión política del Tratado Constitucional, al que nadie llama ya así. Sobre Turquía sus posiciones son diametralmente opuestas, pero tiempo tendrá Sarkozy de discutirlo con... Brown.

La derrota de los laboristas en las elecciones locales y regionales del 3 de mayo marca el fin de la era Blair. En ellas se dilucidaban dos cuestiones: el apoyo global que todavía mantiene el New Labour y le fuerza de los independentistas escoceses. Y, por primera vez desde las leyes de 1999 sobre la devolution, un partido político que reclama abiertamente la separación entre Escocia y el resto de la Gran Bretaña gana las elecciones.

La independencia no será para mañana porque tendrán que coaligar-se con los liberales centristas, el equivalente de Bayrou en Francia, que son rotundamente unionistas. Pero el resultado marca la tendencia y los escoceses quieren seguir el ejemplo de los pequeños países como Eslovenia, Estonia o Irlanda... y beneficiarse solos de su renta petrolera. Lo curioso es que son los ingleses los que creen que pagan demasiado para subvencionar al sector público escocés y quizás sean más favorables a la independencia de Escocia que los propios escoceses.

Estos malos resultados en Escocia han llegado casi al mismo tiempoque se forma en Irlanda del Norte un Gobierno que reúne a los viejos enemigos, un paso decisivo para la paz que habrá sido uno de los mayores éxitos políticos de Blair. Pero Tony recogía el 76 por ciento de opiniones favorables hace diez años y hoy sólo el 27 por ciento. El retroceso laborista en el conjunto del país demuestra su desgaste, sobre todo por la guerra de Iraq, pero no sólo por eso...

La guerra de Iraq pesa sobre la herencia de Blair como una losa. Con ella quiso igualar la dimensión histórica de un Churchill, pero el resultado ha sido un desastre que todavía no ha terminado. Blair sigue pregonando lo justo de su causa y justificando su decisión por razones morales basadas en un comunitarismo antihuntingtoniano que los hechos se han encargado de invalidar.

Pero los diez años de la tercera vía no pueden resumirse en el apoyo sin fisuras a Bush en esa aventura cuyas consecuencias analizaremos otro día. Blair ha sido un gran innovador de la política y un hombre de convicciones que ha actuado con gran pragmatismo, distinguiendo claramente los fines de los medios.

También ha sido sin duda el mejor comunicador político de la democracia parlamentaria. Doy fe de ello, habiendo dirigido las sesiones del PE donde sedujo a amigos y adversarios. Algunos de sus discursos pasaran a la historia, no sólo por la forma, como algunos le acusan, sino también por su contenido. Quiero recordar el de abril de 1999 en Chicago, en el que describió con fuerza profética los flujos de la globalización que rebasan las fronteras y unen a la humanidad, a veces a su pesar: el comercio, las comunicaciones, las enfermedades, los mercados financieros, los derechos humanos y las migraciones.

Desde el punto de vista socioeconómico, la tercera vía ha impulsado una profunda transformación en la realidad y la mentalidad británica. El balance tiene aspectos grises pero es globalmente positivo.

Hay mucho de paradójico en las políticas del new labor y muchas realidades que no se corresponden con lo que se le atribuye. Si hay un Gobierno en Europa que aumenta el gasto público (del 37,5 por ciento al 45,5 por ciento del PIB entre el 2000 y el 2006) no es un retrógrado neokeynesiano a la francesa, sino el de Blair.

El empleo ha crecido mucho en el Reino Unido, pero los neoliberales que alaban las recetas de la tercera vía no dicen que un tercio de los empleos creados han sido en los servicios públicos. Ciertamente, el punto de partida era muy bajo y había que superar los déficits heredados del thatcherismo, pero para la tercera vía el papel del sector público no es en absoluto residual como algunos pretenden.

También en contra de las caricaturas, Blair ha sido el más europeísta de los políticos británicos hasta la fecha y probablemente en el futuro. Quiso que Gran Bretaña desempeñara un papel motor en Europa, pero la amenaza terrorista cambió sus prioridades y su colega Brown no le dejó jugar la carta del euro, como él hubiera querido.

Si todos los Estados hubieran dicho sí a la Constitución Europea, como estaba previsto, él hubiera jugado a la plena integración de la Gran Bretaña a través de un referéndum de los de lo tomas o lo dejas. Pero los franceses le ahorraron correr ese riesgo que hubiera sido para él otra oportunidad de hacer historia.

José Borrell
*Miembro de la Comisión de Energía (ITRE) del Parlamento Europeo

Hemeroteca
Esta semana
Lista artículos de Borrell