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Nº
739 -30 de abril de 2007 |
Numerosos actos en todo el mundo conmemoran la masacre
70 años del primer bombardeo contra civiles Se cumplen siete décadas desde que una escuadra de aviones de la Legión Cóndor alemana, junto a aeronaves italianas, al servicio de los militares sublevados españoles contra la Segunda República, redujeran a escombros más del 70 por ciento de la población vizcaína de Guernica. Ya entonces cuna espiritual de los vascos, la localidad se convertía en uno de los símbolos universales contra la barbarie y los efectos de las guerras contra la población civil. Este valor quedaba reforzado poco tiempo después de la mano de Pablo Ruiz Picasso, que por encargo del Gobierno republicano confeccionaba una de las obras maestras de la pintura universal, que ya sería expuesta en París durante la Exposición Universal de 1937. Para esta ocasión se han programado múltiples actos en todo el mundo, y el pasado 26 de abril, fecha exacta del aniversario, la localidad se convertía por un día, en palabras de su actual alcalde, Miguel Ángel Aranaz, en la “ciudad mundial de la paz”. Por P. A. N. Los últimos meses se están convirtiendo en referencia de solemnes efemérides de claras connotaciones políticas y reivindicativas, especialmente para la memoria republicana española. El pasado julio se cumplían 70 años del inicio de la sublevación militar que culminaba en la trágica Guerra Civil –unos meses antes, en abril, hace ahora un año, se celebraba el 75 aniversario de la II República-. Ahora le toca el turno a uno de sus trágicos y más simbólicos efectos: el bombardeo masivo sobre la población civil de la localidad vizcaína de Guernica. Aunque ya se habían producido casi un mes antes los primeros bombardeos contra civiles no beligerantes (también en el País Vasco, en la localidad de Durango) de la historia de las guerras, el raid aéreo contra Guernica alcanzaría un alto valor simbólico porque el hecho estuvo, en un primer momento, sujeto a la controversia provocada por la acción propagandística de los militares sublevados, que llegaron a inculpar –en un acto de cinismo sin precedentes- a las tropas republicanas de la destrucción masiva de la ciudad y de casi todas las muertes producidas. También su difusión universal, y casi inmediata, viene explicada por la obra pictórica de Pablo Ruiz Picasso, que apenas unos meses después de aquella acción criminal de guerra, terminaba una de su obras más relevantes, la que lleva por nombre el de la población bombardeada, y que le fue encargada por el Gobierno de la II República para poder ser expuesta en el Pabellón de España de la Exposición Universal celebrada en París, en el verano de ese mismo 1937. El impacto creado por el lienzo fue de una gigantesca magnitud, ya desde un primer momento, convirtiéndose en denuncia de la barbarie, y en el detonante final para que muchos jóvenes europeos y de otras partes del mundo decidieran engrosar las filas de combatientes por la libertad y la democracia en España, en las Brigadas Internacionales. El precedente sentado con los bombardeos indiscriminados de ciudades y localidades y de su población civil no ha dejado de cundir en la aplicación de la guerra moderna, como después pudo comprobarse a lo largo de la II Guerra Mundial y de todos los conflictos armados posteriores durante el siglo XX y lo que llevamos de XXI. “He decidido terminar rápidamente la guerra en el Norte. Si la rendición no es inmediata arrasaré Vizcaya hasta sus cimientos, comenzando por sus industrias de guerra. Dispongo de medios para hacerlo. Fdo: General Mola”. Así rezaba el texto de los miles de pasquinas que fueron arrojados desde el aire por los aviones del ejército fascista sobre numerosas poblaciones del País Vasco. Y los hechos demostrarían que no se trataba de una amenaza propagandística. El periodista británico George Lowter Steer, corresponsal de guerra en España del diario The Times, describía con detalle en su libro “El árbol de Guernica. Un estudio de campo de la guerra moderna” las acciones aéreas llevadas a cabo por la Legión Cóndor alemana y la aviación italiana contra la población de Durango. Según el testimonio del enviado especial, el 31 de marzo de 1937, tres escuadras aéreas nazis se repartían la tarea. Nueve bombarderos y nueve aviones de caza partían hasta la denominada Posición 1. Otros se dirigieron a bombardear las poblaciones de Elgueta y Elorrio, mientras que un tercer grupo compuesto por cuatro bombarderos y nueve cazas ponía rumbo a Durango, donde comenzaron a dejar caer sus bombas de 200 kilos de peso alrededor de las siete y media de la mañana. El relato del periodista denuncia la elección de los objetivos, y el uso de bombas incendiarias. Curiosamente, la mayor parte de las dianas se centraron sobre recintos religiosos. Una bomba destruía la capilla de Santa Susana, donde perdían la vida 14 monjas. Otro proyectil fue a estallar contra la Iglesia de los Jesuitas, y también era bombardeada la Iglesia de Santa María. Los cazas hacían el resto del trabajo, ametrallando a los vecinos que huían despavoridos por las calles de la villa. Según Steer, al final de la jornada se contabilizaban 127 muertos, entre los que había una gran cantidad de mujeres y niños. Durango recibió más bombardeos similares. Concretamente, el 1, el 2 y el 4 de abril de 1937. Pronto se podría descubrir el porqué de tan curiosos objetivos militares. El Gobierno provisional de los sublevados en Salamanca emitía un comunicado de prensa en el que se acusaba de la destrucción de las iglesias y de la matanza de religiosos a las fuerzas republicanas. Otro de los más destacados golpistas, el general Queipo de Llano, desde la emisora de Radio Sevilla emitía un comunicado en el que destacaba que “nuestros aviones bombardearon objetivos militares en Durango, y más tarde, los comunistas y socialistas encerraron a los curas y monjas en las iglesias, asesinándolos a balazos sin piedad y quemando después las iglesias”. En Guernica sucedía algo similar menos de un mes después de los hechos de Durango. Sobre las cuatro y cuarto de la tarde del 26 de abril de 1937 comenzaba un intenso bombardeo sobre la localidad, a cargo de numerosos aviones Heinkel 111, Junker 52, Dornier 17, todos ellos bombarderos, y de cazas Heinkel 51, cuya misión era el ametrallamiento de la población fuera de sus casas. Tras tres horas largas de raid aéreo, se calcula que se destruyó más del 70 por ciento de las edificaciones y, según las fuentes, el saldo de víctimas se situó entre 125 y 150 personas muertas, además de centenares de heridos. Al final del ataque, la mayor parte de lo que podría considerarse objetivos militares quedaron intactos. No fue destruido el puente de Rentaría, ni las fábricas de armas, ni tampoco recibieron impactos las vías férreas. Los cuarteles militares de la población también se libraron de las bombas. Curiosamente, tampoco fueron atacadas instalaciones de clara connotación política, como las Juntas de Vizcaya, y ni siquiera el mismo árbol, símbolo de la Nación vasca. La excusa oficial presentada por la junta militar era que se trataba de la destrucción del puente de Rentaría, pero no es explicable cómo no lo conseguían tras más de tres horas de intenso bombardeo. El gobierno provisional franquista volvía a poner en marcha su maquinaria de propaganda y, al igual que con lo acontecido en Durango, volvía a culpar de las muertes de civiles a las fuerzas republicanas. Algo que resultaba inmediatamente desmentido por las crónicas de guerra enviadas por los corresponsales de los principales medios de comunicación europeos. La lectura que hacía inmediatamente el Gobierno vasco en aquellos días se dirigía al carácter simbólico, fundacional de esta localidad en cuanto a las reivindicaciones históricas de los abertzales, y que eso es lo que se había tratado de pisotear ese bombardeo desproporcionado. El entonces lehendakari, José Antonio Agirre, declaraba inmediatamente que “han intentado herirnos en lo más profundo de nuestros sentimientos patrióticos, dejando bien en claro una vez más, lo que Euskadi puede esperar de todos aquéllos que no dudan en arrasar hasta la última piedra el santuario que representa los siglos de nuestra libertad y de nuestra democracia”. Para muchos historiadores también está entre las principales motivaciones la de sembrar el terror y mostrar una gran capacidad de destrucción para influir en la moral y en la capacidad de resistencia de las tropas republicanas. Para los alemanes, en mayor medida, y para los italianos, suponía la posibilidad de realizar una especie de ensayo general de lo que ya estaba previsto en sus planes de expansión europea, y de mostrar, de paso, su potencial militar a los que más tarde serían sus enemigos en la II Guerra Mundial. La creación de la Legión Cóndor, y la decisión sobre cuáles serían sus funciones en el conflicto interno que se vivía en España, se tomaba en Salamanca, sede del primer gobierno provisional de los sublevados fascistas, durante una reunión entre el general Franco y el almirante alemán Wilhem Canaris. En el País Vasco, por efecto de bombardeos indiscriminados, de los que Guernica ha terminado convirtiéndose en símbolo universal, perdían la vida más de 2.000 personas. Los actos conmemorativos En torno al 26 de abril, fecha del 70 aniversario del bombardeo de la villa de Guernica, se han organizado un sinfín de actos conmemorativos. La mayor parte se desarrollan en territorio vasco, muy especialmente en la población homenajeada, aunque dado lo redondo de la cifra, en esta ocasión se ha hecho un especial esfuerzo por procurar la mayor difusión nacional e internacional, por lo que también han tenido y tendrán lugar numerosos actos en varios países del mundo. Días antes de la efeméride, el consistorio de Guernica recibía la visita de una delegación de europarlamentarios del Grupo Alianza de los Demócratas y liberales por Europa (ALDE), procedentes de Bulgaria, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Hungría, Italia, Países Bajos, Reino Unido y Rumanía. Todos ellos se adherían a la Declaración “Guernica por la Paz”, un manifiesto que fue leído en varios idiomas durante el acto central, junto al Árbol, el pasado 26 de abril. En las celebraciones también han tomado parte dos premios Nobel, el argentino Adolfo Pérez Esquivel (Nobel de la Paz), y el mexicano Mario Molina (Nobel de Química por sus trabajos sobre el calentamiento de la atmósfera y el efecto invernadero), además de representantes de ocho ciudades del mundo que también han sufrido bombardeos masivos contra su población civil. Hiroshima, Hamburgo, Dresde, Pforzheim, Coventry, Varsovia, Oswiecim-Auschwitz y Volgogrado (ex Stalingrado) enviaban a sus alcaldes o a delegaciones representativas. También acudía a la convocatoria el secretario general de la Unión de Ciudades Mártires, el italiano Dante Cruicchi. El acto central de las celebraciones oficiadas en Guernica se producía el 26 de abril, a las 12 de la mañana, cuando se procedía a la lectura del mencionado manifiesto “Guernica por la Paz” que, simultáneamente también era leído en diferentes eventos celebrados en las ciudades de Madrid, Nueva York, Mar del Plata, Rosario, Santiago de Chile, Montevideo, Bahía Blanca, Buenos Aires, México D.F., Boise, Caracas, Bruselas y Sydney. La televisión pública del País Vasco, Euskal Telebista, estrenaba la proyección del documental “Gernika, el bombardeo”. Una producción producto de un trabajo de investigación exhaustivo en el que se han incluido fondos documentales gráficos de España, Alemania, Reino Unido, Italia, Rusia y Estados Unidos, además de documentos obtenidos en los archivos militares de España, Alemania e Italia, relativos a las operaciones del ataque, y el diario personal del coronel Von Richthofen, jefe del operativo en aquellos días. La coproducción entre ETB y Canal Historia ha contado también con la colaboración de otras cadenas de televisión, como ARTE, RTBF, NPS, TSR, Fox Internacional Channels Italy, TSI y Channel 5 Russia. Se incluyen testimonios de varios supervivientes y los trabajos de diversos historiadores, como Manuel Montero, Stefanie Schüller-Sprigorum y Anthony Beevor, además del asesoramiento de expertos militares como Jesús Salas Larrazábal, Ferdinando Pedrialli y Klaus Maier. Según ha expresado el alcalde de la localidad, Miguel Ángel Aranaz , elpropósito fundamental en este 70 aniversario es el de “recordar y rendir homenaje, un año más, a las víctimas del bombardeo y, por otro lado, elevar y difundir internacionalmente nuestros anhelos de paz y reconciliación”. Conscientes de lo especial que ha resultado esta edición, por coincidir con las siete décadas desde la masacre, se ha hecho un esfuerzo especial por concitar el mayor número posible de adhesiones, y la programación de actos ha sido más ambiciosa que en otros años. A lo largo de más de una semana se han desarrollado las XVII Jornadas Internacionales de Cultura y Paz de Guernica, con el lema “Gernika, el Guernica y las otras Gernikas”, sustentadas por el Centro de Investigación por la Paz ‘Gernika Gogorautz’, dirigido por María Oyanguren. Una organización que lleva 20 años trabajando en la resolución de conflictos en todo el mundo. El nobel Adolfo Pérez esquivel, que ha estado presente en la práctica totalidad de los actos públicos celebrados en la villa, recibía el Premio Internacional Gernika por la Paz y la reconciliación, instaurado hace tres años por Gernika Gogorautz, galardón que compartía también con todos los supervivientes del ataque, a quienes también les ha sido concedido. La localidad ha vivido también la presentación del libro del escritor Bernardo Atxaga “Lekuak. Gernika 1937”, numerosas charlas y mesas redondas, y numerosos conciertos y diversas actividades culturales, como conciertos, o la confección e un mural con 20.000 fotografías de autores anónimos, que han sido recogidas a lo largo de los meses de marzo y abril. Pero los auténticos protagonistas en esta ocasión han sido los supervivientes del bombardeo, personas ya muy mayores todos ellos, pero que han impregnado con su presencia y con su memoria todas las actividades desarrolladas durante estas fechas de triste recuerdo. No ha faltado tampoco ocasión para la reivindicación política. El lehendakari, Juan José Ibarretxe, que acudía a las conmemoraciones al frente de su Gobierno en pleno, exigía una declaración institucional al Ejecutivo nacional, en la que el Estado español pida perdón por “este crimen cometido en nombre de España”, y que se realice por parte del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, una condena sin paliativos de la dictadura franquista: “El actual Gobierno y el Parlamento español son herederos de aquel Gobierno legítimo de la República (…) tienen, por tanto, toda la legitimidad democrática para condenar la dictadura franquista y para pedir perdón por todos los crímenes cometidos en nombre de España”.
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