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| Nº 739 -30 de abril de 2007 |
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Pensar en la alternativa
por Santiago Carrillo Sarkozy ha arrebatado a Le Pen en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas un millón de votos, invadiendo el territorio electoral de la extrema derecha. Al mismo tiempo se ha manifestado con fuerza una corriente de centro que ha obtenido un porcentaje de alrededor del 19 por ciento, cuando estaba cantado que la segunda vuelta se dirimía entre Sarkozy y Ségoléne Royal. Ambos datos son significativos, ya que el centro suele inclinarse siempre hacia quien tiene más posibilidad de ganar. Si resulta claro que la izquierda, con siete candidaturas diferentes, no representaba un polo de atracción suficientemente fuerte para tirar del voto centrista, también parece que el candidato de la derecha ostentaba posiciones demasiado derechistas para atraerse la adhesión de aquél. En definitiva, lo que resulta de todo ello es que si Sarkozy gana la segunda vuelta, la mayoría de los franceses habrá votado a un presidente que tiene todos los rasgos de un político neocon. Acebes ha saludado jubilosamente esta posibilidad, lo que es lógico, aunque culturalmente Acebes está más cerca de Le Pen que de Sarkozy. La elección de éste no sería un factor positivo ni para la unidad de Europa, ni para el progreso social y político de los ciudadanos europeos. Dentro de una semana, tras la segunda vuelta, habremos salido de dudas. Sea cualquiera el resultado que salga cabe suponer que la diferencia entre los votos de izquierda y los de derecha, resultará mínima. En el peor de los casos la izquierda podría hasta consolarse recordando que en las anteriores elecciones las cosas fueron aún peor, desapareció teniendo que entregar su voto al candidato de la derecha, Chirac, paraque no fuese presidente de Francia Le Pen. Pero la izquierda tendrá que plantearse un día –cuanto antes mejor– por qué en una sociedad en la que el poder real va concentrándose cada vez más en manos de círculos financieros muy fuertes, desconocidos para la ciudadanía, sin transparencia alguna, que controlan los medios de comunicación y a través de éstos y del poder económico condicionan la posición de instituciones supranacionales, de gobiernos y hasta de partidos políticos; por qué en una situación en la que el papel de los ciudadanos en la dirección de la cosa pública –que justificaría una movilización más activa de éstos para contrarrestar situaciones y tendencias antidemocráticas–, los conservadores logran ganar terreno a los progresistas. Y todo esto en una sociedad en la que han surgido problemas como el calentamiento del planeta, las nuevas guerras coloniales, el desarrollo alarmante de la carrera de armamentos, o el terrorismo internacional... problemas que están relacionados estrechamente con las formas que ha tomado el desarrollo capitalista moderno. La izquierda tiene que plantearsela necesidad de elaborar una alternativa concreta a ese desarrollo monstruoso que comienza a poner en peligro la supervivencia de muchas especies vivas, entre ellas la de la misma especie humana. ¿Sería quizá que la izquierda sigue encerrada en una crítica de la sociedad que no abarca las realidades de hoy? ¿Sería que la izquierda no ha sido capaz de crear los nuevos instrumentos políticos y sigue utilizando los que en otras épocas jugaron un papel pero que hoy han quedado obsoletos? A partir de la semana próxima habrá que pensar seriamente en la alternativa. |
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