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Conflictos entrelazados, D ifícil es localizar el conflicto en el Cuerno de África, porque constantemente se reproduce y amplía, nunca acaba por extinguirse pese a haber nacido hace decenas de años, manteniendo, además, abierta la convocatoria para nuevos participantes. El conflicto es, por tanto, centro de gravedad de atracción infinita y duradera. Por ejemplo, llevábamos años dedicados a estudiar el ancestral enfrentamiento entre el Gobierno de Jartum y los rebeldes del sur, que hoy es entre el National Congress Party (NCP) y el Sudan People's Liberation Army (SPLA), hasta que en 2003 se le superpuso la crisis de Darfur, tratada con la habitual brutalidad por el ejército sudanés y las milicias árabes de los Janjaweed, para entender que el conflicto se recreaba y había que reajustar las piezas del panorama, toda una metástasis. Oficialmente, la guerra entre el Norte y el Sur concluyó en Enero de 2005 con la firma del llamado Comprehensive Peace Agreement, que concede al SPLA la mayoría en el Gobierno del Sur de Sudan, con capital en Juba, y una posición mi- noritaria en el Gobierno de Unidad Nacional en Jartum. Dos años después del acuerdo, la situación sigue siendo muy poco prometedora, por la parcial desmovilización de las milicias, las tensiones secesionistas, la delimitación de las zonas petrolíferas y, sobre todo, por la incidencia a partir de febrero de 2003 de la revuelta de Darfur. Pese a la firma del Darfur Peace Agreement, mayo de 2006, el conflicto ni ha acabado, ni ha dejado de proyectarse a Chad, la República Centroafricana y Uganda. El Gobiernode Jartum apoya movimientos rebeldes en estos países, que a su vez respaldan acciones armadas en Darfur y el sur de Sudán. O sea, que las turbulencias de Sudán van a, y regresan de, el norte de Uganda, el este de Chad y el nordeste de la República Centroafricana, con frecuente intercambio entre Jartum y las tres capitales de regalos envenenados para favorecer los enemigos del otro, los tres vecinos contra Jartum, reedición del todos contra Tebas. Las posibilidades de combinatoria política y de maniobras contra el vecino ni mucho menos se agotan en este primer gran conflicto africano, no hemos acabado, a su vez se enlazan con las que propician el segundo gran conflicto, de influencia inter-activa y recíproca. Se trata esta vez del conflicto enconadísimo entre Etiopía y Eritrea, con cantidad de viejas disputas entre dos enemigos íntimos pero que formaban parte del mismo país hasta los años 90, en que Eritrea consiguió independizarse después de 30 años de guerra, que nunca ha cesado del todo. A finales de los años 90 hubo una guerra salvaje que concluyó formalmente en el año 2000, con un acuerdo de paz que, en parte, Etiopía se niega a aplicar por la atribución a Eritrea de la ciudad de Badme, dispuesta según arbitraje internacional. No es nuevo tampoco el interés etíope por Somalia. Ambos países libraron otras tres guerras entre 1960 y 1968, ni que Etiopía se presente con el apoyo estadounidense como potencia pacificadora en un país que carece de Estado desde que en 1991 fuera derribado Siad Barre. En todos estos parajes figuran en abundancia losingredientes para que la guerra constituya el estado natural y se alimente a sí misma. Y con ella la miseria, la muerte y los desplazamientos de población, con gobiernos corruptos, petróleo, milicias, tensiones islámicas, desinterés internacional, señores de la guerra y armas que nunca se agotan. Etiopía y Eritrea, igualmente manejan sus diferencias por medios de los vecinos y apoyan movimientos hostiles contra el otro. Mientras el Gobierno de Addis Abeba respalda al de Jartum, el Gobierno eritreo mantiene estrechas relaciones con los rebeldes de Darfur y de Sudán oriental. Proporciona armas y equipos a los tribunales islámicos de Somalia, pero todo esto, así como lo anterior, asimismo lo hace para crear problemas a los etíopes, que siguiendo la política de Washington se alinean a favor del llamado Gobierno de transición y junto a los señores de la guerra antislámicos. De esta manera, se supone que estamos ante una especie de repetición de errores cometidos en Afganistán e Iraq. Al mismo tiempo, el Gobierno de Jartum en absoluto es ajeno a la situación de Somalia. Se sospechan lazos y concomitancias con los tribunales islámicos, las universidades teológicas de Sudán y los islamistas del NCP. La cuadratura del círculo se encontraría en que, por si fuera poco, el Gobierno de Jartum tiene una buena reputación en la guerra contra el terrorismo que promueve Washington y en la que, como ocurrió en la cruzada contra la Unión Soviética y el comunismo, cualquier indeseable puede ser bienvenido como extraño compañero de cama. Ignacio Rupérez |
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