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| Nº 741 - 143 de mayo de 2007 |
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Francia y la renovación
de la izquierda europea
por Juan Antonio Barrio EI resultado de la primera vuelta de las elecciones francesas suscitó algunas malas interpretaciones. El trauma de 2002, cuando el candidato socialista Jospin, debido a la dispersión del voto de izquierda, no pasó a la segunda vuelta y sí lo hizo el ultraderechista Le Pen, pesaba mucho. En consecuencia, el voto de izquierda se concentró en Ségolène Royal (25,87 por ciento). Este resultado, saludado como muy positivo, tuvo su contrapartida: por primera vez en más de treinta años el conjunto de la izquierda no pasó del 37 por ciento (y con una participación del 84 por ciento, mantenida en la segunda vuelta). Miterrand, en 1981, sacó un porcentaje similar pero entonces el PCF (Partido Comunista Francés) tenía el 16 por ciento de los votos y el conjunto de la izquierda el 45 por ciento. En la derecha, Sarkozy entró a saco en el electorado de Le Pen, con lo que sobrepasó el 31 por ciento. Si damos por hecho un apoyo muy mayoritario del resto de los votos de extrema derecha (más del 13 por ciento entre Le Pen y Philippe de Vllliers), Sarkozy contaba con un potencial cercano ya al 44 por ciento. Así las cosas, el 18,5 por ciento del centrista Bayrou resultaba decisivo. Aunque Bayrou afirmó que "no votaría a Sarzoky", dos tercios de sus diputados se "hicieron la foto" a favor de Sarkozy; exactamente, ese porcentaje del voto centrista –65/70 por ciento- (análisis posteriores parecen confirmar un reparto casi al 50 por ciento del electorado centrista) necesitaba Ségolène Royal para triunfar. Era demasiado, como se ha demostrado. La creación de un partido bisagra denominado Movimiento Demócrata por parte de F. Bayrou puede resultar mas fallida de lo que esos 6,75 millones de votos pueden hacer creer. En el futuro inmediato serán importante unas elecciones legislativas que estarán bastante marcadas por la dinámica de la elección presidencial, aunque la amplia mayoría de la que dispone la derecha francesa permite pensar en una mejora de posiciones por parte de la izquierda. ¿Cual será el futuro de S. Royal? El resultado es algo mejor de lo que los mismos sondeos auguraban, quizás por un último reflejo de miedo ante la personalidad de Sarkozy y sus proyectos. Más allá de valoraciones sobre cada posición, de lo que no cabe duda es que Nicolas Sarzoky representa una ruptura considerable en la derecha francesa. Por ejemplo, en política exterior, ¿habría tenido una actitud similar a la de Chirac de oposición a Bush en la invasión de Iraq? Es claro que no. Respecto a Europa nada de Constitución ("hay que respetar lo que dijeron los franceses..."), sino un mero tratado funcionalista (puede que incorporando la parte primera) aprobable sin referéndum. Menos impuestos, menos Estado, trabajar más, mano dura con los delincuentes reincidentes, test de integración para los emigrantes, Ministerio de la Identidad Nacional y la Inmigración y acabar con Mayo del 68. Es un proyecto nítido de de derechas "sin complejos" (¿les suena?). Claro que, comparado con alguno de nuestros derechistas, sus palabras de "reconocimiento" en el primer discurso presidencial hacia Ségolène Royal y sus 17 millones de votantes sonaron casi balsámicos en nuestros oídos habituados al insulto sistemático. ¿Y la izquierda? ¿Hacia dónde debe ir la necesaria renovación? Ante todo, decir que éste no es, claro está, un problema sólo francés. Ni siquiera europeo. Pero, a efectos de estos artículos, limitaremos el análisis a la izquierda europea. Veamos. Una primera solución drástica sería liquidar la izquierda tal y como la conocemos (el Muro cayó y no sólo se llevó al comunismo por delante, sino también cualquier idea de socialismo; la clase obrera ha (casi) desaparecido, etc.). No es sólo teoría: en Italia la unión de la Margarita y Demócratas de Izquierda significa algo así, con profundas e inmediatas implicaciones, por ejemplo, con respecto a la laicidad, cuya defensa bajará varios enteros en la nueva formación, denominada Partido Demócrata, saludada aquí de forma entusiasta por Maragall. Bayrou también va a formar su Movimiento Demócrata y ya ha hecho guiños a destacados militantes del Partido Socialista para unirse a él "y superar la política de bloques". Pues bien: muchos otros piensan –pensamos– en Europa que otra izquierda es posible sin dejar de ser izquierda, sin sectarismos, sin renunciar a valores; que defienda una democracia más participativa y deliberativa, con nuevos planteamientos económico-sociales, a favor de una solidaridad real más allá de cualquier "conservadurismo más e menos compasivo". Esa izquierda es necesaria y hasta urgente si queremos una dimensión social y política para Europa. ¿Es posible? Volveremos sobre ello.
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