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Nº 740 - 7 de mayo de 2007

27-M: Los resultados de IU, decisivos para el PSOE

Camarada cinco por ciento

El cinco por ciento es el porcentaje de votos que exige la ley para que una formación política consiga su primer concejal en cualquier ayuntamiento. La misma cifra piden casi todos los Estatutos autonómicos para entrar en sus respectivos Parlamentos y también el Congreso de los Diputados para formar grupo. Curiosamente, es además la cifra que sumaron los votos de Izquierda Unida en las últimas elecciones generales. Aunque se trata de uno de los registros electorales más bajos de la historia de la coalición en el PSOE están muy pendientes de ellos. Arrebatar al PP gobiernos tan importantes como Madrid, Navarra, Baleares o Valencia depende de los votos
de la formación que lidera Gaspar Llamazares. En su cuartel general son optimistas y aseguran que,
a pesar de las diferencias con el Gobierno de Zapatero, “nuestros votos nunca van a servir para tolerar
a un alcalde o un presidente del PP o sus amigos”.

Por Inmaculada Sánchez

Mi hija me lo recuerda muchas veces. Me dice: “¿Cómo puedes pedirme siempre un diez en mis exámenes cuando tú no subes del cinco?”. El propio Gaspar Llamazares ironizaba, con fino sentido del humor, en la última entrega de los Premios de Transparencia Informativa que concede el semanario económico El Nuevo Lunes, sobre el mágico porcentaje en el que, desde hace años, deposita su capacidad de maniobra la coalición que lidera.

Ya desde el 2000, cuando el pacto previo entre Joaquín Almunia y Francisco Frutos se saldó con un sonoro fracaso y la mayoría absoluta del PP de Aznar, IU se encuentra instalada en los alrededores del mítico número que abre y cierra la puerta de las instituciones. Entonces pasó del 9,55 por ciento de votos de las generales de 1993 y el 10,52 de las del 96 (con 18 y 21 diputados respectivamente) al 5,45 (y ocho diputados). En 2004  sus votos llegaron rozando al cinco y sólo uniendo los diputados de IU e Iniciativa per Catalunya, con quien Llamazares había reconducido las relaciones tras los choques de la etapa de Anguita, pudo formar grupo parlamentario propio con cinco diputados, únicamente uno por encima de su peor resultado, el de 1982, cuando el PSOE de Felipe González arrasó en las urnas.

“Pero es ahora, curiosamente, cuando tenemos capacidad de gobierno sobre mayor número de ciudadanos que en toda nuestra historia”, explica José Francisco Mendi, portavoz de la coalición, quien repasa los gobiernos autonómicos de Cataluña, Euskadi y Asturias, y los ayuntamientos de ciudades tan importantes como Barcelona, Sevilla, Gijón o Lleida para corroborarlo (Ver recuadro “Gobiernos con pacto”).

En la sede federal de IU, donde nunca ha dejado de sonar el ruido de navajas entre los partidarios de colaborar con los socialistas y quienes lo consideran el mayor error estratégico posible (Ver en páginas siguientes “Una Izquierda no tan Unida”), están, en estos días previos a la cita electoral del 27 de mayo, esperanzados.

Tras el triunfo de José Luis Rodríguez Zapatero y su necesidad de pactos en el Congreso de los Diputados, la formación de Llamazares hizo una clara apuesta por caminar al lado del PSOE que no hacía más que confirmar los acuerdos a los que ya habían llegado ambos grupos en las elecciones autonómicas y municipales del año anterior.

Con Zapatero al timón del PSOE y Llamazares dirigiendo el de IU, las dos formaciones lograron acuerdos para gobernar conjuntamente en más de una treintena de municipios de más de 50.000 habitantes, además del gobierno autonómico de Asturias, donde unos años antes había sido imposible con la IU de Anguita. No es que el panorama fuese similar a los cientos de ayuntamientos gobernados por el PSOE y el PCE de los primeros años de la transición, pero a algunos empezaba a recordárselo.

IU, que en las anteriores municipales consiguió mantenerse por encima del seis por ciento de votos, ha hecho, en esta ocasión, un esfuerzo especial por sumar y  se presenta en coalición con otras fuerzas minoritarias de izquierda en buena parte del país. “Nuestro objetivo es no sólo la cantidad de votos, sino la calidad, que nuestra capacidad de decisión sea cada vez más alta y, sobre todo, que nuestros votos nunca sirvan para que gobierne el PP”, explica el ya citado Mendi.

Así, en las candidaturas municipales de Euskadi, la Ezker Batúa (EB) que lidera el consejero vasco de Vivienda, Javier Madrazo, se presenta en coalición con Aralar, la formación abertzale que dirige Patxi Zabaleta y cuyas expectativas electorales no han hecho más que subir desde que se separase de Batasuna y condenase la violencia. El pacto alcanza localidades que suman el 90 por ciento de la población de Euskadi presentando listas en 60 municipios de Vizcaya, una treintena de Guipuzkoa, e, incluso, una docena en Alava.

Aunque en las listas municipales para Navarra Madrazo y Zabaleta se presentan por separado no han ocultado que, tras las elecciones, el gobierno autonómico cambiaría de manos si la suma de socialistas, Ezker Batua y Nafarroa Bai (Aralar más peneuvistas y Eusko Alkartasuna) deja a UPN, la marca navarra del PP, y su actual socio (Convergencia Democrática de Navarra), sin mayoría absoluta. Las encuestas, por el momento, alimentan la esperanza de la izquierda (apuestan, sobre todo, por una destacada subida de Nafarroa Bai), aunque un prudente PSOE no ha querido comprometerse a nada en la pre-campaña.

A pesar del golpe que significaría para el PP de Rajoy la pérdida de Navarra en su estrategia de acoso al gobierno en materia antiterrorista, otras plazas preocupan aún más en la sede de Génova. El Gobierno de la Generalitat valenciana está viendo deteriorada su imagen por los últimos enfrentamientos entre su presidente, Francisco Camps, y el portavoz del PP en el Congreso, Eduardo Zaplana. A ello vendría a sumarse la inédita coalición conseguida por IU con el resto de fuerzas de izquierda que han denominado “Compromis pel País Valenciá”. Bajo este nombre presentan listas conjuntas la federación valenciana de IU (EUPV), el Bloc Nacionalista Valenciá, Izquierda Republicana y Los Verdes. Gloria Marcos, la líder de EUPV, consciente del papel clave de sus votos ha dicho que la coalición representa “la única garantía de desplazar a la derecha del gobierno autonómico”. Algunas  encuestas confirmaban sus palabras el mes pasado colocando al PP un escaño por debajo de la mayoría absoluta.

Similar panorama se presenta en la autonomía de Madrid, donde el socialista Rafael Simancas ya consiguió que el PP perdiese su mayoría absoluta por un escaño en las elecciones de 2003 para luego ver frustradas sus esperanzas de gobernar con IU después de que dos diputados socialistas traicionaran al partido y forzaran unas segundas elecciones que ganó Esperanza Aguirre.

La crispación del PP también ayuda. “Si el PP continúa en su estrategia de la crispación podemos conseguir lo de 2003, porque la izquierda se movilizaría, que es lo único que nos falta”, asegura un ilusionado miembro de la ejecutiva regional del Partido Socialista de Madrid. Eso, y que IU no se desplome porque, al contrario que en el País Vasco o Valencia, donde los dirigentes de la coalición han hecho el esfuerzo por aglutinar candidaturas y firmar pactos para que no se pierda un solo voto, en la comunidad madrileña acaban de cerrar un espectáculo de división que ha durado varios meses.

Aunque con pacto final, IU de Madrid puede haber desmotivado a parte de su electorado tras la pelea entre familias que llevó a un agitado baile de candidatos. Angel Pérez, el más exigente con los socialistas, ha sido, finalmente, el designado candidato a la alcaldía de la capital, donde menos esperanzas tienen en Ferraz de alcanzar el triunfo, mientras Inés Sabanés, más proclive a los pactos, es la candidata a la comunidad.

Aún habría que añadir Baleares a la lista de “esperanzas” tanto de IU como del PSOE para el próximo 27-M. Al deterioro de la imagen del actual presidente, Jaume Matas, por los diversos escándalos de corrupción, la oposición une una nueva coalición que pretende sumar los votos a la izquierda del PSOE: por primera vez se presentan juntos IU, Verdes, ERC y el Partido Socialista de Mallorca.

Por supuesto, socialistas e IU confían en mantener el gobierno de Asturias y los ayuntamientos que ya gestionan juntos desde 2003. Entre ellos destacan los de Cataluña, donde el éxito de la IC que lidera Joan Saura (en las últimas autonómicas catalanas fue el único partido del Tripartito que subió en votos y escaños) ha animado a los ecosocialistas a presentar más del doble de candidaturas municipales que en la anterior cita electoral, nada menos que un 150 por ciento más, la mayor subida de todas las organizaciones federadas en IU.

Parece claro que Llamazares, a pesar de las tensiones internas que soporta, está decidido a continuar con su apuesta de colaboración con el PSOE y de apertura a las fuerzas ecologistas. En Castilla y León, el feudo del PP, se presenta, por primera vez, en coalición con Los Verdes. Y sus dirigentes hablan de  que “se puede reconquistar la alcaldía de Valladolid” (con el PSOE, por supuesto). No es nada extraño, pues, que en Ferraz los equipos electorales socialistas no sólo hagan sus números, sino también cuenten los de IU.

Gobiernos con pacto
Comunidades Autónomas    

Cataluña 
Asturias          

   
Municipios (*)  

Alcobendas             
Algeciras        
Avilés  
Badalona       
Barcelona      
Cerdanyola del Vallés
Girona
Granollers       
Guadalajara    

Gijón   
Leganés         
Lleida

 (PSOE-IU)
(PSOE-IU)
(PSOE-IU)

 (PSC-ICV)
 
(PSC-ICV-ERC)
(PSC-ICV)
(PSC-ICV)
(PSC-ICV)

(PSOE.-IU)
(PSOE- IU)
(PSOE-IU)
(PSC-ICV)

Mataró           
Reus   
Rubí    
San Sebastián de los Reyes  
San Boi de Llobregat  
Segovia          
Sevilla
Tarrasa          
Torrejón         
Viladecans     
Vilanova I la Geltrú     
(PSC-ICV)
(PSC-ICV)
(PSC-ICV)
(PSC-ICV)
(PSOE-IU)
(PSC-ICV)
(PSOE-IU)
(PSOE-IU)
(PSC-ICV)
(PSOE-IU)
(PSC-ICV)(PS C-ICV)
Fuente: PSOE.
* Municipios de más de 50.000 habitantes y capitales de provincia.

 

Una Izquierda no tan Unida

Por Pedro Antonio Navarro

El movimiento político y social que hoy conocemos como Izquierda Unida ha cumplido en estos días 21 años de existencia. Nacida con el nombre completo de Plataforma de la Izquierda Unida, su formato original era el de una coalición de partidos. Nada más producirse el referéndum sobre la entrada de nuestro país en la OTAN, en la que los opositores obtuvieron un porcentaje superior al 40 por ciento, la experiencia de la Plataforma Cívica que coordinó, primero la campaña por la consulta popular y, posteriormente, las iniciativas en en contra de la entrada en el organismo militar internacional, inspiró a los impulsores del nacimiento de IU.

A instancias, fundamentalmente de la dirección del Partido Comunista de España, el 27 de abril de 1986, en el madrileño despacho de la abogada Cristina Almeida se reunían representantes de diversos partidos. Además del propio PCE acudían a la cita representantes del Partido de Acción Socialista (PASOC), del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) –comunistas catalanes-, Izquierda Republicana, Federación Progresista, Partido Humanista, Partido Carlista, Partido Socialista de los Trabajadores (trotskista) y Unificación Comunista. Estos últimos se descolgaban del acuerdo fundacional, pero, dos días más  tarde también se sumaba el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE), una escisión del PCE encabezada por el dirigente Ignacio Gallego que, de modo muy mayoritario regresaría a las filas del propio Partido Comunista de España durante el denominado Congreso de Unidad, que se celebró en 1988, dos años más tarde de la constitución de IU.

En aquella reunión fundacional se dieron cita personajes de la política española que hoy han abandonado la primera línea o que han “cambiado de bando”. Gerardo Iglesias, secretario general del PCE en ese momento, y elegido primer coordinador general; Enrique Curiel, hoy en el PSOE, Isabelo Herreros, por Izquierda Republicana, Alonso Puerta, por el PASOC, por el PCE Nicolás Sartorius, Ramón Tamames (hoy en defensa abierta de posiciones muy diferentes), el ya desaparecido Gregorio López Raimundo, por el PSUC, y en representación del Partido Carlista, Enrique Cordero.

La evolución de IU ha sido constante en estos cuatro lustros largos, como también lo ha sido en su composición. El único de los partidos que originalmente fundaron la coalición y que permanece en su seno es el Partido Comunista de España. Junto a él, hoy se encuentra la Corriente Socialista, diversas federaciones de Los Verdes, Espacio Alternativo, Tercera Vía (corrientes de opinión las dos últimas) y numerosas personas a título individual. El último partido en abandonar fue Izquierda Republicana, ante el escaso protagonismo de que disponía, y también se marchaban los integrantes de Corriente Roja, militantes del PCE (ya también ex militantes) liderados por la ex diputada Ángeles Maestro, y que abogan por un proyecto similar al de Refundación Comunista en Italia.

Las pugnas internas han constituido una constante en la trepidante vida de la coalición. Conoció su momento dorado con la dirección del carismático Julio Anguita, que fue su coordinador general elegido en la Tercera, Cuarta y Quinta Asamblea General. IU llegaba a rozar los tres millones de votos bajo su dirección –en Madrid hasta se sobrepasaba el 18 por ciento de los sufragios-, y se planteaba la teoría del “sorpasso”, la posibilidad de adelantar, de desbancar al PSOE como primera fuerza de la izquierda en España.

La debilidad coronaria de Anguita, las acusaciones de ejercer la “pinza” con el PP contra el PSOE, y una de las más graves crisis  internas, larvada por la actitud de lo que se denominó entonces como Nueva Izquierda (liderada por Diego López Garrido, hoy en un puesto de gran responsabilidad en el PSOE, y por Cristina Almeida), acabaron por rebajar las expectativas de crecimiento de la coalición y acrecentar sus, desde entonces, casi constantes crisis políticas internas.

La más reciente de todas las batallas internas se está librando entre la dirección del Partido Comunista de España -el socio mayoritario de la coalición-, a cuyo frente está Paco Frutos, como secretario general, y Felipe Alcaraz, como presidente ejecutivo del Comité Federal, y la dirección de IU, liderada por un Gaspar Llamazares muy acorralado, y que obtuvo una pírrica victoria en la última Asamblea General, quedando por debajo del 50 por ciento de los votos. El PCE acusa a Llamazares de practicar una política sin definición y demasiado complaciente con el PSOE gobernante que, a su juicio, desdibuja el proyecto original de Izquierda Unida como movimiento político y social y referente de la izquierda transformadora, con la perspectiva del socialismo como sistema.

Aunque Izquierda Unida aparece como un elemento importante en la configuración de mayorías de gobierno en tres comunidades autónomas, los criterios no parecen uniformes. Como explica Ignacio Loy, profesor de la Universidad de Oviedo, y dirigente crítico de la coalición, “IU tiene un pacto con el nacionalismo vasco de derechas, otro con los socialistas catalanes y la izquierda nacional-republicana, y otro con los socialistas asturianos”. La penúltima batalla IU-PCE (“criatura” contra “creador”) ha tenido lugar en Asturias, donde el Comité Federal del Partido Comunista desautorizaba el anterior congreso y convocaba otro, extraordinario, que se celebró a finales de marzo. La dirección de IU conminó a no asistir a este congreso a sus militantes, y advertía de que “velará con firmeza” para que se asuma su “recomendación”.

El último episodio de una trayectoria repleta de mutuas advertencias, discrepancias, y la emergencia de un PCE como agente político en activo, con voz y elaboraciones propias, lo ha constituido el acuerdo alcanzado por la dirección de IU con el PSOE para desbloquear la tramitación de la Ley de la Memoria Histórica. En el PCE acusan a la dirección de la coalición de haber actuado al margen de los órganos, y de haber “traicionado” el espíritu con el que se abordaba la ley en sus inicios, asegurando, además, que el PCE, como partido, no acepta los términos del acuerdo alcanzado y que, por tanto, continuará realizando una campaña contra del texto actual, con la determinación de que se incluyan las reivindicaciones iniciales.

El problema es interno , por Enric Sopena


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