1 4 6 9
Hemeroteca Lista Temas de portada
Buscador
Nº 738 - 23 de abril de 2007

La manipulación del 11-M se desmorona sobre la cúpula del PP

La gran mentira

El que siembra vientos, recoge tempestades. Sustentar, defender y orquestar buena parte de su política de oposición al Gobierno sobre la manipulación informativa del 11-M a lo largo de tres años de legislatura ha acabado pasando factura al Partido Popular. El juicio oral del mayor atentado terrorista de España está demostrando que no hay más autoría que la islamista y que la teoría de la conspiración no tiene base alguna. Estas evidencias, sumadas al enredo organizado por quien fuera director general de la Policía con Aznar y actual eurodiputado popular, Agustín Díaz de Mera, cuyas declaraciones sobre una conexión con ETA han sido desmentidas por su supuesta fuente de información, han comprometido la credibilidad de la cúpula del PP, cuya reacción está basculando entre la negación de la conspiración  –“a mí me trae sin cuidado”, dice Mariano Rajoy–, la defensa de Díaz de Mera –le “creo a pies juntillas”, asegura Eduardo Zaplana– o el intento de eludir responsabilidades –“¿qué va a decir un ministro del Interior? Pues lo que le dice la policía”, exclama Ángel Acebes–. Mientras, El Mundo y la COPE queman su último –o penúltimo– cartucho para mantener viva su teoría.

Por Virginia Miranda

Un vistazo rápido a las hemerotecas confirma que Mariano Rajoy ha permanecido en un segundo plano mientras otros de sus correligionarios, como su secretario general, Ángel Acebes, el diputado Jaime Ignacio del Burgo o incluso la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, daban pábulo a la teoría de la conspiración construida desde las páginas del diario El Mundo y difundida por la cadena COPE. No de forma categórica; no se trataba tanto de defender una trama donde policías, terroristas islamistas y miembros de ETA provocaron un “golpe de Estado” con el conocimiento del PSOE, como de cubrir con una sombra de duda la fiabilidad de la investigación policial, judicial y política –la comisión de investigación parlamentaria– apelando a “la verdad sobre el 11-M”. La posible relación entre el mayor atentado terrorista de la historia de España y la foto de las Azores era una losa demasiado pesada para el PP y, durante tres años de legislatura, se han aferrado como a un clavo ardiendo a la posibilidad de que hubiera otros motivos espurios tras la masacre.

Hace tan sólo unos días, el presidente del PP declaraba en el Heraldo de Aragón que la teoría de la conspiración “me trae sin cuidado. [...] ¿Y sabe usted cuántas veces he planteado en el Congreso de los Diputados el tema del 11-M? [...]. Lo de la teoría de la conspiración, que se lo pregunten a otros”. Pero que no haya hecho uso partidista del tema en primera persona no cambia el resultado: su partido, el Partido Popular, algunos de sus más próximos colaboradores, han convertido la del 11-M en una batalla casi personal. A pesar de que el líder haya apelado en los últimos tiempos a la necesidad de mirar al futuro, incluso cuando el alto el fuego de ETA primero, y el atentado de Barajas después, le arrebataron el protagonismo político en las agendas de los partidos y los medios de comunicación, las dudas construidas alrededor de la autoría de la masacre han seguido siendo un tema recurrente. ¿Qué ha cambiado ahora? ¿Por qué Rajoy ha sido tan explícito al desmarcarse de un asunto explotado políticamente por el PP durante tanto tiempo?

El juicio oral del 11-M comenzó a mediados del mes de febrero. Desde entonces, testigos y acusados han ido confirmando lo que ya muchos sabían: el atentado de Madrid fue organizado y perpetrado por terroristas islamistas. La sombra de ETA se ha ido desvaneciendo, a pesar de los intentos de algunos abogados por dirigir la atención sobre la banda. Y uno de los argumentos fundamentales del PP contra el Ejecutivo socialista se ha desplomado sobre la cúpula de Génova en medio de una campaña electoral inminente –la de las municipales y autonómicas del 27 de mayo– y a un año de las generales.

El momento álgido ha sido la comparecencia de la cúpula policial al mando de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado durante el 11 de marzo de 2004 y días posteriores. Jesús de la Morena, comisario general de Información en aquel entonces, y Pedro Díaz-Pintado, subdirector general de la Policía de la época, han dicho ante el tribunal que, en un primer momento, informaron del hallazgo de explosivo empleado habitualmente por ETA de la marca Titadyn, pero en la tarde del atentado alertaron a sus superiores en el Ministerio del Interior de que era dinamita –este extremo fue desmentido posteriormente por el ex comisario general de Seguridad Ciudadana de la Policía Santiago Cuadro, que niega haberle comunicado a su superior, Díaz-Pintado, que el explosivo que estalló en los trenes fuera Titadyn–.

El Partido Socialista, a través de una declaración institucional hecha pública por su secretario de Organización, José Blanco, ha exigido responsabilidades a Mariano Rajoy, Ángel Acebes y José María Aznar porque “están en deuda con los españoles y con la verdad”. El PSOE, como ha venido manteniendo durante todo este tiempo y desde que se perpetrara la masacre, acusa al ahora principal partido de la oposición de “mentir” entre el 11 y el 13 de marzo con intereses electoralistas. La respuesta de los populares discurre por semejantes derroteros; dicen que los socialistas utilizaron el atentado “para ganar las elecciones y ahora lo vuelve a hacer para no perderlas. Y con los mismos métodos: la mentira y la manipulación”.

Pero lo cierto es que, a pesar de la rotundidad de esta contestación, el Partido Popular ha comenzado a recular y a lanzar balones fuera. “¿Qué va a decir un ministro del Interior? Pues lo que le dice la Policía”, ha dicho Ángel Acebes en una entrevista en Antena 3. También el secretario de Libertades Públicas y Seguridad del PP, Ignacio Astarloa, asegura que las declaraciones del ministro del Interior durante el 11-M en relación a la información que aportó sobre el tipo de explosivo usado en los atentados son ciertas. Él mismo puede “certificar” que Acebes “no se inventó nada” porque lo que iba diciendo se lo transmitió él mismo. Y los datos le llegaban a él a través de Díaz-Pintado. El número dos del PP y quien fuera secretario de Estado de Seguridad dirigen así la atención sobre los mandos del cuerpo policial, que con sus últimas declaraciones han insuflado un balón de oxígeno a un político atenazado por la responsabilidad del cargo y del duro papel que tuvo que representar durante aquellos días.  

De un repaso pormenorizado a las ruedas de prensa en las que compareció el entonces titular de Interior entre el 11 y el 13 de marzo de 2004 para dar cuenta de las pesquisas policiales se advierte un significativo retraso entre la hora en la que la cúpula del Ministerio fue informada del tipo de explosivo y de las consiguientes líneas de investigación policial, y el momento en que Acebes comunicó a los ciudadanos de que la Policía y la Guardia Civil estaban tras la pista islamista –tras el descubrimiento de la famosa Renault Kangoo con restos de explosivo y una casete con versos coránicos–. No acaba de convencer Acebes señalando a los Cuerpos de Seguridad. Y cuando dice que sí informó de los indicios de terrorismo islamista obvia añadir que ya entonces, cuando aún no había empezado a gestarse el germen de la teoría de la conspiración, dijo que no descartaba una colaboración entre bandas.

De entre todas las comparecencias de mandos policiales, la del entonces director general de Policía y hoy eurodiputado popular, Agustín Díaz de Mera, ha sido la que más ha comprometido al PP. Porque si en un primer momento declaró en el juicio que un comisario le dijo que mandos nombrados por el PSOE habían manipulado un informe del atentado donde ETA aparece implicada en la masacre de los trenes de cercanías de Madrid, su posterior escrito al tribunal revelando la fuente de información –cuyo nombre se negó a citar en su declaración ante el juez Javier Gómez Bermúdez para “protegerla”– le ha puesto en una posición muy comprometida. Enrique García Castaño, al que alude Díaz de Mera –y de quien dice fue destituido, aunque el comisario lo niega y asegura que cambió de destino por razones ajenas a este caso– ha revelado en un escrito dirigido a la Dirección General de la Policía que su superior se había puesto en contacto con él para pedirle que respaldara su versión sobre el “supuesto informe”, extremo que en ningún momento llegó a aceptar porque “jamás le he comentado” que ETA tuviera relación con el 11-M”.

Antes de que García Castaño pusiera en entredicho la credibilidad de Díaz de Mera, el portavoz parlamentario popular, Eduardo Zaplana, había celebrado su decisión de revelar a la Justicia la identidad de la fuente que le informó sobre la conexión de la banda con el atentado de Madrid, ya que “así le creerá el tribunal y todo el mundo”. “Yo creo a pies juntillas a Díaz de Mera, creo en su honestidad, en su rectitud personal, moral; pongan todos los calificativos positivos que quieran, que los suscribo”, aseguró. Zaplana, y con él el Partido Popular, se había relajado tras la primera declaración del eurodiputado. Durante unos días había dado tregua a la formación, donde sus dirigentes estaban procurado pasar desapercibidos para que el juicio oral no se les volviera en contra ahora que habían decidido centrarse en otras prioridades que les hagan ganar votos en mayo. Pero ha sido aparecer el desmentido y los populares han decidido poner pies en Polvorosa. Máxime ahora con la que se avecina. La Fiscalía ha pedido que declaren como testigos todos los policías a los que Díaz de Mera cita en su carta de rectificación para esclarecer el contenido de sus manifestaciones. Se trata de los funcionarios que encargaron o participaron en la elaboración del supuesto informe que descarta la existencia de vínculos entre ETA y el 11-M:Telesforo Rubio, Domingo Pérez, José Cabanillas y Enrique García Castaño. Todos ellos han desmentido a Díaz de Mera –dos de ellos han anunciado incluso que emprenderán acciones legales–, por lo que se prevé un nuevo chaparrón informativo y político sobre la cúpula del PP.

El primero, no podía ser de otra forma, Alberto Ruiz-Gallardón. En una entrevista en TVE, el alcalde de Madrid ha dicho que está convencido de que “si ETA hubiese tenido algo que ver” con el 11-M “eso aparecería reflejado en la sentencia” y previamente en el sumario, realizado con “minuciosidad” y “profesionalidad”. Como “opinión personal”, puntualizó, “evidentemente, si alguna relación hubiese existido, en la fase de instrucción, en la que hizo el juez Del Olmo y la que hizo la fiscal, yo estoy absolutamente convencido de que esos indicios hubiesen aparecido y desde luego no los he visto”. Por supuesto, Gallardón no da puntada sin hilo y, al día siguiente, salió en defensa de Acebes: el ministro dijo “la estricta verdad” sobre la investigación policial de los atentados del 11-M, consideró “lógico” pensar entonces en ETA tras “décadas de amenazas del terrorismo” de la banda y de su capacidad para atentar, y acusó al Gobierno de ser quien introduce “elementos de perturbación” en el juicio que se sigue por la masacre.

Incluso Esperanza Aguirre, quien por su boca o a través de su cadena autonómica Telemadrid ha sido una de las más fervientes defensoras de la “verdad” sobre el 11-M, también ha acudido a TVE para declarar que no tiene “ningún dato” que vincule a ETA con los atentados. La presidenta de la Comunidad de Madrid está convencida de que si esta relación existe, “se esclarecerá en el juicio” que se está celebrando. No obstante, Aguirre ha hecho un guiño de complicidad a la teoría de la conspiración que aún se escribe y se relata desde El Mundo y la COPE añadiendo que “en absoluto rechazo las líneas de investigación periodísticas”. Sus compañeros de filas, en cambio, prefieren mirarlas de soslayo.

Los teóricos, en la brecha

Un juicio y un sumario de 93.226 folios no bastan para que los teóricos de la conspiración abandonen una ardua tarea que les ha llevado tres años de páginas de periódico y horas radiofónicas. Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos siguen en la brecha caiga quien caiga, y mientras los populares que un día abrazaron su tesis se van distanciando de ella, El Mundo y la COPE continúan a lo suyo. El rotativo de Pradillo, 42 ha encontrado una veta por donde continuar una vía que, a día de hoy, nadie sabe a dónde le conducirá. Por un lado, está el hallazgo de una documentación relacionada con ETA en el piso de los terroristas suicidas de Leganés. Los folios provenían del piso contiguo y pertenecían a un agente de Área Especial de Seguimiento. El Mundo, en un editorial, se pregunta de forma retórica: “¿Puede alguien creer que fue una simple coincidencia -otra casualidad más- que viviera al lado de un agente especializado en la lucha antiterrorista?”.

Luego está el explosivo. Tras las declaraciones del jefe del laboratorio de la Policía Científica, Alfonso Vega, asegurando que los restos de nitroglocerina hallados en los restos de polvo de un extintor de la estación de cercanías de El Pozo eran resultado de la contaminación al estar almacenada junto a otros explosivos, el diario de Pedro J. Ramírez se ha empleado a fondo para que una serie de expertos negaran este extremo. Según los testimonios recogidos a doble página, la bolsa de polietileno donde se guardaba la muestra no es porosa, la caja de cartón impide el contacto y deberían darse una serie de condiciones extremas para que la muestra se contaminara con el componente utilizado habitualmente por ETA.

Federico Jiménez Losantos, que pone voz y furia a las informaciones publicadas por su contertulio en La Mañana de la COPE, también ha vapuleado a quienes manifiestan algún tipo de debilidad. Por supuesto a Alberto Ruiz-Gallardón, “uno de los casos más ridículos y estúpidos de traición al propio partido [...]. Y mira que es perito en traiciones, en puñaladas por la espalda, añagazas, mentiras y trolas. ¿Creen que es normal que [...] diga que el sumario es minucioso?”.

Javier Gómez Bermúdez y Agustín Díaz de Mera, por quienes hasta hace no mucho Losantos había declarado su confianza ciega, también han  recibido lo suyo. Del magistrado dice que ha actuado de forma “manifiestamente mejorable [...], tenía que haberles apretado”. Sobre el eurodiputado asegura que “cada día me huele peor la historia que primero contó aquí [en la emisora] y luego en el tribunal” y es uno de “los cinco maléficos” de la cúpula policial.

Zaplana pierde comba

Llueve sobre mojado. Eduardo Zaplana, uno de los dirigentes del PP que más pueden perder en todo este asunto -porque es uno de los políticos que Rajoy ha heredado de Aznar y porque es también uno de los que con más ímpetu han defendido “la gran mentira” del 11-M-, acaba de ver cómo el sector zaplanista que aún resistía en la Comunidad Valenciana al envite de su presidente, Francisco Camps, se ha convertido en una exigua representación que apenas le permite mantener sus tradicionales lazos con la región.

Como ya ocurriera en la Caja de Ahorros del Mediterráneo, las listas electorales para las autonómicas y municipales de mayo han sufrido una intensa depuración de fieles al ex presidente valenciano y ministro de Trabajo con el PP.  El Comité Electoral del partido valenciano anunció la pasada semana el nombre de sus candidatos. En la Generalitat, y para evitar conflictos, se han mantenido a tres de sus más próximos: los consellers Alicia de Miguel, que se presentará por Valencia, y Gema Amor y Miguel Peralta, por Alicante. La baja más significativa es la del presidente de las Cortes Valencianas, Julio de España, que ha dicho sentirse “triste y decepcionado”, aunque  asegura estar orgulloso de no estar en la lista “si es por mi amistad con Zaplana”.

Mientras, el Comité Electoral de Génova, presidido por Javier Arenas, ha roto el monopolio que los zaplanistas aún mantenían en el municipio para equilibrar su composición y dar entrada a los campistas, en detrimento del presidente provincial del partido y fiel al portavoz parlamentario del PP, José Joaquín Ripoll.

Eduardo Zaplana ha manifestado públicamente su contrariedad ante los cambios introducidos, que menoscaban el poco poder que aún le quedaba en la Comunidad. Ha lamentado que varios de sus afines hayan sido excluidos de las listas del PP para las autonómicas y la candidatura municipal de Alicante y dice confiar en que “no se hayan equivocado” los que han tomado esa decisión, que enmarca en los “nuevos tiempos”. Nuevos tiempos para una autonomía en los que, según parece, ni Camps y ni siquiera Rajoy cuentan con él.

Mentira sobre mentira y sobre metira una, como en el villancico , por Enric Sopena


Hemeroteca
Lista Temas de portada
Buscador