Hemeroteca Esta semana
 
Nº 740 - 7/5/2007

La crispación política dificulta la abolición del machismo sucesorio


NACIÓ SOFIA... Y LA
REFORMA SIN RESOLVER


Apenas habían pasado un par de meses desde que la Casa Real anunciara el segundo embarazo de Doña Letizia y el Príncipe de Asturias, en contra de la costumbre de la Casa Real, anunciaba que esperaban una niña. "El debate
está en la calle", dijo. Y puntualizó que la reforma constitucional pendiente para garantizar que la pequeña Leonor siga ocupando el segundo puesto en la línea de sucesión al trono es tarea de la clase política. Sin embargo, los dos principales
partidos del arco parlamentario, cuyo consenso es imprescindible para aprobar la modificación de la Carta Magna, siguen enrocados en sus propios asuntos mientras respiran aliviados con el nacimiento de la pequeña Sofía, aunque su llegada al mundo no ha zanjado ni mucho menos un asunto que no debe seguir demorándose.

Por Virginia Miranda

Desde que su papá el Príncipe de Asturias adelantara que iba a ser una niña, la pequeña Sofía aún se encontraba en el seno materno y ya había permitido a la clase política exhalar un profundo suspiro de alivio.

Antes de que comenzaran a llegar los primeros retoños de Don Felipe y Doña Letizia al Pabellón del Príncipe, PSOE y PP tenían claro que la Constitución española debía suprimir su referencia machista del artículo 57.1, donde se dice que la "sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferido siempre [...1 el varón a la mujer". Tras el anuncio del primer embarazo de la Princesa, la clase política mantenía la misma opinión al respecto, pero se hallaba inmersa en un clima de crispación que hacía impensable el acuerdo necesario para aprobar la modificación dentro de un paquete de reformas constitucionales y evitar que, de abordarla en solitario, la consulta popular se acabara convirtiendo en un plebiscito sobre la monarquía. De haber sido niño, un primogénito habría zanjado la necesidad –que no la idoneidad– de abordar los cambios a corto plazo. Pero el 31 de octubre de 2005 vinoal mundo la Infanta Leonor y los resortes jurídicos se pusieron en alerta.

Dirigentes políticos de uno y otro signo trataron de restar importancia al sexo de la niña, asegurando que del eventual nacimiento de un varón en la familia Borbón-Ortiz no se derivarían consecuencias jurídicas porque el heredero sigue siendo el Príncipe y porque la reforma tendría carácter retroactivo, garantizando que la Infanta Leonor siga siendo la heredera del Heredero. Sin embargo, el Consejo de Estado advirtió que "hasta que se produzca esa sucesión en el trono, la reforma que ahora se contempla no tendrá aplicación alguna, lo cual no excluye la conveniencia de efectuarla sin más demora que la que resulte de la apreciación del interés público".

El 25 de septiembre de 2006, la Casa Real anunciaba que los Principes de Asturias esperaban su segundo hijo para principios del mes de mayo de 2007. Los políticos, nuevamente, procuraron trasladar una imagen de normalidad y tranquilidad. Pero la opinión pública y, sobre todo, expertos constitucionalistas, volvieron a poner el acento sobre la conveniencia de hacer los cambios antes de tener que despojar a un niño de unos derechos con los que habría nacido, planteando estos últimos varias soluciones de carácter transitorio.

La preocupación llegó a oídos del Prín pe, que al poco tiempo decidió desvela sexo de su segundo hijo. "Será niña", an ció. La Familia Real tiene por costum mantener el misterio hasta el mismo día alumbramiento, pero Don Felipe rompió tradición porque "el debate está en la calle".

Y aclaró: "No es cuestión nuestra [...]. Son el Gobierno y el Parlamento los que tienen que tomar cartas en el asunto, siempre con el mayor consenso posible".

Ciertamente, y aunque fue Don Juan Carlos el responsable del contenido machista del artículo 57.1 –cuenta García Abad en su libro La Soledad del Rey (La Esfera de los Libros) que el monarca desplegó ingentes esfuerzos para que Don Felipe fuera nombrado Príncipe de Asturias, título que ostenta el heredero al Trono, y la Constitución garantizara su deseo de que fuera su hijo varón, y no su primogénita la Infanta Elena, su sucesor–, la pelota está ahora en el tejado de los partidos políticos, que han logrado ganartiempo con la Infanta Sofía pero en ningún caso se han librado de la tarea pendiente.

El portavoz parlamentario socialista, Diego López Garrido, no descarta que la reforma de la Carta Magna pueda abordarse al final de la legislatura, pero el presidente del PP, Mariano Rajoy, ya ha dicho que le parece "demasiado próximo". La explicación a semejante precaución hay que buscarla en la multitud de derivadas de carácter político que implica garantizar la línea sucesoria tal y como hoy queda establecida: la Infanta Leonor ocupa el segundo lugar tras su padre, el Príncipe de Asturias, y la pequeña Sofía, el tercero. La Constitución establece su propio mecanismo de reforma, obligando alacuerdo de dos tercios de cada Cámara para su aprobación, la disolución de las Cortes, la celebración de elecciones generales y la convocatoria de un referéndum. Así las cosas, el PSOE y el PP están condenados a entenderse, pero el acuerdo ha de extrapolarse al resto de modificaciones previstas y ahí es donde empiezan los problemas. El Gobierno es consciente de que no puede plantear la supresión de la prevalencia del varón sobre la mujer en la Corona en solitario porque, aunque el consenso ciudadano sobre la abolición de la discriminación sexista en la Constitución es unánime, la monarquía no genera interés suficiente como para que los españoles participen en la consulta popular. Y una alta abstención no deslegitima de facto a la familia de los Borbones, pero sí cuestiona el carácter dinástico de la jefatura del Estado. Sobre todo si se piensa en la previsible reacción de las formaciones republicanas. Para evitarlo, es necesario incluir el cambio dentro de un paquete de reformas, pero los populares no están dispuestos a modificar el Senado para convertirlo en una Cámara territorial o a incluir las 17 Comunidades Autónomas con su denominación, tal y como prevé el Ejecutivo socialista. Las reformas estatutarias o la polémica sobre la presunta anexión de Navarra al País Vasco –amenaza de la que alerta el PP desmentida por el PSOE– han roto cualquier posibilidad de consenso, de modo que en lo que queda de legislatura, el panorama desaconseja cualquier intento de abrir el melón constitucional.

De momento, la clase política se ha limitado a trasladar sus felicitaciones a la pareja real. Incluída la del líder de IU, Gaspar Llamazares, que envió sus mejores deseos a los Príncipes de Asturias desde su "sentir republicano". Las altas instituciones del Estado ya han pasado por la Clínica Ruber de Madrid para conocer a la pequeña Sofía, un bebé de 3,310 gramos y 50 centímetros al nacer a la que ya han sacado parecidos con su hermana Leonor –la han visto en fotografía, porque sólo se ha permitido visitar a la Infanta a sus familiares–.

Como ocurrió tras el nacimiento de la primogénita de Don Felipe y Doña Letizia, la llegada al mundo de Sofía ha estado cargada de anécdotas. La más llamativa, la que ha provocado su abuelo el Rey. El monarca tardó dos días en visitar a la que es ya su octavo nieto [ver recuadro Don Juan Carlos, el ausente], lo que retrasó las visitas protocolarias del presidente, José Luis Rodríguez Zapatero; del líder del PP, Mariano Rajoy; de la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas; del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón; o de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. La anécdota más simpática ha corrido a cargo de su hermana. Aún no está familiarizada con las cámaras, pero en tan sólo dos días ha comenzado a mostrar ademanes de reina. El porte parece que lo tiene. Le falta adquirir la formación adecuada y esperar a que los políticos hagan su trabajo. •

Don Juan Carlos, el ausente

Dos largos días transcurrieron desde el nacimiento de la Infanta Sofía hasta la esperada visita del Rey. La ausencia de Su Majestad contrastó con el frenético ir y venir de la Reina, que se plantó en la clínica Ruber a las pocas horas del alumbramiento procedente de Moscú, donde acudió para asistir al funeral de su gran amigo Mstislav Rostropovich. La Casa Real, preguntada por la actitud de Don Juan Carlos, ha sido concisa: se encontraba en un "viaje privado".

¿Qué o quién retenía al Monarca para haber tardado tanto en visitar a la pequeña? Dicen que su afición a la caza del oso en las ex repúblicas soviéticas tiene la culpa de que el Rey se haya "descuidado". Tal vez, al abuelo ya no le haya hecho tanta ilusión conocer a su última nieta después de haber tenido otros siete.
Don Juan Carlos no parece haber encajado bien las críticas por su ausencia –soterradas, eso sí, porque los periodistas se guardan mucho de amonestar a la Familia Real en los medios de comunicación–, y acudió visiblemente molesto a la Ruber, donde apenas permaneció 40 minutos. Ni se acercó a los reporteros congregados en la plataforma habilitada para los medios a responder a las consabidas preguntas sobre los parecidos de la pequeña o el estado de salud de la madre, a pesar de que Doña Sofía –con razón dijo de ella que es una "gran profesional"– le advertía de que los periodistas reclamaban su presencia. Ni siquiera paró unos minutos el coche para dedicarles algunos de sus acostumbrados y simpáticos comentarios. En su segunda visita a la clínica, sí paró ante los informadores y les pidió disculpas por no haberse detenido a conversar el primer día.

Cualquiera puede tener un mal día, pero Don Juan Carlos, en esta ocasión, ha tenido hasta tres.

Sangre Real para todos

Don Felipe y Doña Letizia son pares precavidos. Como ya ocurriera tras el nacimiento de su primogénita la Infanta Leonor, han decidido guardar sangre del cordón umbilical de su segunda hija. Pero a diferencia de entonces, han accedido a que una parte vaya destinada a un banco público, evitando una polémica que llegó a comprometer a la ministra de Sanidad, Elena Salgado.

El Heredero no perdió ni un minuto en aclarar este extremo, evitando cualquier conato de especulación. Durante la rueda de prensa posterior al parto de la Princesa –ha uelto a dar a luz por cesárea, cirunstancia que, por otra parte, desaconseja tener más de uno o dos embarazos más–, se apresuró a decir que "gracias a la pericia" del doctor Luis Ignacio Recasens, ginecólogo y jefe del equipo médico que atendió a su mujer en el parto,se ha logrado extraer suficiente sangre para llenar dos bolsas de sangre del cordón umbilical de la niña, de modo que una irá destinada a un banco público, esto es, disponible para todos los ciudadanos de cualquier parte del mundo, y la segunda a un banco privado "dentro del ámbito europeo". Don Felipe explicó que "creemos en ello, la ciencia y la medicina han avanzado mucho en este campo y nos hemos informado mucho sobre ello".

Efectivamente, se prevé que las células madre procedentes del cordón umbilical sirvan en un futuro para la reparación de tejidos enfermos de personas adultas. Pero el carácter universal de la sanidad en España provocó numerosas quejas cuando, a finales de 2005, los Príncipes aceptaron los consejosde los Duques de Palma de Mallorca y decidieron dotar a las de su hija de carácter exclusivo depositándolas en el Cord Blood Registry (CBR) de Tucson, un banco privado de Arizona (Estados Unidos). En aquel momento, la legislación de nuestro país no prohibía explícitamente la instalación de estos centros, pero sí apostaba por la solidaridad del sistema de trasplantes. Elena Salgado, la titular del ramo tuvo que hacer frente a las preguntas de la prensa sobre la "particularidad" de la sangre de la Infanta, limitándose a decir que "no comento ningún tema referido a la Casa Real".

En esta ocasión, nadie tendrá que mirar para otro lado cuando le pregunten por el destino de la sangre de la Infanta Sofía. El pasadomes de noviembre, el Gobierno aprobó un decreto que permite la existencia de bancos privados para almacenar el cordón umbilical, pero les obliga a ceder sus muestras de forma altruista. Los Príncipes, por tanto, han seguido a pies juntillas la nueva disposición legislativa, aprobada a tiempo para que pudieran beneficiarse de ella tras el nacimiento de Sofía.

Sin embargo, desde el punto de vista científico, no está tan claro que esta decisión salomónica sea la más aconsejable porque, según los expertos, el éxito de la terapia del transplante reside en el número de células madre. De modo que si se dividen en dos muestras de sangre, disminuyen las posibilidades.

Sea como fuere, hay que reconocer que la Corona, tras mezclar por cierto su sangre azul con la de Doña Letizia, ha dado un paso hacia su normalización.

 


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