De Cañizares, de Suárez Illana, de Rajoy
y de Victoria Prego
Sólo un intenso estado de delirium
tremens podría explicar en parte algunas de las cosas que notorios
representantes de la derecha van soltando por ahí con tanta cara dura como
impunidad. Empecemos por la derecha religiosa. No tiene apenas desperdicio. “El
cardenal Cañizares –puede leerse en la revista confesional Alfa y Omega– puso
el broche de oro al EncuentroMadrid 2007, con una conferencia de clausura en la
que abordó, de forma muy especial, la problemática de la asignatura de Educación
para la Ciudadanía y cómo ésta contradice el derecho de los padres a educar a
sus hijos conforme a sus convicciones. Dado que toda la discusión gira sobre
los contenidos mínimos, aprobados por decreto, el cardenal no cree posible que
los centros puedan adaptarla para respetar los derechos de los padres y la
libertad de los centros de enseñanza. Un colegio católico dejaría de serlo si
aplicara esta asignatura tal como está en el BOE, dijo. Y añadió que un colegio
estatal perdería su obligatoria neutralidad ideológica”.
Tras semejantes cábalas, Cañizares
se adentró en un territorio todavía más polémico y, sin duda, beligerante hasta
extremos inadmisibles o, si se prefiere, ridículos, cuales son sostener que
todo ello se inserta en un contexto general de recorte de la libertad
religiosa. “En el mejor de los casos –manifestó Cañizares– se tolera la fe en
el ámbito de lo privado. Es un recorte similar al que se daba en los países de la Europa del Este en la época del Muro de Berlín”. Para Cañizares, el proyecto llamado Alianza
de Civilizaciones no es más que otra “expresión de laicismo que se quiere
implantar (…) En la Alianza de Civilizaciones, puntualiza el cardenal de
Toledo, “hay una desconfianza total hacia las religiones y se postula a Dios
como un factor de división y enfrentamiento”.
Otro ejemplo reciente de la capacidad de
fabulación de los conservadores lo ha proporcionado ese torero inefable cuyo
nombre es el de Adolfo Suárez Illana, a propósito del libro Pasión por la
libertad. El pensamiento político de Adolfo Suárez, que ha escrito el
periodista Federico Quevedo, un neocon que presta sus servicios en el periódico
de Internet que dirige Jesús Cacho. Entrevistado en Telemadrid, Suárez Illana
largó la teoría de que el PP representa “el gran partido de centro que quiso
haber creado mi padre”. El hijo del primer presidente de la democracia dijo que
el “centro reformista que pretendió ser UCD está encarnado ahora por el PP”,
¡manda huevos! Elogió a su padre y condujo la conversación hacia posiciones de
gran dureza crítica hacia José Luis Rodríguez Zapatero. Su padre, señaló, se
dedicó a “construir”, mientras que Zapatero “reconstruye”.
El acto de presentación de tal libro,
y continuamos con la relación de despropósitos, tuvo como principal
protagonista a Mariano Rajoy. La crónica es de El Mundo: “La Transición política ha dejado de ser la referencia y fuente de legitimidad de la España democrática a favor de la Segunda República. Así lo dejó dicho ayer Mariano Rajoy, o
mejor dicho, así lo denunció, al presentar el libro (…) Días después del pacto
alcanzado entre PSOE e IU en torno al proyecto de Ley de la Memoria Histórica, el líder del PP no sólo criticó la “corriente de revisionismo” que desde
hace años apunta a “la única página de incontestable éxito político que
habíamos construido en dos siglos: la Transición”. Además, Rajoy aseguró que su propósito es, primero, “relativizar los méritos” de esta crucial etapa y, aún
más, “procurar su sustitución como referente central de la democracia por un experimento
democrático fallido, como fue el de la Segunda República”. Rajoy habla como si los valores democráticos de la Segunda República no hubieran sido el sustrato precisamente de la Transición. La Monarquía constitucional y parlamentaria vigente en España ha conseguido
mantenerse, y con una apreciación alta por parte de la opinión pública
mayoritaria, justo porque asumió los valores republicanos aun con otro formato
y en otras circunstancias.
Y, por último, Victoria Prego, cuyas
crónicas sobre el desarrollo del juicio del 11-M son toda una certificación de
su viraje evidente hacia el universo de Pedro J. Ramírez. Condenado, hasta
ahora en términos éticos o morales, Agustín Díaz de Mera por su
irresponsabilidad colosal, Prego lo intentó sin embargo salvar del naufragio
acusando de politización favorable al PSOE al fiscal Javier Zaragoza. “A eso, a
disparar, se dedicó precisamente el fiscal Javier Zaragoza, que tuvo una
intervención destinada de forma prioritaria a triturar políticamente a su
objetivo. Lo desagradable de la escena (…) estuvo en la evidencia de que, desde
el punto de vista del proceso, el asunto del monumental patinazo de Díaz de
Mera no tiene gran relevancia, aunque sí la tenga y mucha, en las trincheras de
los partidos. Ya se sabe que para el PSOE es importante mantener que el PP
mintió hace tres años y que sigue mintiendo hoy en día sobre el mismo tema.
Lamentablemente, el fiscal se comportó como si fuera el representante legal del
PSOE en la causa y en fiel cumplimiento de su estrategia política. Y no tenía
por qué, porque el Ministerio Público está para defender la aplicación de las
leyes, no para hacer de ventrículo de ninguna estructura de poder”.
¿Pero no querían saber, no desde la
trinchera del PSOE, sino desde la trinchera del PP, vía trinchera de El Mundo,
más la de la COPE, más la de Libertad Digital, la denominada verdad sobre el
11-M? Pues Díaz de Mera, nada menos que director general de la Policía el día de tan estremecedores autos, había sostenido en la radio católica y ante el
tribunal que él disponía de un informe, conocía un informe o le merecía crédito
un informe en el que se afirmaba que ETA estuvo detrás de la matanza de Atocha.
A Prego esta circunstancia ahora le parece que “no tiene gran relevancia” y
carga contra el fiscal por haber “disparado” contra De Mera. ¡Qué vergüenza,
Victoria! ¡Qué vergüenza!
Luis G. del Cañuelo |