Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 741
14/5/2007

La negociación con ETA es una idea fija del Rey

Algún periódico ha tachado de ligera y poco meditada la intervención del Rey en la Dirección General de la Guardia Civil. Se comprende que sus palabras no gusten al PP, empecinado en boicotear la política antiterrorista de ZP, pero ni son ligeras ni poco meditadas. Por el contrario, lleva predicándolas desde hace una década.

Recuerdo la que se armó el 6 de enero de 1999 en la recepción celebrada en palacio con motivo de la Pascua Militar, en circunstancias similares a las del pasado miércoles con ocasión de un acto en la Dirección General de la Guardia Civil. Presidía entonces el Gobierno José María Aznar y ETA acababa de anunciar una tregua que rompería en noviembre de aquel año. Unas horas antes de iniciarse la recepción pascual, una treintena de encapuchados había lanzado más de 40 cócteles molotov contra las viviendas de la Guardia Civil en el municipio vizcaíno de Getxo. Mientras Aznar lanzaba amenazas a la banda desde un corrillo, el Rey comentaba ante su auditorio periodístico: “A pesar de lo de anoche en Bilbao (en alusión al  atentado de Getxo) hay que seguir con los contactos. Lo que no digo es cómo. En estos momentos hay que tener tranquilidad, generosidad y sosiego”. Los periodistas estamos acostumbrados a las confidencias que el Rey formula a la pata la llana y que se consideran off the record, pero en esta ocasión un compañero preguntó: “¿Podemos publicar esto?”. Y el Rey contestó sin dudarlo un segundo: “Sí, podéis publicarlo”. A unos metros de allí, José María Aznar mantenía firmemente la postura contraria.

Ya en tiempos de Zapatero, con motivo de la inauguración de la nueva sede de Aguas de Barcelona, el Rey impartía idéntica doctrina que tuve la oportunidad de escuchar. Don Juan Carlos alabó los propósitos negociadores de Zapatero y los de Tony Blair en el Ulster al tiempo que reconocía las diferencias entre ambos procesos, las dificultades comunes y la paciencia necesaria para persistir en un proceso que podría durar diez años. Casi lo mismo que el monarca dijo el pasado miércoles en la Dirección General de la Guardia Civil sin micrófonos pero on de record al comentar el acuerdo alcanzado en Irlanda del Norte que ha permitido la formación de un Gobierno integrado por católicos y unionistas. “Hay que intentarlo –dijo con clara alusión al proceso español– aunque no se consiga, pero si se consigue, se consigue”.

El Rey dosifica sus mensajes “significativos” pues su papel neutral le condena a proferir discursos aburridos de alabanza del bien y condena del mal que se someten a la lectura previa del presidente del Gobierno. Cuando alguno supera la barrera del tedio provoca el escándalo, como ocurrió en la Pascua Militar de 1985, no en corrillos, sino en discurso oficial. El Rey apoyaba la opción de Felipe González para el ingreso en la OTAN. Sin mencionar  la Alianza Atlántica ni sus siglas Don Juan Carlos se referió a “la necesidad de conseguir la paz y evitar el aislamiento”. Aquella palabras provocaron la indignación de Julio Anguita, a la sazón coordinador de Izquierda Unida, quien dijo que lo que tenía que hacer el Rey, en cumplimiento de su papel constitucional, era callarse. Sin embargo, el mismo Anguita aplaudió calidamente las aludidas palabras del monarca en 1999 a favor de las negociaciones con ETA.

El soberano recibió las críticas de la izquierda aunque no explícitamente las del PSOE, por no decir nada inteligible respecto a la guerra de Iraq a la que se opinía la mayoría ciudadana, aunque se expresó con algunos gestos y silencios que daban a entender su desacuerdo con Aznar. 

La función moderadora es uno de los pocos “poderes” atribuidos al monarca y es tan difícil de ejercer como esencial en la monarquía parlamentaria. Don Juan Carlos puede ejercerlo con prudencia y sabiduría dada su incomparable experiencia adquirida a lo largo de seis presidentes de Gobierno más Franco, del que aprendió muchísimo. Debe ser neutral y sobrevolar la lucha partidaria pero no se le puede reducir a la condición de un vistoso muñeco. Si hay un asunto que debería estar por encima de las luchas políticas es el del terrorismo. Lo que resulta insólito es que el principal partido de la oposición no colabore con el Gobierno en este terreno. No es el primer caso pues, como es sabido, ya lo utilizó Aznar para llegar a La Moncloa rompiendo el consenso respetado hasta entonces. Imploro a mis dioses que nos devuelvan una derecha centrada y civilizada como la que encarnó Adolfo Súarez y garantizó la Unión de Centro Democrático.

  José García Abad

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