Nº 740 - 7 de mayo de 2007
 
Hemeroteca Esta semana


De Cañizares, de Suárez Illana, de Rajoy
y de Victoria Prego

Sólo un intenso estado de delirium tremens podría explicar en parte algunas de las cosas que notorios representantes de la derecha van soltando por ahí con tanta cara dura como impunidad. Empecemos por la derecha religiosa. No tiene apenas desperdicio. “El cardenal Cañizares –puede leerse en la revista confesional Alfa y Omega– puso el broche de oro al EncuentroMadrid 2007, con una conferencia de clausura en la que abordó, de forma muy especial, la problemática de la asignatura de Educación para la Ciudadanía y cómo ésta contradice el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones. Dado que toda la discusión gira sobre los contenidos mínimos, aprobados por decreto, el cardenal no cree posible que los centros puedan adaptarla para respetar los derechos de los padres y la libertad de los centros de enseñanza. Un colegio católico dejaría de serlo si aplicara esta asignatura tal como está en el BOE, dijo. Y añadió que un colegio estatal perdería su obligatoria neutralidad ideológica”.

     Tras semejantes cábalas, Cañizares se adentró en un territorio todavía más polémico y, sin duda, beligerante hasta extremos inadmisibles o, si se prefiere, ridículos, cuales son sostener que todo ello se inserta en un contexto general de recorte de la libertad religiosa. “En el mejor de los casos –manifestó Cañizares– se tolera la fe en el ámbito de lo privado. Es un recorte similar al que se daba en los países de la Europa del Este en la época del Muro de Berlín”. Para Cañizares, el proyecto llamado Alianza de Civilizaciones no es más que otra “expresión de laicismo que se quiere implantar (…) En la Alianza de Civilizaciones, puntualiza el cardenal de Toledo, “hay una desconfianza total hacia las religiones y se postula a Dios como un factor de división y enfrentamiento”.

 Otro ejemplo reciente de la capacidad de fabulación de los conservadores lo ha proporcionado ese torero inefable cuyo nombre es el de Adolfo Suárez Illana, a propósito del libro Pasión por la libertad. El pensamiento político de Adolfo Suárez, que ha escrito el periodista Federico Quevedo, un neocon que presta sus servicios en el periódico de Internet que dirige Jesús Cacho. Entrevistado en Telemadrid, Suárez Illana largó la teoría de que el PP representa “el gran partido de centro que quiso haber creado mi padre”. El hijo del primer presidente de la democracia dijo que el “centro reformista que pretendió ser UCD está encarnado ahora por el PP”, ¡manda huevos! Elogió a su padre y condujo la conversación hacia posiciones de gran dureza crítica hacia José Luis Rodríguez Zapatero. Su padre, señaló, se dedicó a “construir”, mientras que Zapatero “reconstruye”.

   El acto de presentación de tal libro, y continuamos con la relación de despropósitos, tuvo como principal protagonista a Mariano Rajoy. La crónica es de El Mundo: “La Transición política ha dejado de ser la referencia y fuente de legitimidad de la España democrática a favor de la Segunda República. Así lo dejó dicho ayer Mariano Rajoy, o mejor dicho, así lo denunció, al presentar el libro (…) Días después  del pacto alcanzado entre PSOE e IU en torno al proyecto de Ley de la Memoria Histórica, el líder del PP no sólo criticó la “corriente de revisionismo” que desde hace años apunta a “la única página de incontestable éxito político que habíamos construido en dos siglos: la Transición”. Además, Rajoy aseguró que su propósito es, primero, “relativizar los méritos” de esta crucial etapa y, aún más, “procurar su sustitución como referente central de la democracia por un experimento democrático fallido, como fue el de la Segunda República”. Rajoy habla como si los valores democráticos de la Segunda República no hubieran sido el sustrato precisamente de la Transición. La Monarquía constitucional y parlamentaria vigente en España ha conseguido mantenerse, y con una apreciación alta por parte de la opinión pública mayoritaria, justo porque asumió los valores republicanos aun con otro formato y en otras circunstancias.

 Y, por último, Victoria Prego, cuyas crónicas sobre el desarrollo del juicio del 11-M son toda una certificación de su viraje evidente hacia el universo de Pedro J. Ramírez.  Condenado, hasta ahora en términos éticos o morales, Agustín Díaz de Mera por su irresponsabilidad colosal, Prego lo intentó sin embargo salvar del naufragio acusando de politización favorable al PSOE al fiscal Javier Zaragoza. “A eso, a disparar, se dedicó precisamente el fiscal Javier Zaragoza, que tuvo una intervención destinada de forma prioritaria a triturar políticamente a su objetivo. Lo desagradable de la escena (…) estuvo en la evidencia de que, desde el punto de vista del proceso, el asunto del monumental patinazo de Díaz de Mera no tiene gran relevancia, aunque sí la tenga y mucha, en las trincheras de los partidos. Ya se sabe que para el PSOE es importante mantener que el PP mintió hace tres años y que sigue mintiendo hoy en día sobre el mismo tema. Lamentablemente, el fiscal se comportó como si fuera el representante legal del PSOE en la causa y en fiel cumplimiento de su estrategia política. Y no tenía por qué, porque el Ministerio Público está para defender la aplicación de las leyes, no para hacer de ventrículo de ninguna estructura de poder”.

   ¿Pero no querían saber, no desde la trinchera del PSOE, sino desde la trinchera del PP, vía trinchera de El Mundo, más la de la COPE, más la de Libertad Digital, la denominada verdad sobre el 11-M? Pues Díaz de Mera, nada menos que director general de la Policía el día de tan estremecedores autos, había sostenido en la radio católica y ante el tribunal que él disponía de un informe, conocía un informe o le merecía crédito un informe en el que se afirmaba que ETA estuvo detrás de la matanza de Atocha. A Prego esta circunstancia ahora le parece que “no tiene gran relevancia” y carga contra el fiscal por haber “disparado” contra De Mera. ¡Qué vergüenza, Victoria! ¡Qué vergüenza!

Luis G. del Cañuelo

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